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El chondoísmo: una religión en el sistema político de Corea del Norte

Religión y comunismo son dos conceptos que a priori son totalmente contradictorios, sin embargo, el Cheondogyo en Corea del Norte es la excepción a la norma. Pese a ello, la coexistencia entre dos elementos teóricamente excluyentes no ha sido sencillo de gestionar para el régimen de Pyongyang, lo que ha ido configurando la importancia del mismo a lo largo del tiempo hasta nuestros días.

Corea del Norte es conocido por ser el Estado más hermético del mundo. Un país donde hay una carencia total de libertades y un control prácticamente absoluto por parte del gobierno sobre la vida diaria de los ciudadanos. La política está totalmente controlada por el partido único, el Frente Democrático para la Reunificación de la Patria (FDRP), el cual sustenta en el poder a la familia Kim.

Sin embargo, este partido es la confluencia de tres fuerzas políticas que se unieron durante y tras la guerra de Corea (1950-1953). Estos son el Partido del Trabajo de Corea, el Partido Socialdemócrata de Corea y el Partido Chondoísta Chong-u. Este último constituye un caso especial y desconocido dentro del espacio político norcoreano, ya que nos encontramos ante una fuerza con fundamentación religiosa y que constituye y forma parte de un régimen comunista como es el de Pyongyang bajo la filosofía Juche.

El Partido Chondoísta Chong-u tiene su origen en el 3 de noviembre de 1945. Fundado por Kim Tarhyon, no tardó en formar parte del FDRP al cual se incorporó al año siguiente. Religión y comunismo parecen excluyentes y en la casi totalidad de los procesos que han instaurado regímenes comunistas así ha sido, por lo que cabe preguntarse por qué en el caso de Corea del Norte no es así.

Bandera del Partido Chong-u. Fuente: Wikimedia Commons

La respuesta a esta pregunta se basa en las características intrínsecas de la religión Cheondogyo. Esta creencia propone al ser humano como un ente celestial el cual se debe de liberar del dolor. Para ello, la especie humana debe de buscar la creación de una sociedad utópica, donde no exista la opresión y el individuo obre en paz con la sociedad y viceversa. Como se puede observar, esta fe es claramente antiimperialista, antropocentrista y colectivista, lo que en definitiva ayuda mucho a que pueda coexistir con al comunismo e incluso alimentarse el uno del otro.

Además, históricamente el Cheondogyo ha tenido siempre un fondo revolucionario en la cultura coreana, ya que el momento fundacional de esta creencia se sitúa en el año 1860, cuando las revoluciones campesinas estaban en su pleno apogeo bajo la dinastía Ri. Los líderes chondoístas previos a la creación del partido ya se identificaban en los años 20 y 30 con las tesis y movimientos comunistas expandidos desde la URSS. Existía, por lo tanto, una conciencia de alineamiento ideológico con suficiente fondo temporal para el momento del estallido de la Guerra de Corea (1950-1953).

El armisticio de Panmujom que estableció el alto al fuego y la zona desmilitarizada del paralelo 38 que dura hasta nuestros días, dividió, como ya es sabido, a la península de Corea en dos, lo que certificó el ascenso al poder en el norte de la dinastía Kim y del FDRP, y con ellos el Partido Chong-u. Así, este pasaba a formar parte del poder político del nuevo régimen y era un gran apoyo para el mismo, sobre todo en las zonas rurales, donde más personas ha registrado esta creencia a lo largo del tiempo.

No obstante, desde casi el primer día, los otros dos partidos de la coalición empezaron a ver a los chondoístas como potenciales contrarrevolucionarios. Estas sospechas no solo se basaron en la contradicción entre religión y comunismo que atentaba contra la propia base teórica del mismo, sino que tenían su fundamento en la existencia de contactos entre los fieles del sur y del norte y una posible conspiración que se podía forjar desde las sombras.

Debido a ello y a los procesos de persecución política, las siguientes décadas estuvieron caracterizadas por una estrategia de asimilación de la organización política y sus ideas por parte del partido socialdemócrata. La intención era reducir la relevancia en el FDRP del partido chondoísta, pero sin erradicar los elementos de su filosofía que contribuyen a la cohesión social y la existencia del régimen. De esta manera, se trataba de reducir los riesgos en el que es probablemente el país más paranoico del mundo, tanto de puertas para dentro como de puertas para fuera.

Esta pérdida de importancia no ha erradicado ni mucho menos del régimen Juche la existencia de la religión. Al menos el 12% de la población sigue siendo practicante. Se puede hablar de una desinstitucionalización del movimiento chondoísta, pero no de una persecución o caza.

En contraposición, en Corea del Sur, el chondoísmo recientemente ha cobrado mayor importancia debido a que, por parte de los partidos conservadores surcoreanos, este ha sido rescatado de entre la historia como forma de reformular y seguir construyendo el proceso nacionalista. La población surcoreana que sigue esta fe es claramente minoritaria, pero la repercusión cultural del Cheondogyo no tanto.

El conflicto coreano es uno de los más complejos que podemos observar en toda la sociedad internacional. Tal es así que, como hemos podido ver, hasta la religión juega un papel en el mismo y a diferentes niveles en los distintos momentos de este. Tener en cuenta las causas profundas de los sucesos históricos es vital para poder interpretar los matices diferenciadores que de por sí representan las peculiaridades de los mismos. Y es que si algo nos demuestra el caso de la fe Cheondogyo es que en las relaciones internacionales no hay que dar nada por lógico ni por asumido.

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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