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El poder cultural de Japón: mirando hacia el futuro para escapar del pasado

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, con su renuncia al poder militar, el país nipón construyó su política exterior en base a la diplomacia. Primero a través de la cooperación internacional y, posteriormente, de la diplomacia cultural, precipitado en gran parte por la expansión internacional de los mangas y los animes.

La historia moderna del país del sol naciente ha sido cuanto menos convulsa. La militarización de la sociedad y el exacerbado nacionalismo de la primera mitad del siglo XX llevó al país a una guerra (la Segunda Guerra Mundial) cuya finalización reordenó aspectos mucho más allá del ámbito geopolítico. La sociedad nipona tuvo que readaptarse en todos los sentidos y diferenciarse radicalmente de un pasado que no se podía rememorar.

La palabra reconstrucción se volvió el mantra de la posguerra y gracias a la inversión estadounidense y el esfuerzo japonés se produjo un milagro económico que permitió empezar a mirar hacia delante con esperanza hacia el futuro. Sin embargo, por mucho avance económico que se produjera, Japón seguía siendo víctima de su propia herencia histórica, lo que a la hora de llevar a cabo su política exterior les perjudicaba, ya que la imagen que se mantenía en la retina era la de un país belicoso.

Cambiar esa percepción era necesario para poder asumir un rol diferente en el espectro de las relaciones internacionales, pero se debía hacer a través de medios que no fueran coercitivos. Teniendo en cuenta estas limitaciones, desde Tokio solo quedaba la opción de mantener una política exterior de perfil bajo que no levantara revuelo, pero les permitiera dejar huella allí por donde se actuará.

La cooperación internacional se volvió uno de los pilares indispensables para el país nipón. La agencia nacional para la cooperación conocida actualmente como la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA por sus siglas en inglés) es una potente institución tanto a nivel nacional como internacional. Sus actuaciones se centran sobre todo en la denominada como cooperación técnica, la cual se basa en ofrecer apoyo logístico y de infraestructuras en lugar de transferencias monetarias directas o contraprestaciones.

Sede de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (JICA) Fuente: Wikimedia Commons

El otro pilar constituyente fue el desarrollo del poder cultural. Japón es un país cultural y socialmente diferente. Su situación de insularidad ayudó a ello, ya que permitió que, durante mucho tiempo, las influencias y las invasiones exteriores se encontraran muy limitadas. Solo a partir de la revolución Meiji podemos empezar a hablar de un cierto grado de aperturismo, pero tras 140 años, los japoneses siguen manteniendo costumbres y jerarquías sociales propias del pasado.

La mezcla entre el extremado desarrollo tecnológico y su convivencia con la tradición, han hecho que, desde el exterior, Japón se erija como un Estado que provoca misterio, admiración y fascinación, lo que atrae sin duda las miradas. Así pues, conscientes de su potencial, desde los años 70 se produjo una potenciación de la exportación del material cultural japonés al resto del mundo. El objetivo pasaba con que no solo se reconociera a Japón por su floreciente industria electrónica, sino también por las características que les diferenciaban como sociedad.

Los mangas y animes fueron grandes herramientas de internacionalización del poder cultural japonés. Fácilmente exportables y adaptables al resto de los idiomas, fueron poco a poco adentrándose en un mundo que se estaba globalizando. La expansión mundial se produjo principalmente a partir de los años 80, sobre todo tras la publicación de títulos como Dragon Ball o Akira. En la actualidad, animes y mangas como Pokemon, One Piece o Ataque a los Titanes son muy populares en todo el mundo, lo que ha contribuido a la expansión del conocimiento de la cultura japonesa.

Tienda de Manga en Japón. Fuente: Wikimedia Commons

En la década de los 80 se produjo el gran “boom” nipón gracias a la industria del videojuego. Los japoneses, que ya contaban, como hemos visto anteriormente, con una industria electrónica potente, no tardaron en hacerse con gran parte del mercado del desarrollo y venta de videojuegos a nivel internacional. Compañías como Nintendo, Sega o Sony se convirtieron en marcas muy reconocibles a nivel mundial. El desarrollo de títulos como Street Fighter o Dead or Alive, entre muchos otros, permitieron que poco a poco la influencia nipona fuera expandiéndose, dando un viraje de 180 grados a su imagen exterior. Japón ya no era solo recordada por las atrocidades cometidas en el pasado.

Este fortalecimiento del poder blando japonés se vio acentuado a principios de los años 2000 con la digitalización de la sociedad gracias a la universalización del uso y el acceso a internet. Japón se convirtió en una potencia mundial como era de esperar debido a su evolución económica e industrial. Esta nueva situación dio la posibilidad de mostrar al país como más accesible al mundo. La revolución en las comunicaciones, el sector del transporte y en el consumo privado permitió aumentar sustancialmente el turismo que el país del sol naciente recibía cada año.

Finalmente, otro elemento fundamental de la diplomacia japonesa es la gastronomía. La rápida expansión de los restaurantes japoneses por todo el mundo y la paulatina familiarización de platos típicos japoneses como el sushi o el ramen han hecho que la gastronomía japonesa sea una de las más influyentes a nivel mundial. Consciente de ello, Japón ha apoyado la promoción de su cocina en todo el mundo de diferentes maneras, haciendo del washoku (la cocina tradicional japonesa) uno de los principales pilares de su poder blando y su diplomacia cultural, en lo que es conocido como la «gastrodiplomacia«.

El sushi se ha convertido en uno de los platos japoneses más reconocibles a nivel mundial.

En definitiva, el poder cultural cada vez cobra más importancia en las relaciones exteriores de los Estados de toda la sociedad internacional y Japón ha sabido utilizarlo como pocos, haciendo crecer la expansión de este continuamente. No se ha conseguido escapar del todo del pasado, pero sí se ha conseguido generar otro tipo de futuro.

No obstante, esto no ha estado exento de problemas, pues la excesiva dependencia japonesa en el ámbito de la defensa de Estados Unidos, a pesar de su poderosa diplomacia, hace que prácticamente sea un Estado clientelar de Washington. Así, a raíz de la creciente actividad china en el ámbito regional, algunas voces dentro del país demandan un aumento del gasto militar, lo que choca frontalmente con el artículo 9 de la Constitución japonesa. 

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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Anonymous
Anonymous
8 months ago

Atari es estadounidense, podrías haber citado a Super Mario antes que a Dead or Alive y hacer referencia a otras «exportaciones» culturales como el kárate.