El impacto de los ‘Tsagaan Khas’, los nazis de Mongolia

Literalmente «esvástica blanca», esta organización neonazi rechaza frontalmente el matrimonio interracial y tiene un fuerte carácter antichino. Su fuerza es aún minoritaria, pero un auge podría tener grandes consecuencias para el país.

En 1990, como resultado de las manifestaciones populares que tuvieron lugar en Ulán Bator, consideradas como una extensión de las reformas económicas y políticas que se estaban implantando en Moscú bajo el marco de la perestroika y la glasnost, se produjo la caída del gobierno comunista mongol, en el poder desde 1921 y fuertemente influido por la URSS. El fin del marxismo-leninismo llevó a la implantación de un cambio radical en el sistema político y económico.

El primer presidente del país que surgió de las elecciones de 1990 fue Dashiin Byambasüren quien pertenecía al partido heredero de los marxistas mongoles. A pesar de ello, su mandato se caracterizó por unos efectos económicos terribles sobre la población, derivados de la rápida transición entre el sistema de planificación centralizada hacia un sistema de libre mercado, con el cierre de empresas, el aumento exponencial de la inflación o el racionamiento de productos alimentarios básicos. Al mismo tiempo, el comercio exterior quebró, la ayuda económica y técnica de los antiguos países socialistas se acabó y la economía nacional pasó a luchar contra la ola de privatizaciones que asoló el país durante los primeros años del fin del comunismo.

El nuevo contexto obligó a Mongolia a reformular su política exterior, que se intentó orientar hacia el impulso de las relaciones con los países del bloque occidental o capitalista, tales como Japón o los EE. UU., ante la imposibilidad de contar con sus antiguos socios del bloque soviético. Sin embargo, la ayuda de Tokio y Washington no mejoró significativamente las condiciones de vida de los mongoles, quienes progresivamente tuvieron que abandonar los campos, al tiempo que la industria en Ulán Bator estaba en crisis, haciendo que esta careciese (y sigue careciendo) de la capacidad suficiente para absorber los flujos de migración interna de los campos hacia la capital.

En este contexto, Mongolia, además, ha experimentado una gran dependencia de sus dos grandes vecinos, China y Rusia. Una prueba de ello es que la mayoría de las grandes empresas mongolas están financiadas por capital ruso y chino, lo que hace que estas operen en base a los intereses de estos dos países frente a los nacionales.

A pesar de que Ulán Bator ha desplegado políticas que intentan disminuir estas influencias, no han dado resultado y, actualmente, el país depende más que nunca de las exportaciones de materias primas, principalmente las que extraen de la ganadería, adquiridas por China, y la importación de materias primas rusas. Esta tesitura ha creado una nueva sensación de neocolonialismo chino y, en menor medida, ruso sobre el pueblo mongol que no quiere volver a estar bajo el yugo de ninguna de ambas potencias, ya que tiene muy presente la dominación china desde el siglo XIV hasta 1912, y la subsiguiente dominación soviética que se extendió hasta 1990.

De esta forma, Mongolia podría ser definida como un estado prisionero de su geografía, ubicada entre dos grandes potencias que no le otorga un gran margen de maniobra para tejer alianzas de seguridad, defensa o, incluso, económicas que puedan ser interpretadas por Moscú o Pekín como una amenaza para sus intereses.

Como consecuencia de esta situación ha surgido un grupo llamado Tsagaan Khas (Esvástica Blanca), cuyos miembros se caracterizan por un fuerte sentimiento antichino así como el apoyo al panmongolismo, es decir, la unión entre la Mongolia Exterior o actual República de Mongolia y la provincia china de Mongolia Interior. Ariunbold Altankhuum, quien fue el fundador del Tsagaan Khas, describió los ideales de la organización de la siguiente manera:

“Adolf Hitler era alguien que respetamos. Él nos enseñó cómo preservar la identidad nacional […] No estamos de acuerdo con su extremismo y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Estamos en contra de todos estos asesinatos, pero apoyamos su ideología. Damos más bien apoyo al nacionalismo que al fascismo”.

Ariunbold Altankhuum, fundador de Tsagaan Khas

Del mismo modo, critican fuertemente el matrimonio interracial y manifiestan una oposición a la inmigración externa, a la que ven como un modo de colonización china, como resultado de las políticas de Pekín en favor de la etnia Han y el “colonialismo” que aplica Pekín en la región de Mongolia Interior, con claros ataques a la identidad mongola, a su lengua o a sus costumbres  que incluso han desatado manifestaciones en favor del estudio de la lengua mongola en las escuelas.

Los mongoles temen hoy por su supervivencia como pueblo y sienten la necesidad de preservar su “raza”, a la que ven con nostalgia como la etnia que construyó el mayor imperio del planeta y que se encuentra en peligro de extinción, teniendo en cuenta que actualmente en Mongolia sólo viven 3 millones de mongoles. En este sentido, la exaltación de glorias pasadas, una característica típica del fascismo, como hizo, por ejemplo, Mussolini reivindicando la recreación del Imperio Romano, se encuentra muy presente en los Tsagaan Khas con respecto a figuras como Genghis Khan o el Imperio Mongol. Además, pese a representar una organización de extrema derecha, éstos reconocen a dirigentes de la Mongolia Comunista, tales como Horloogiyn Choybalsan o Yumjaagiyn Tsedenbal, por la protección de la soberanía mongola y la preservación de su identidad frente a los intentos de anexión por parte de China.

Los ultranacionalistas han surgido como consecuencia de la pobreza y se definen a sí mismos como «patriotas que defienden a los ciudadanos comunes ante la delincuencia extranjera, la desigualdad desenfrenada, la indiferencia política y la corrupción», así como la falta de respuesta del gobierno a los problemas económicos y sociales estructurales a los que la sociedad mongola se enfrenta desde el colapso del comunismo.

Aunque se trata de una organización que cuenta con poco más de 3.000 miembros, y que buena parte de la sociedad mongola percibe como extremista, la visión de China como potencia malvada, imperialista y con voluntad de tomar y anexionarse Mongolia tiene un gran consenso en el país.

De la misma manera, Rusia tampoco es vista positivamente por los Tsagaan Khas. La influencia de Moscú en el periodo comunista causó la desaparición del sistema de escritura del mongol tradicional por el cirílico en el país. Del mismo modo, la imposición del sistema marxista-leninista y la industrialización contribuyó a la eliminación de elementos identitarios de la sociedad mongola tradicional, tales como los gerbs y las yurtas, siendo estas últimas sustituidas por los bloques de apartamentos similares a aquellos que se construyeron en la URSS. Así, a pesar de no odiar a los rusos, estos son vistos igualmente como una amenaza a la identidad de los mongoles, aunque necesarios para equilibrar y contener la influencia china sobre el país, considerada la gran amenaza hacia su supervivencia. Del mismo modo, aunque no es un odio tan acentuado como contra los chinos, Tsagaan Khas también ha manifestado ese sentimiento de odio o desprecio hacia coreanos y vietnamitas que se desplazan a Mongolia para hacer negocios.

La situación plantea un gran problema para el gobierno de Ulán Bator, puesto que no puede renunciar a la inversión de Pekín, que considera a Mongolia como un estado extremadamente importante dentro de la construcción de la Ruta de la Seda, así como para la extracción de cobre y carbón. Ulán Bator, igualmente, no tiene capacidad económica para desplegar un paquete de políticas públicas ambiciosas que pueda aumentar la riqueza del país y aminorar sus problemas económicos.

Por otra parte, las relaciones que Ulán Bator ha ido estableciendo con Japón y los EE.UU. no han sido capaces de equilibrar y generar  una alternativa a la influencia de China y de Rusia sobre el país. Así, ante la imposibilidad de Ulán Bator de poder desarrollar y eliminar su dependencia de la explotación de sus recursos mineros por parte de conglomerados empresariales chinos y rusos, es necesario preguntarnos si la organización Tsagaan Khas va a incrementar su número de seguidores y las repercusiones que este hecho hipotético podría tener en el país, manifestadas con un incremento de la violencia, principalmente contra los extranjeros o turistas en un momento en que Mongolia intenta abrir el país al turismo para reforzar los ingresos de la decreciente población nómada, al tiempo que intenta aumentar los ingresos y la diversificación económica, junto con la obtención de divisas, tan necesarias para el comercio exterior.

No se trata de un hecho baladí, ya que los inversores extranjeros a la hora de invertir en un país valoran dos elementos relevantes: la seguridad jurídica y la estabilidad. En tal caso, si el gobierno mongol no puede contener un hipotético crecimiento de la organización Tsagaan Khas, podría encontrarse en un gran problema, ya que muchos potenciales futuros inversores no elegirán Mongolia para invertir o como destino turístico. Por tanto, sería positivo que el gobierno mongol se encuentre atento a las actividades y al potencial crecimiento de la organización si quiere mejorar los niveles de bienestar de la sociedad mongola, ya que ésta es incapaz de conseguirlo por sí misma sin ayuda del exterior.

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