Categorías
Artículos China Diplomacia Estados Unidos

El boicot diplomático de EU. UU. a Beijing 2022: un capítulo más en la competición sino-estadounidense

Este es sólo el último episodio de una larga serie de desencuentros entre las dos grandes potencias mundiales y podría abrir la veda a unas tensiones diplomáticas en el mundo del deporte que traen reminiscencias a la Guerra Fría.

El pasado lunes día 6, Jen Psaki, el secretario de prensa de la Casa Blanca, anunció que Estados Unidos no enviará una delegación diplomática a los Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing de 2022, lo que supone un boicot exclusivamente diplomático,  pues los atletas estadounidenses podrán acudir a la cita olímpica.

La principal razón que se esgrime es que es una respuesta a la violación de los derechos humanos por parte de Beijing en la región de Xinjiang —aunque no parece ser el motivo principal, pues EE. UU. no ha boicoteado el Mundial de fútbol en Qatar, por ejemplo—. Ya a principios de año, en el último día de la Administración de Donald Trump, Mike Pompeo (entonces Secretario de Estado) declaró que China estaba cometiendo un genocidio contra los uigures y otras poblaciones musulmanas.

La entrante Administración de Biden indicó una coincidencia general en la afirmación de Pompeo y, por tanto, ha sido algo que se ha mantenido a lo largo del breve periodo de tiempo que Biden lleva en la Casa Blanca.

El último capítulo de un largo desencuentro

El boicot diplomático estadounidense es el último episodio de la creciente competición sino-estadounidense durante el último lustro. Esta se aceleró principalmente durante la Administración Trump y su particular guerra comercial contra China bajo la bandera del America First, aunque ya hubo indicios durante la época de Obama —no hay que olvidar su Pivote a Asia (Pivot to Asia)—.

La Administración Biden ha mantenido a grandes rasgos la política hacia China de Trump. Esto quedó especialmente patente en la tensa primera reunión llevada a cabo por ambos países —representados por sus principales diplomáticos— en Alaska a principios de año.

La razón de fondo de este ímpetu de las 3 últimas administraciones en confrontar al gigante asiático tiene que ver con el fulgurante ascenso a la escena internacional de China, que ha preocupado especialmente en Washington.

En los últimos años, Washington ha liderado varias iniciativas para contrarrestar la creciente influencia china en el mundo. En el ámbito de la seguridad, el último ejemplo ha sido la creación del AUKUS, un bloque conformado por EE. UU., Australia y el Reino Unido. También se ha revitalizado el QUAD —Diálogo Cuadrilateral de Seguridad—, entre EE. UU., Japón, Australia e India.

En el ámbito económico, EE. UU. ha buscado contrarrestar la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) china a través del lanzamiento de varias iniciativas propias como la Blue Dot Network —junto con Japón y Australia—, o la Build Back Better Word,anunciada en la cumbre del G7 en Cornualles (Reino Unido) de 2021.

En el ámbito de los Derechos Humanos, Washington ha sido especialmente crítico con Beijing. En los últimos años, las miradas estadounidenses han estado centradas en la cuestión de Hong Kong —la progresiva erosión de su democracia y libertades, sobre todo a partir de la promulgación de la Ley de Seguridad Nacional de 2020— y la propia región de Xinjiang, que ha sido la causa última del boicot diplomático.

El origen de esta última cuestión yace principalmente en la represión de Beijing sobre los uigures —una minoría étnica musulmana del país que habita principalmente en Xinjiang— a través del incremento de las restricciones sobre su lengua, cultura y religión.

Además, se acusa a Beijing de detener arbitrariamente a uigures e internarlos en unos centros en contra de su voluntad para asimilarlos y adoctrinarlos, aunque Beijing sostiene que son centros de formación profesional.

También está el caso reciente de la desaparición de la tenista china Peng Shuai tras publicar en Weibo —la principal red social china— un mensaje en el que acusaba a Zhang Gaoli, un miembro retirado del PCCh que sirvió como vicepremier durante el periodo 2012-2017, de abusar sexualmente de ella —aunque si bien es cierto, el mensaje es un tanto ambiguo—.

¿Dónde está Peng Shuai? La desaparición de la tenista china generó una gran preocupación internacional. Ilustración: Manuel Eguren

La Casa Blanca expresó su preocupación y pidió que se iniciara una investigación sobre la desaparición. Tras unos días en paradero desconocido, la tenista reapareció a través de un e-mail publicado en la CGTN (la televisión estatal china), en un torneo de tenis local y en una conversación con el presidente del COI, Tomas Bach.

No obstante, para Washington estas pruebas no son suficientes, pues la mayoría han sido proporcionadas por medios de comunicación de carácter estatal. Por ello, Biden ha pedido que China aporte «pruebas independientes y verificables» de la situación de la tenista. Por el momento, la WTA (Asociación Femenina de Tenis) ya ha cancelado todos sus torneos en China.

Por otra parte, siempre permanece latente la cuestión de Taiwán. En los últimos años, ante el aumento de las tensiones en el Estrecho de Taiwán, el apoyo de EE. UU. ha ido in crescendo sobre la isla que la República Popular de China considera una “provincia rebelde”. Recientemente, Biden defendió la independencia de Taiwán, para retractarse posteriormente.

¿Una reminiscencia a la Guerra Fría?

Esto supondría el segundo boicot estadounidense a unos Juegos Olímpicos. El primero fue a los Juegos Olímpicos de Verano celebrados en Moscú en 1980 en plena Guerra Fría entre EE. UU. y la Unión Soviética tras la invasión de Afganistán por parte de esta última, aunque en esa ocasión el boicot fue total, es decir, no acudieron ni diplomáticos ni deportistas.

Además, este boicot diplomático estadounidense es el primero a unos Juegos Olímpicos desde hace más de tres décadas: el último fue en los Juegos de Seúl de 1988 —protagonizado por países como Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Albania o Etiopía—. Por tanto, podría sentar un peligroso precedente para futuros eventos deportivos mundiales: en 2026, el Mundial de fútbol se celebrará en Estados Unidos —en conjunto con Canadá y México— y, en 2028, se celebrarán los Juegos Olímpicos de Verano en Los Ángeles. 

También podría abrir la puerta a que otros países decidan aventurarse a un boicot diplomático a Beijing 2022. El Parlamento Europeo, por ejemplo, ya se pronunció en julio de 2021 a favor, aunque en ese caso fue por la represión en Hong Kong.

En definitiva, el boicot diplomático estadounidense podría establecer un periodo de “toma y daca” y el inicio de unas mayores tensiones entre Beijing y Washington. China ya anunció esta misma mañana que iba a tomar contramedidas si EE. UU. decidía llevar a cabo el boicot. Veremos cuál es la respuesta.

Compártelo:

Por Bienvenido Chen Weng

Interesado en la política en Asia Oriental y el Sudeste Asiático. Asimismo, sigo con especial interés la evolución de la creciente competición sino-estadounidense y la política de la Unión Europea hacia China.

Deja un comentario

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments