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La diáspora china, ¿un caballo de Troya en el Sudeste Asiático?

Los ciudadanos con origen étnico chino en el Sudeste Asiático constituyen más de 30 millones. Con el ascenso de China, podrían jugar un papel en la creciente influencia de Beijing en la región.

El poder blando (soft power) se ha convertido en un importante componente de la política exterior china y en una parte clave de su estrategia en la región del Sudeste Asiático. Mucho se ha hablado de la expansión de los Institutos Confucio —y también se ha criticado— y, en la región, al igual que el resto del mundo, han tenido una rápida expansión, constituyendo el número actual en 40.

Otra política que ha llevado a cabo el gobierno chino ha sido la dedicación de amplios recursos económicos en formas de becas para atraer a los estudiantes universitarios de la región para estudiar en universidades chinas.  Según un informe del ICEF Monitor, los estudiantes del Sudeste Asiático en China ascendían en número a aproximadamente 70.000 en el año 2016.

Sin embargo, un elemento que ha sido fundamental y que suele olvidarse en los análisis del poder blando chino es la “diáspora china” —tanto inmigrantes como personas de origen étnico chino—, que ha jugado un papel fundamental en la expansión cultural china por la región.

En este sentido, la reformulación de la política exterior del país bajo el mandato de Xi Jinping ha sido clave, pues se ha pasado de “mantener un perfil bajo” —la política de Deng Xiaoping— a una política mucho más activa hacia la consecución de sus objetivos. Lo mismo ha ocurrido con la diáspora.

La población “china” en el Sudeste Asiático: una presencia de larga data

Ya desde el siglo XIII, los chinos comenzaron a establecerse en la región por la creciente presencia comercial, aunque los principales movimientos migratorios se dieron a mediados del siglo XIX, cuando miles de jóvenes procedentes de las regiones costeras de las provincias de Fujian y Guandong emigraron debido al hambre acuciante, la superpoblación y la convulsa situación política del país.

Hoy en día, casi 30 millones de chinos étnicos viven en el Sudeste Asiático, lo que representa alrededor del 6% de la población de la región y más del 70% de la población china en el extranjero a nivel mundial.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Overseas Chinese Affairs Councial (2011), Anuario económico de la diáspora china 2011 [2011 華僑經濟年鑑]. Disponible en: https://www.ocac.gov.tw/dep3new/yearbook/100/100OCA_2/PDFS/OCA100_ch2_1.pdf
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Overseas Chinese Affairs Councial (2011), Anuario económico de la diáspora china 2011 [2011 華僑經濟年鑑]. Disponible en: https://www.ocac.gov.tw/dep3new/yearbook/100/100OCA_2/PDFS/OCA100_ch2_1.pdf

La integración y la asimilación, sin embargo, ha sido variada en los diferentes países de la región. Tailandia y Singapur han constituido los dos casos más exitosos de asimilación. En Singapur, la etnia china constituye aproximadamente tres cuartas partes de su población, siendo el único país en el mundo —además de las dos Chinas— en tener una población mayoritariamente de esta etnia.

La integración y la asimilación, sin embargo, ha sido variada en los diferentes países de la región. Tailandia y Singapur han constituido los dos casos más exitosos de asimilación. En Singapur, la etnia china constituye aproximadamente tres cuartas partes de su población, siendo el único país en el mundo —además de las dos Chinas— en tener una población mayoritariamente de esta etnia.

En Tailandia, algo más del 10% de la población tienen origen étnico chino, aunque la casi completa asimilación de la cultura tailandesa ha dificultado la posibilidad de saber su número exacto. Un ejemplo curioso es que el actual rey, de la dinastía Chakri, y todos los primeros ministros de los últimos cincuenta años han sido de origen étnico chino.   

El barrio chino en Bangkok. Foto: Jacob Siverskog/Wikimedia

En otros casos, como Indonesia o Malasia, la asimilación no ha sido tan exitosa y han existido importantes hostilidades por parte de la población nativa. En el caso indonesio, durante la época de Suharto, las purgas comunistas tuvieron como uno de sus objetivos la minoría étnica china del país, lo que llevó finalmente a una suspensión de las relaciones diplomáticas con la República Popular de China y la prohibición de todo lo “chino” como la lengua, los caracteres chinos en espacios públicos o el año nuevo chino.

El poder económico de la diáspora china en el Sudeste Asiático

Aunque los migrantes chinos que llegaron al Sudeste Asiático eran en su mayoría pobres, muchos de ellos consiguieron hacer fortunas en sus países de acogida. En Indonesia, por ejemplo, a pesar de que la comunidad étnicamente china sólo constituye el 3% de la población, al menos el 50% de las personas más ricas del país tienen este origen étnico.

Tras la normalización de las relaciones entre China y la mayoría de los países de la región en los años 80 y la reforma y apertura económica china, la diáspora jugó un papel fundamental en el establecimiento de los lazos económicos mutuos, creando lo que se conoce como la “red de bambú”, un sistema de flujos económicos de doble dirección Sudeste Asiático-China.

Al principio, la diáspora fue una importante fuente de inversión para China. Por ejemplo, Sebastian Strangio, en su libro In the Dragon’s Shadow: Southeast Asia in the Chinese Century, señala el ejemplo del Grupo Charoen Pokphand, un conglomerado agrícola dirigido por un empresario de origen étnico chino que invirtió en prácticamente todas las provincias de China.

Tras el despegue económico chino, los flujos también han recorrido el camino contrario. En las crecientes inversiones de Beijing en la región, la diáspora ha jugado un importante papel en la mediación entre las empresas chinas y las empresas locales, facilitando su entrada en estos mercados gracias a la intermediación de empresas locales dirigidas por la propia diáspora.

No obstante, los crecientes flujos económicos entre la región y China —y, por tanto, el creciente poder económico de los chinos étnicos en estos países—, no han beneficiado por igual a todo el mundo, lo que ha acabado por degenerar en un descontento y un creciente sentimiento anti-chino en varios puntos de la región.

El principal ejemplo que podemos encontrar en este sentido es el de las protestas violentas en 1997 contra la comunidad china en Yakarta, a los que los nativos (o primubi) culpaban de la crisis financiera asiática que asolaba el país.

Xi Jinping: una reformulación de la estrategia china

Tras un periodo oscuro en el cual el Partido Comunista de China (PCCh) fomentó la adhesión de numerosos miembros de la comunidad china y financió masivamente partidos y movimientos comunistas en la región, desde los años 80, bajo Deng, el China trató de ser extremadamente cuidadosa con la cuestión de la diáspora. Entre otras cosas, se buscaba generar confianza, evitar sospechas por parte de los gobiernos locales, mejorar las relaciones bilaterales e incluso fomentó la completa integración de estas comunidades en sus países.

Para ello, se promulgó una Ley de Nacionalidad por la cual suspendió la doble nacionalidad. Desde entonces, China distingue entre huaren 华人 (chinos nacionales) y huaqiao 华侨 (chinos que nacieron en China, pero que residen en el extranjero); aunque también se puede incluir el término huayi 华裔, que se usa para designar a los chinos étnicamente, independientemente de su nacionalidad.

No obstante, desde la llegada de Xi Jinping, se están difuminando los límites entre estos tres conceptos, es decir, China está adoptando un perfil más proactivo para convertir la afinidad cultural y los lazos comerciales en una simpatía por los objetivos chinos y en un apoyo clave para el éxito de iniciativas estatales como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).

En el año 2017, en el XVIII Congreso Nacional del PCCh, Xi señaló que para la consecución del “gran rejuvenecimiento de la nación china” es necesario el esfuerzo conjunto de todos los chinos, incluyendo aquellos que se encuentran en el extranjero, creando el concepto de la “gran familia china”. Además, indicó la necesidad de establecer vínculos entre la diáspora y sus familias en China. Para ello, se ha creado el huayi ka 华裔卡, una tarjeta de residencia especial para todas aquellas personas con origen étnico chino.  

¿Un caballo de Troya en el Sudeste Asiático?

Toda esta nueva situación ha creado una creciente sospecha en la región del Sudeste Asiático sobre la posible “doble lealtad” de sus ciudadanos de origen étnico chino. En Singapur, por ejemplo, un ciudadano singapurense, Dickson Yeo, fue acusado de espiar para China en EE. UU.

Con un creciente nacionalismo instalándose en el seno de la China continental, esto podría trasladarse al exterior, es decir, hacia los huaqiao, e incluso hacia los huayi. Aquí tiene una gran importancia la expansión de las grandes plataformas de entretenimientos chinos  en la región, como iQiyi 爱奇艺, Tencent 腾讯 o Youku 优酷, que son ampliamente consumidos por muchos miembros de la diáspora.

Youku. Foto: Jon Russell/Flickr

Dada la problemática relación que tienen algunos países de la región con China, la creciente asertividad de Beijing en la diplomacia internacional y las disputas en el Mar de la China Meridional, los “nativos” se están preocupando cada vez más por la potencial influencia china en la lealtad política de la diáspora.

Esto es especialmente relevante teniendo en cuenta el gran poder económico de la minoría china en el Sudeste Asiático, lo podría tener un gran impacto en las políticas exteriores de varios de los países de la región. Entre otras cosas, podría derivar en un mayor acercamiento de algunos países de la región hacia el gigante asiático.

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Por Bienvenido Chen Weng

Interesado en la política en Asia Oriental y el Sudeste Asiático. Asimismo, sigo con especial interés la evolución de la creciente competición sino-estadounidense y la política de la Unión Europea hacia China.

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