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El Gas Natural de Turkmenistán: la diversificación como obsesión

Teniendo las quintas reservas de gas natural a nivel mundial, Turkmenistán ha buscado, desde su independencia, darles salida a través de nuevos gasoductos. Sin embargo, desde entonces, se ha encontrado con un gran número de obstáculos, que han puesto en peligro su economía y la supervivencia de su régimen.

Turkmenistán es una república postsoviética ubicada en Asia Central, a orillas del Mar Caspio, entre Kazajstán, Uzbekistán, Afganistán e Irán. En 1991, accedió a su independencia debido a la caída de la Unión Soviética, en la que es su primera experiencia estatal propia. Desde entonces, Turkmenistán ha estado marcado, principalmente, por dos hechos íntimamente relacionados entre sí: un régimen altamente autoritario y unas grandes reservas de gas natural.

Del Türkmenbaşy al Arkadag

En 1985, 6 años antes de su independencia, accedió al cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de la República Socialista Soviética de Turkmenistán —la principal autoridad local— el que sería el hombre que verdaderamente dio forma al Turkmenistán independiente: Saparmurat Niyazov.

En un país marcado por las relaciones tribales y familiares —también durante el periodo soviético—, Niyazov, no obstante, no contaba con una base de poder local, pues era huérfano, lo que le ponía en una posición delicada. En un principio, contaba con el apoyo de Moscú, pero a partir de 1991 tuvo que hacer frente a una independencia indeseada —en la república, triunfó el referéndum del Estado de la Unión de 1991, y, por ende, el deseo de mantener viva la URSS, en un 98,26%—, para lo cual, como estrategia de supervivencia, adoptó un control personal de todo el sistema político, creando un régimen autoritario en el que el poder y los recursos del país —incluido el gas natural— descansaron en sí mismo y en un círculo interno de personas leales.

El monumento a la neutralidad en Asjabad. Ilustración: Manuel Eguren Moreno.

Turkmenistán, ¿la Suiza de Asia Central?

Turkmenistán ha mantenido un perfil bajo dentro del Nuevo Gran Juego, manteniendo cierta distancia respecto a las grandes potencias. Esta postura se ha fundamentado en dos elementos: la neutralidad y el culto a la personalidad. El primero ha garantizado cierta seguridad, mientras que la segunda figura ha afianzado el poder de los dos grandes líderes. Tanto la neutralidad como el culto a la personalidad han garantizado la supervivencia del régimen turkmeno.

Por otro lado, sustituyó el Partido Comunista por un nuevo partido bajo su control, el Partido Democrático de Turkmenistán, permitiéndole mantener el poder estructural e institucional del periodo soviético. Por su parte, el vacío que dejó tras de sí el comunismo lo llenó con un nacionalismo turkmeno de nueva creación y, lo que es más importante, con una profunda exaltación de su figura y su persona, proclamándose Türkmenbaşy (“líder de los turkmenos”).

Este culto a la personalidad pronto alcanzó unas dimensiones desproporcionadas, con hechos esperpénticos como la construcción de estatuas de oro dedicadas al gran líder, el renombramiento de los meses del año en su honor —por ejemplo, enero pasó de llamarse Ýanwar a Türkmenbaşy y abril pasó de Aprel a Gurbansoltan, el nombre de su madre— o la cuasi sacralización de su libro, Ruhnama (“El Libro del Alma”), que pasó a ser estudiado en la escuela. Así, la propaganda oficial elevó a Niyazov a un carácter profético, por encima del resto de turkmenos, reflejo de un régimen personalista, controlado casi completamente por Türkmenbaşy.

Una de las varias estatuas de oro erigidas en honor a Türkmenbaşy, Asjabat.

Pero la muerte del “turkmeno número 1” en 2006 dejó al país huérfano. Rápidamente, las élites locales buscaron a un sucesor, eligiendo a Gurbanguly Berdimuhamedov, ministro de sanidad y viceprimer ministro, quien, no obstante, pese a ser una figura cercana a Niyazov —entre otras cosas, se rumorea que era el encargado de procurar a Türkmenbaşy sus medicamentos—, había ocupado una posición relativamente marginal dentro de su círculo interno.  Berdimuhamedov aprovechó la configuración altamente personalista del Estado para someter a los posibles competidores entre la élite y acumular todo el poder y recursos del Estado en su persona y su familia.

Además de sustituir a Niyazov en el poder, pronto también sustituyó el culto a la personalidad de este por el suyo propio, siendo representado por la propaganda del país como un gran líder, un escritor prolífico —con un gran número de libros en su haber, sobre todo tipo de temas (política, economía, ecología…)— y un excelente deportista, siendo, además, habitual verle “realizar” todo tipo de actividades extraordinarias, desde pilotar un caza a hacer donuts con un todoterreno junto al cráter de un yacimiento de gas natural en llamas.

Berdimuhamedov dando un paseo en bicicleta por las calles de Asjabat. Fuente: Cycling Passion.

También ha recibido su propio título honorífico, Arkadag o “protector”, y también ha erigido estatuas de oro en su honor. Entre tanto, Turkmenistán ha seguido siendo un país enormemente autoritario, en el que nadie puede hacer sombra a Berdimuhamedov y cuyos ciudadanos ven enormemente restringido el derecho a la libertad de expresión, de prensa o de movimiento, llevando al país a ocupar, en 2020, la posición 162 de 167 en el Democracy Index de The Economist.

El gas natural: el motor del régimen

Pero un régimen difícilmente puede mantenerse solo en base al despotismo y el culto a la personalidad, y aquí es donde entra en juego el gas natural. Turkmenistán cuenta en su haber con las quintas reservas de gas natural a nivel internacional —unos 7,5 billones de centímetros cúbicos, según The World Factbook de la CIA—. La exportación de gas, y, en menor medida, de petróleo, supone el principal ingreso del país y la base de su economía, con un evidente carácter rentista donde estos dos recursos corresponden a alrededor de un 90% del total de las exportaciones y más de un 40% de los ingresos presupuestarios. Pero, al mismo tiempo, teniendo en cuenta que el gas fue patrimonializado por Niyazov, primero, y Berdimuhamedov, después, también ha sido y es la principal fuente de riqueza de los clanes presidenciales, así como la base sobre la que estos regímenes se han mantenido en el tiempo.

Y es que, además de para beneficio personal y proyectos faraónicos —como remodelar la capital, Asjabat, con cientos de edificios construidos con mármol blanco de importación—, los ingresos del gas han sido utilizados, tanto por Niyazov como por Berdimuhamedov, para dar forma a un clientelismo para con la población del país basado en la prestación gratuita de beneficios sociales como agua —muy valioso en un país en  buena medida desértico—, gas y electricidad, así como subsidios estatales de bienes y servicios de primera necesidad como pan, gasolina o transporte público. Por lo tanto, la política energética del país está en el corazón mismo de la estrategia de supervivencia del régimen, convirtiéndola en una prioridad absoluta.

En este sentido, para países como Turkmenistán, con abundantes recursos que componen el grueso de su economía, la seguridad energética se basa en la seguridad de la demanda más que en la seguridad del suministro, es decir, que lo que les importa es poder exportar hacia varios clientes a un precio razonable, pues no poder hacerlo tendría consecuencias catastróficas para su economía. Para ello, la clave principal es diversificar sus relaciones energéticas, exportando a tantos países como sea posible. Por lo tanto, diversificar las exportaciones de gas es una prioridad y un imperativo para la supervivencia a medio o largo plazo del régimen. No obstante, tras su independencia, Turkmenistán solo tenía un cliente: Rusia.

El monopsonio ruso y la búsqueda de nuevos clientes

Turkmenistán heredó de la URSS el gasoducto Asia Central-Centro, construido entre 1967 y 1972 a través Uzbekistán y Kazajstán hasta llegar a Rusia. En el periodo soviético, el gas turkmeno era utilizado para proveer a Rusia y Ucrania y para ser exportado hacia Europa, y este papel se mantuvo, en cierta medida, también en la posindependencia: Rusia siguió importando grandes cantidades de gas turkmeno para revenderlo en el mercado europeo a un precio superior, obteniendo importantes dividendos, mientras que Gazprom, la empresa estatal rusa de gas, se hizo cargo del gasoducto.

Por tanto, en estos años el gas turkmeno se encontraba bajo un monopsonio — un tipo de mercado en el que existe un único comprador— ruso, que le proporcionaba al Kremlin una enorme influencia sobre Asjabat, pues si Rusia cesaba las importaciones, la economía turkmena se desmoronaría, y con ella el régimen.

Así, revertir esta situación adquirió un carácter urgente para Asjabat. Para ello, al ser un país sin salida al mar, Turkmenistán necesitaba nuevos gasoductos hacia mercados distintos. Afortunadamente, pronto surgieron varios proyectos potenciales en este sentido que, de ser realizados, conectarían al país con 4 nuevos mercados: Asia Meridional, Europa, Irán y China.

Uno de los primeros proyectos fue el, posteriormente, llamado TAPI (Turkmenistan-Afghanistan-Pakistan-India), idea surgida en los años 90’ basada en construir un gasoducto desde Turkmenistán atravesando Afganistán hacia Pakistán —la India, entonces, no formaba parte del plan—. Liderado por Unocal, entonces una de las principales empresas petroleras estadounidenses, el proyecto inicial recibió el visto bueno de Pakistán y de los Talibán, que ya controlaban Afganistán. Sin embargo, Unocal terminó retirándose del proyecto en 1998, tras el aumento de la animadversión de Estados Unidos hacia los Talibán después de los atentados contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania por parte de Al Qaeda, cuyo líder, Osama bin Laden, y buena parte de la organización se encontraban en territorio afgano bajo protección talibán.  

Tras la invasión estadounidense de Afganistán, no obstante, resurgió el proyecto. Ahora la idea era construir una tubería de unos 1.800 kilómetros con una capacidad de 33 bcm (miles de millones de centímetros cúbicos) anuales que, ahora sí, atravesando Afganistán, llegara a Pakistán y a la India. Con la ayuda del Banco Asiático de Desarrollo, a finales de la década de los 2000, estos países llegaron a un acuerdo sobre el reparto (42% para India, 42% para Pakistán y 16% para Afganistán —que también recibiría derechos de paso—) y el precio del gas, lo que parecía el preludio de la construcción el gasoducto. No obstante, el proyecto ha estado parado desde entonces, principalmente, por dos razones: seguridad y financiación.

Mapa: Recorrido del Gasoducto TAPI

Primero, pese a la presencia militar estadounidense, la insurgencia talibán no dejó de ganar terreno desde 2003, sobre todo en las provincias del sur del país, que la tubería debía atravesar para llegar hasta Pakistán. La situación empeoró año a año, con el surgimiento, además, de nuevos grupos insurgentes y terroristas, como el caso del Estado Islámico del Jorasán (IS-K, por sus siglas en inglés). Sencillamente, construir una infraestructura de estas características a través de un Estado fallido como Afganistán era demasiado arriesgado.

Segundo, porque, además, estos países no lograron encontrar inversores. Por un lado, porque, por motivos obvios, la inestabilidad y alta volatilidad de Afganistán desincentivan cualquier tipo de inversión. Pero, además, por motivos técnicos, TAPI es un proyecto altamente costoso. Las estimaciones iniciales del Banco Asiático de Desarrollo son de unos 10 mil millones de dólares, pero es probable que esta figura sea muy inferior al potencial coste final. Steve Mann, por ejemplo, calcula que el precio de TAPI podría ascender hasta los 40 mil millones de dólares. Un gasoducto tan caro, acompañado de una inversión tan arriesgada, era, sencillamente, irrealizable.

Otra idea fue el llamado Gasoducto Transcaspiano (TCP, por sus siglas en inglés). Propuesto primeramente por EE. UU. en 1996, la idea era conectar Turkmenistán con Azerbaiyán por una tubería submarina de 300 kilómetros y con 30 bcm anuales de capacidad que atravesara el Mar Caspio, para poder, después, llevar el gas turkmeno hacia Europa a través de Turquía. La Unión Europea (UE), muy interesada en diversificar su suministro gasístico para evitar la dependencia para con Rusia, hizo suya la idea y en los siguientes años se sucedieron las iniciativas y diálogo entre Bruselas, Bakú y Asjabat, dentro del proyecto del Corredor Meridional del Gas —un sistema de gasoductos que conectasen a Europa con Azerbaiyán— y comenzó a negociar oficialmente con ambos países en relación a la construcción del TCP en 2011.

Mapa: El Gasoducto Transcaspiano y el Corredor Meridional del Gas

En 2015, Turkmenistán finalizó la construcción del Gasoducto Este-Oeste dentro de su territorio, que unía sus ricos yacimientos gasísticos del interior del país con el Mar Caspio, con la vista puesta en Europa, mientras que en 2018 se finalizó la construcción del Gasoducto Transanatoliano, que, junto al Gasoducto del Cáucaso Sur y el Gasoducto Transadriático, culminó el Corredor Meridional del Gas hacia Azerbaiyán. Entonces, solo faltaba la construcción del TCP para lograr exportar el gas turkmeno a Europa. No obstante, este proyecto, de momento, también ha fracasado al encontrarse una serie de obstáculos que han impedido su realización.

El primero de estos ha sido la oposición frontal de Rusia y de Irán —dos de los países más poderosos de la región— al TCP, al esquivar su territorio y ser un competidor por el mercado europeo, pues Moscú y Teherán son también dos grandes productores de gas natural.

Otro impedimento ha estado relacionado con una disputa entre Asjabat y Bakú en torno a un gran yacimiento gasístico y petrolífero, llamado Serdar por el primero y Kapaz por el segundo, situado en medio del Caspio, en la trayectoria de la potencial tubería, lo que ha dificultado un acuerdo entre estos dos países.

En tercer lugar, la falta de estatus legal del Mar Caspio, ante la ausencia de un tratado internacional entre los 5 Estados litorales, ha supuesto un problema más, pues al no haber un procedimiento legal claro y establecido, Rusia e Irán han venido a afirmar que sería necesaria la aprobación unánime de todos los Estados costeros para la construcción del TCP.

Por último, el TCP también se ha enfrentado a problemas financieros, pues Asjabat lleva una política con respecto a las exportaciones por las que vende el gas en su frontera y se niega a financiar gasoductos fuera de ella, lo que ha dificultado la obtención de financiación.

Una alternativa distinta para Turkmenistán ha sido Irán. Aunque Teherán era un formidable productor de gas natural, su red doméstica de infraestructuras apenas estaba conectada con sus provincias del noreste, por lo que el gas turkmeno surgió como una gran alternativa. En este sentido, ambos países construyeron el Gasoducto Korpeje-Kordkuy en 1997 y el Gasoducto Dauletabad-Sarakhs-Khangiran en 2010, logrando Asjabat, por fin, un nuevo cliente más allá de Moscú. En cualquier caso, Teherán comenzó a importar anualmente alrededor de unos 6 bcm, una cantidad muy inferior de los aproximadamente 40 bcm anuales que importaba, por entonces, Rusia. La modesta demanda iraní no era la solución, por sí sola, al monopsonio.

Pero en 2009, Asjabat por fin logró su gran objetivo, acceder a un nuevo gran mercado: China. Este fue el año en el que se inauguró, de la mano del gigante estatal chino China National Petroleum Corporation, la línea A del Gasoducto China-Asia Central, que iba desde Turkmenistán hasta China pasando por Uzbekistán y Kazajstán, que también unirían su propio gas natural al suministro. Además, en 2010 y 2015 se inaugurarían las líneas B y C, respetivamente, en paralelo a la primera, aumentando su capacidad hasta los 55 bcm anuales, y se prevé la construcción de una línea D a través de Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán, aumentando aún más la capacidad. 

Mapa: El Sistema de Gasoductos de la Región del Mar Caspio

De esta forma, Turkmenistán por fin logró otro cliente significativo capaz de romper el monopsonio ruso y diversificar sus relaciones energéticas, lo que unido a Irán suponía una gran demanda que preveía enormes beneficios económicos de la renta del gas, con los que el régimen, con Berdimuhamedov ya a la cabeza, podría enriquecerse y perpetuarse en el tiempo. No obstante, pronto la situación dio un giro inesperado de 180 grados.

Un monopsonio por otro

Coincidiendo con la construcción del gasoducto Asia Central-China, Turkmenistán vio como sus exportaciones de gas hacia Rusia empezaron a desmoronarse. Primero, en 2009, una explosión en el gasoducto Asia Central-Centro detuvo el tránsito de gas por el resto del año, afectando gravemente a la economía turkmena, cuyo Producto Interior Bruto (PIB) se contrajo en un 25%, y enturbiando las relaciones entre Asjabat y Gazprom. Como consecuencia, mientras que, anteriormente, Rusia venía de importar más de 40 bcm anuales de gas turkmeno, en 2009 esta cifra cayó a 11,8 bcm.

No obstante, pese a que en 2010 se reanudó el tránsito de gas por este gasoducto, no se volverían a recuperar las cifras anteriores a la crisis. Entre 2010 y 2014, Asjabat exportó hacia Rusia, de media, 10,55 bcm anuales. A finales de 2014, como consecuencia de la caída de los precios de los hidrocarburos, incluido el gas, en los mercados internacionales, Gazprom decidió reducir todavía más las compras del gas turkmeno, pues ya no era rentable revenderlo en los mercados europeos y Asjabat no estaba dispuesto a renegociar el precio. Así, las importaciones bajaron en 2015 a 2,8 bcm, y siguieron reduciéndose hasta que, en 2017, Gazprom anunció que dejaría de importar gas turkmeno, al no haber resuelto la disputa de precios con Asjabat.

Por si fuera poco, también en 2017, Teherán anunció que dejaría de importar gas de Turkmenistán por una disputa financiera con Asjabat. Así, Turkmenistán perdió de golpe a dos de sus tres clientes. Por el contrario, la demanda china creció exponencialmente: en 2013, las exportaciones hacia China llegaron a 25 bcm y, en 2017, superaron los 30 bcm. No obstante, esta cantidad, no compensaba, por sí sola, las pérdidas de Turkmenistán con respecto a Rusia e Irán, pues las exportaciones totales turkmenas de gas bajaron significativamente: de más de 45 bcm antes de 2009 y, después, alrededor de 40 bcm entre 2012 y 2016 a menos de 35 bcm desde entonces, todo ello, además, bajo unos precios internacionales inferiores.

Gráfico: Exportaciones de gas de Turkmenistán por países (en bcm)

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de Luca Anceschi y BP 2020 y 2021

Además, Beijing había pasado a ser el único cliente de Turkmenistán, sustituyendo el otrora monopsonio ruso por uno chino: en 2019, por primera vez desde hacía más de 20 años, un único país representó el 100% de la demanda de gas turkmeno. En esta situación, Turkmenistán se vio obligado a aceptar acuerdos y precios preferenciales con respecto a China. Pero, además, desde entonces, una proporción importante de estas transacciones no supone ingresos para el país, pues está destinada a pagar la inmensa deudaunos 10 mil millones de dólares— en la que Asjabat incurrió con Beijing por la construcción del gasoducto y proyectos complementarios, como el desarrollo del yacimiento gasístico Galkynysh, de donde parte la tubería. Así, Turkmenistán está pagando su deuda con un gas a precios devaluados.

De esta forma, la pérdida de dos clientes, la bajada de los precios de los hidrocarburos y el pago de la deuda a China han llevado a Turkmenistán a una profunda crisis económica, con consecuencias como la devaluación de la moneda del país (el manat), una enorme inflación, escasez de bienes de consumo e inseguridad alimentaria, la expansión del mercado negro o desempleo, entre otras.

No obstante, quizá la más grave de todas ellas, al menos para el régimen, fue el fin del suministro gratuito de agua, gas o electricidad, así como de subsidios. La capacidad del régimen de Berdimuhamedov de “comprar” paz social haciendo uso de las rentas del gas natural descendió notablemente, poniendo en peligro la que ya mencionamos que es una de sus principales estrategias de supervivencia. Así, la amenaza de una explosión social dejó de ser impensable, y la posición del régimen pasó a ser mucho más vulnerable. Definitivamente, la estrategia de diversificación de exportaciones de Asjabat había sido un fracaso.

¿Un brillo de esperanza?

No obstante, desde entonces se han producido algunos hechos que podrían ayudar a Asjabat a sortear su desesperada situación y a, por fin y verdaderamente, conseguir diversificar sus exportaciones de gas.

Primero, en 2019 Gazprom y Asjabat llegaron a un acuerdo para reanudar las compras rusas de gas turkmeno bajo un contrato a 5 años de 5,5 bcm anuales. En este sentido, siguiendo a Adam Hug, este sería un contrato principalmente político, más que económico, por el que el Kremlin busca aprovechar la desesperada situación turkmena, lanzando un salvavidas al régimen y, con ello, recuperando parte de la influencia perdida sobre este país.

En cualquier caso, como podemos ver en el gráfico de arriba, en 2020 Rusia importó 3,8 bcm y, según el Embajador ruso en el país, Aleksandr Blojin, en 2021 esta cantidad se habría acercado a los 10 bcm, a niveles del periodo 2010-2014. Aunque es impensable que las exportaciones a Moscú vuelvan a alcanzar las cifras pre-2009, estas podrán ayudar a reducir ligeramente la dependencia turkmena para con Beijing y a proporcionar al país unos ingresos extra necesarios para recuperarse de la crisis económica.

Pero, aunque en el caso ruso hablemos de cantidades relativamente modestas de gas, una posibilidad mucho más lucrativa ha vuelto a ganar peso: el gasoducto Transcaspiano. Ya mencionamos que el TCP nunca salió adelante por toda una serie de problemas — oposición ruso-iraní, disputa turkmeno-azerí, falta de estatus legal del Mar Caspio y problemas financieros—. Sin embargo, una serie de acontecimientos recientes podrían hacerlo más viable.

Primero de todo, en 2018, los 5 países litorales del Mar Caspio firmaron la Convención sobre el Estatus Legal del Mar Caspio, resolviendo la cuestión de la falta de estatus legal y, en principio, permitiendo a estos construir libremente infraestructuras energéticas en sus sectores del Mar, si bien es cierto que con una cláusula medioambiental que bien podría ser utilizada por Rusia e Irán para seguir oponiéndose a la construcción del TCP. En cualquier caso, este hecho reavivó las conversaciones sobre el gasoducto y ha sido la antesala de toda una serie de acontecimientos posteriores.

Con la firma del Convenio, Azerbaiyán y Turkmenistán comenzaron a profundizar su cooperación energética, lo que finalmente cristalizó, en enero de 2021, en un Memorándum de Entendimiento sobre el yacimiento Kepez/Sedar, por el que este pasaba a llamarse Dostluk, “amistad” en ambos idiomas, y Bakú y Asjabat acordaban su exploración y desarrollo conjunto. Así, ambos países resolvieron definitivamente sus diferencias. El TCP parecía más cerca que nunca.

Mapa: Yacimiento Dostluk

Fuente: Edición de Caspian Barrel

Sin embargo, la oposición ruso-iraní y los problemas financieros siguen siendo un gran obstáculo para un proyecto, el TCP, cada vez menos viable en relación a la transición energética europea, que hará que la demanda de gas de Bruselas baje significativamente en el medio plazo, que sería el periodo de tiempo en el que se podría construir una infraestructura de estas características.

No obstante, en diciembre de 2021, la empresa estadounidense Trans Caspian Resources, Inc (TCRI), fundada ese mismo año y  codirigida por Allan Mustard, exembajador de EE. UU. en Turkmenistán, —junto a varios lobistas estadounidenses—, propuso una versión de un TCP más minimalista: una tubería de unos 78 kilómetros con una capacidad de entre 10 y 12 bcm uniendo los yacimientos petrolíferos de Magtymguly, en Turkmenistán, y Azeri-Chirag-Gunashli, en Azerbaiyán, ubicados en el Mar Caspio, para transportar gas asociado —es decir, emitido en la extracción de petróleo—.

Este iría dirigido, principalmente, a satisfacer la demanda azerí, puesto que la producción de gas natural de Bakú no ha aumentado tanto como era de esperar, dejando al país en una posición energética vulnerable al exportar el grueso de su gas hacia Europa, a lo que se ha sumado su victoria en la reciente Guerra de Nagorno-Karabaj, con nuevos territorios que reconstruir y dotar de energía.

Mapa: Propuesta de Gasoducto Transcaspiano de Trans Caspian Resources

Esto supondría abandonar el sueño de llegar al mercado europeo, pero siendo un proyecto más pequeño, barato y rápido de construir, tendría muchas más posibilidades de salir a la luz y esquivar la oposición de Irán y Rusia —que difícilmente pueden verse amenazados por unas cantidades tan modestas— que una gran tubería dirigida a Europa, que a su vez cada vez está menos interesada en el TCP. Por lo tanto, podría contribuir rápidamente a la recuperación económica turkmena y a apoyar su diversificación de socios energéticos a corto plazo. No obstante, Asjabat, históricamente, no ha favorecido este tipo de proyectos de “Conexión entre Plataformas”, por lo que convencer a Berdimuhamedov no será tarea fácil para esta compañía.

También en 2021 se produjo otro hecho que revivió un antiguo proyecto, en este caso el TAPI: la llegada al poder de los Talibán en Afganistán. No hay que olvidar que fue con este grupo extremista, precisamente, con quien negociaron Unocal y Asjabat en los años 90’ para el proyecto original, e incluso en plena insurgencia, antes de tomar el poder, los Talibán se mostraron a favor. Por tanto, con su llegada al poder y el aparente fin de la guerra civil en el país, TAPI ha vuelto de nuevo a la agenda.

Así, el 30 de agosto de 2021, el Ministro de Asuntos Exteriores de Turkmenistán, Rashid Meredov, realizó una visita a Kabul donde se reunió con el Gobierno Talibán, recibiendo su respaldo para este proyecto. El mismo Mohammad Yaqoob, Ministro de Defensa talibán, hijo del fundador del movimiento, el Mulá Omar, y uno de los hombres fuertes del nuevo régimen, declaró: “soy directamente responsable de la supervisión de la seguridad del proyecto TAPI… no dudaremos a la hora de hacer sacrificios para la implementación de este proyecto nacional”.

Sin embargo, pese al entusiasmo mostrado por Asjabat, no está nada claro que TAPI esté más cerca. Primero, porque, aunque la victoria de los Talibán parece haber puesto fin a la guerra, en Afganistán y Pakistán siguen operando toda una serie de grupos terroristas que han demostrado con creces su capacidad de golpear duramente, como en el caso del ya mencionado Estado Islámico del Jorasán (IS-K), enemigo acérrimo de los Talibán. Y, segundo, porque aun suponiendo que la victoria talibán traerá la suficiente estabilidad como para hacer viable un proyecto de estas características, esto no solucionaría el problema de la financiación, más difícil incluso por el no reconocimiento internacional del nuevo régimen afgano.

Por último, a finales de noviembre de 2021, surgió otra alternativa. Turkmenistán, Irán y Azerbaiyán llegaron, entonces, a un acuerdo de intercambio de gas por el que el primero enviará a Irán entre 1,5 y 2 bcm anuales y este proveerá la misma cantidad a Azerbaiyán. De esta forma, tras 3 años, Turkmenistán volverá a exportar gas hacia Irán. Las cantidades son muy pequeñas, menores a los más de 5 bcm que Asjabat exportaba anualmente a su vecino antes de 2017, pero quizá podría ser la antesala de proyectos más ambiciosos entre estos 3 países, y, en cualquier caso, es una noticia bienvenida para un Asjabat necesitado de mayores ingresos y más clientes.

Más allá del Gas

Por lo tanto, tras la debacle de 2017, Asjabat ha logrado recuperar, ligeramente, algo del terreno perdido, aliviando la presión económica y sobre el régimen, pero no ha conseguido llevar a cabo ningún gran proyecto que de verdad logre cumplir el objetivo de diversificar sus relaciones energéticas. Turkmenistán cuenta únicamente con un gran cliente, China, y con algunos clientes menos importantes, Rusia e Irán —y, últimamente, parece que también el resto de repúblicas de Asia Central, que están empezando a plantearse importar pequeñas cantidades de gas turkmeno—, es decir, que la búsqueda de la diversificación no ha llegado a buen puerto, todo ello mientras la economía del país sigue en un estado deplorable, donde la inseguridad alimentaria, la escasez de liquidez o la expansión del mercado negro han seguido expandiéndose.

Sin embargo, es conveniente tener en cuenta que, pese a la obsesión de Asjabat con proyectos como TAPI, poco a poco se le está acabando el tiempo. El cambio climático está trayendo consigo una transición verde, la gran mayoría de países del mundo, incluidos sus potenciales compradores, están empezando a establecer planes para alcanzar la neutralidad climática y transitar a energías limpias —con 2050 como fecha límite para la UE, 2060 para China y Rusia y 2070 para la India—, por lo que el gas natural, aunque sea una fuente energética relativamente poco contaminante, tiene sus días contados.

Mapa: Neutralidad de carbono en Asia-Pacífico por países

Por lo tanto, lo que necesita Turkmenistán a medio plazo más que diversificar sus compradores de gas debería ser diversificar su economía, reduciendo la dependencia con el gas y, en menor medida, el petróleo. Resulta cuestionable el hecho de que un régimen que prefiere malgastar los recursos económicos en proyectos faraónicos sea capaz de lograr una transición económica, pero si no lo hacen, en pocos años Turkmenistán puede vivir una crisis económica sin precedentes, muy superior a la de 2015, que repercutirá, principalmente, sobre su población. Y entonces, ni el culto a la personalidad ni el despotismo podrán salvar a los gobernantes.

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Por Manuel Fernández Illera

Graduado en Relaciones Internacionales con especial interés en Asia-Pacífico, Rusia y el espacio postsoviético, la región MENA y la UE.

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