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Semejanzas y diferencias entre Kim Jong-il y Kim Jong-un

Kim Jong-un sucedió hace 10 años a su padre, Kim Jong-il, a la cabeza de Corea del Norte, un tiempo en el que el hijo ha tratado de distanciarse ligeramente de la política de su padre bajo una situación difícil para el país marcada por las sanciones internacionales.

En diciembre de 2021 se cumplió el décimo aniversario de la muerte de Kim Jong-il, “el Amado Líder” de Corea del Norte, así como los primeros diez años de Kim Jong-un como líder supremo del país. 10 años no son un hecho baladí para Kim Jong-un, ya que, partiendo del hecho de que Kim Jong-il reinó durante 17 años, el joven Kim lo ha hecho durante un período que sobrepasa la mitad del tiempo de su padre. En este contexto surgen algunas preguntas interesantes que merecen respuesta como: ¿ha cambiado Corea del Norte desde la llegada del joven Kim? ¿Qué semejanzas y diferencias existen entre el liderazgo del padre y el hijo? Y tal vez lo que es más importante, ¿cómo ha influido la política de Kim Jong-il sobre Kim Jong-un?

Antes de indagar en las políticas de ambos líderes es necesario tener muy presente un elemento en relación con la política de Corea del Norte. Esta, contrariamente a las democracias occidentales, se guía por una aproximación conceptual en la que cada líder crea un concepto que representa su visión sobre la sociedad. En este caso, la fundación de Corea del Norte devino en un estado artificial que debía preservar el equilibrio de poder entre la URSS y los EE. UU. en Asia Oriental. El movimiento guerrillero de Kim Il-sung, padre fundador del estado, a pesar de simpatizar con ideas del comunismo soviético, como resultado de su estancia en la URSS, se guió más por principios nacionalistas que por aquellos que abogaba el Marxismo-Leninismo ortodoxo, centrado en la búsqueda de la mejora de los niveles de vida de las sociedades bajo el liderazgo de los Partidos Comunistas.

Kim Il-sung y la teoría Juche: la autosuficiencia como base

Kim Il-sung elaboró ​​la teoría Juche, que hasta ahora ha constituido el principio tractor de la política norcoreana. Se trata de una teoría que aboga, en esencia, por la autosuficiencia del país y evitar la dependencia de las potencias exteriores. A pesar de la teoría Juche que de jure, actuaba como el guía de todas las políticas del régimen de Pyongyang, de facto, el Estado sobrevivió gracias a las importaciones que provenían principalmente de la URSS y de la República Popular China. El papel de la Corea del Norte de Kim Il-sung durante la Guerra Fría puede sintetizarse como un Estado que maniobró entre Moscú y Pekín para aprovechar las ventajas que le otorgaba su posición geográfica privilegiada y la propia ruptura sino-soviética.

Propaganda nation: how North Korea spreads its message · TheJournal.ie
Cartel propagandístico norcoreano. El texto reza: «¡Armémonos más a fondo con las ideas revolucionarias del gran líder, el camarada Kim Il Sung!»

El colapso de la URSS, el giro de China hacia el bloque occidental y la carencia de apoyo de los antiguos Estados comunistas europeos tuvieron efectos devastadores sobre la economía coreana, que no se encontraba preparada, en ningún caso, para funcionar de manera autosuficiente. Igualmente, tres años tras el fin de la URSS, en 1994 Kim Il-sung murió.

Kim Jong-il y el Songsun: el auge del ejército

Contrariamente a la mayoría de los Estados comunistas, Corea del Norte se convirtió en la excepción en términos de la sucesión ya que el poder fue heredado por el hijo de Kim Il-sung. Kim Jong-il se convirtió en el líder supremo de Corea del Norte gracias a las maniobras y al poder que asumió entre bastidores. La situación que heredó de su padre, sin embargo, era desastrosa. Pyongyang no estaba preparado por la falta de suministro de fertilizantes de la URSS, que agravó el hambre en el país.

Kim Jong-il hacía a menudo viajes de inspección por el país.
«El Amado Líder» Kim Jong-il

Del mismo modo, Kim Jong-il, a diferencia de Deng Xiaoping o Boris Yeltsin, rechazó la implantación de reformas de economía de mercado, puesto que pensaba que la población norcoreana sería más independiente, difícil de controlar y, en definitiva, más peligroso. El rasgo que caracterizó su mandato fue la orientación  a garantizar su supervivencia como líder del país en un momento en que el entorno se definía por una potente hostilidad en contra del régimen como consecuencia del derrumbe del bloque socialista.

El fin del bloque socialista, así como la incapacidad para convertirse en un Estado autosuficiente junto con las inundaciones que destruyeron las cosechas explicaban la situación desastrosa en la que Kim Jong-il heredó el país, lidiando con una hambruna, conocida en Corea del Norte como el período de la ardua marcha, que causó la muerte de unos 200.000 ciudadanos.

Este contexto le obligó a reformular la doctrina política del país a través de la creación de la teoría Songun como eje central de sus políticas. Se trataba de una contribución conceptual que, principalmente, abogó por situar al ejército en una posición de privilegio y dotar al país de un gran número de fondos (el 25% del Producto Interior Bruto) para su defensa. Del mismo modo, la necesidad de importación de alimentos de las potencias occidentales abrió un período de negociaciones entre Pyongyang y Washington que logró ciertos éxitos durante los últimos años del siglo XX, que se manifestaron con la visita de la Secretaria de Estado de la administración Clinton, Madeleine Albright  a Pyongyang. Se trataba de una política engañosa, puesto que se trataba de filtrar información deliberadamente sobre el desarrollo del arsenal nuclear con el objetivo de tener un as en la manga para negociar la llegada de ayuda alimentaria.

Sin embargo, visto de forma retrospectiva, se podría augurar que dicha negociación tuvo efectos contraproducentes, ya que, pese a las ofertas de renuncia al desarrollo de sus capacidades nucleares a cambio de concesiones de supervivencia, no se evitó que Pyongyang se convirtiese en un Estado nuclear en el 2006, cuando detonó el primer misil con éxito. Una violación del principio Pacta Sunt Servanta —“los acuerdos están para cumplirse”— y que le causó la calificación de “Estado Canalla” (Rogue State, en inglés) por parte de la administración Bush. El ejemplo de las armas nucleares explica y, al mismo tiempo, sintetiza bastante bien el período de Kim Jong-il como líder norcoreano reflejando una gran contradicción, ya que se trataba de un país con capacidad de producir armas nucleares, pero incapaz de producir suficiente grano para alimentar a la población.

Su muerte, en diciembre de 2011, supuso el fin de la era de Kim Jong-il como “el Amado líder de Corea del Norte”. Su legado queda en la memoria como la persona que convirtió a Corea del Norte en un paria internacional, con una población completamente desconectada del mundo, sin acceso a ningún tipo de información independiente del exterior y cuya influencia en el mundo se sintetiza en la posesión del armamento nuclear, la existencia de campos de reeducación y violaciones de derechos humanos denunciados por desertores como Yoon-mi Park o Jung Gwang-il.

Kim Jong-un y el byungjin: entre el Ejército y el Partido

Kim Jong-un se convirtió en el sucesor de su padre de forma accidental. El primogénito, Kim Jong-nam, cayó en desgracia como consecuencia de su intento por acceder a Disneyland, en Tokio, con un pasaporte falso. Por otro lado, el segundo hijo, Kim Jong-chul, era considerado demasiado afeminado, como reconoció el cocinero personal de Kim Jong-il, Kenji Fujimoto. La llegada de Kim Jong-un, un joven de apenas 27 años, albergó la esperanza de un cambio real en Corea del Norte debido a que el joven Kim se educó en Suiza y había visto cosas que ni Kim Il-sung, ni Kim Jong-il habían visto. Sin embargo, otros se mostraron más cautelosos, ya que pensaban que se convertiría en una marioneta de los altos cargos militares de la cúpula de su padre y que el líder, de facto, correspondería a Jang Song-thaek, el tío de Kim.

Desde el inicio del mandato de Kim Jong-un, este rompió con las teorías que especulaban que sería un líder dócil y tutelado. Su primera muestra de poder tuvo lugar en 2013, cuando la cúpula del estado mayor norcoreano de la época de Kim Jong-il fue purgada, y su tío, que había sido considerado el número dos del régimen de su padre, fue asesinado. 4 años más tarde dio otra muestra de poder y fuerza ordenando el asesinato de su hermano mayor, Kim Jong-nam, residente entre Macao y Malasia en una operación nada envidiable a las que se llevaban a cabo durante la guerra fría, por evitar que este pudiera reclamar su derecho, como primogénito, al liderazgo del país.

Igualmente, el estilo de liderazgo frente al pueblo norcoreano viró recuperando elementos típicos de la época de Kim Il-sung. Entre ellos se puede mostrar la proyección de una imagen de un líder más cercano hacia la población, la presencia de las mujeres, como se ha visto con la aparición de su esposa en multitud de actos, la forma de vestir o la delegación de poder en su hermana Kim Yo-jong, quien se ha convertido en la nueva número dos del régimen. Del mismo modo, cabe destacar la instauración de eventos propios de la cultura occidental, tales como la promoción del baloncesto o la construcción de instalaciones de esquí típicas de Suiza. De hecho, para Robert Carlin, analista de la CIA, desde el inicio de su mandato, Kim Jong-un se guiaba por sus propias ideas, algunas de las cuales implicaban una crítica directa a Kim Jong-il.

La contribución conceptual que Kim Jong-un ha creado para definir su liderazgo es el Byungjin que defiende el equilibrio entre defensa y economía o, lo que es lo mismo, el desarrollo simultáneo entre el programa nuclear y el desarrollo económico. Un hecho que le ha condicionado a buscar un mayor apoyo en el Partido de los Trabajadores, como hizo Kim Il-sung, distanciándose del monopolio de poder que el ejército ostentó durante el liderazgo de Kim Jong-il. Estas reformas han surtido efecto a través de la construcción de arquitectura modernista o acuarios en el centro de Pyongyang y el florecimiento de mercados informales, que operan al margen de la planificación estatal, conocidos como los jangmadang.

Durante su mandato, Corea del Norte ha completado exitosamente su programa nuclear y ya se le considera una potencia nuclear. Las relaciones exteriores, a diferencia de las de su padre, que hasta 2006 se caracterizaron más o menos por la estabilidad, han girado en torno a dos etapas. La primera se caracterizó por la confrontación con Washington y Seúl a través de la aceleración de las pruebas nucleares que llevó incluso a tensar las relaciones con China hasta el límite en 2017 cuando, por primera vez, Pekín apoyó las sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra las exportaciones de materias primas norcoreanas, carbón principalmente, establecidas en la resolución 2371.

Posteriormente, a partir del año 2018, se ha dado impulso a la diplomacia a través de la reunión bilateral con Donald Trump en Singapur, la declaración de Panmunjong con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, o la cumbre de Vladivostok con el presidente ruso, Vladimir Putin, así como la apuesta por la mejora y el impulso de los lazos con Pekín. Sin embargo, en los últimos años se ha visto un nuevo empeoramiento de las relaciones entre Seúl y Pyongyang con el derribo de la oficina de comunicación entre las dos Coreas o la falta de avances en la desnuclearización del país en la cumbre de Hanói entre Trump y Kim, la carencia de interés de la administración de Joe Biden hacia Pyongyang y la negativa de Pyongyang a responder a la propuesta de Seúl para la firma de un tratado de paz que ponga fin a la guerra de Corea.

Un contexto que, en cierto modo, parece emular al de su padre, quien jugó al enfrentarse con EE. UU. y Corea del Sur en función de las circunstancias y en la obtención de beneficios por el régimen, como se vio durante la política del sol, al tiempo que se abandonaba el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Nuevo liderazgo: mismos problemas, nuevas amenazas

Las sanciones a las que se ha visto sometido el régimen de Pyongyang durante la época de Kim Jong-un han sido bastante más elevadas que aquellas que sufrió el país durante el período de Kim Jong-il. Del mismo modo, la pandemia de la COVID-19 ha aislado más al país causando el cierre total. Además, varios tifones, como consecuencia del cambio climático, han destrozado gran parte de las cosechas resintiendo el desarrollo económico y donde el propio Kim Jong-un ha expresado su pesar como ha demostrado en su discurso de año nuevo debido a las penurias económicas que sufre el pueblo norcoreano actualmente, afirmando que la tarea fundamental del gobierno norcoreano se va a centrar en la resolución de los problemas relacionados con las necesidades diarias de la gente.

Kim Jong-un saluda a Donald Trump en la Zona Desmilitarizada de Corea. Wikipedia Commons.

Probablemente, Kim Jong-un seguirá con la tesis de su padre de la preservación de la supervivencia del país frente a los intentos de las potencias enemigas de descabezar el régimen manteniendo su estatus de potencia nuclear, como ha afirmado tras la última con la aprobación del último plan Quinquenal, según el cual, Corea del Norte debería tratar de “completar el proyecto nacional de fuerza nuclear” para convertirse en un “poderoso estado socialista”. Una idea que se ha visto reflejada con el reciente lanzamiento de un mísil hipersónico con objeto de reforzar sus capacidades estratégicas.

Si bien esta amenaza de ataque externo no es del todo real, ya que no existe ninguna potencia que esté interesada en el fin del régimen de Kim. Corea del Sur no podría asumir, en ningún caso, los costes de una potencial unificación. Los EE. UU., a pesar de la retórica agresiva contra el régimen de Pyongyang, no desean el colapso del Estado puesto que se benefician con su existencia, para justificar el incremento del gasto armamentístico. Por otro lado, China y Rusia, los grandes socios del régimen de Pyongyang, se encuentran satisfechas porque la existencia de Corea del Norte se ha convertido en la garantía para mantener el equilibrio de poderes en la región de Asia Oriental, al tiempo que pueden impulsar relaciones económicas y comerciales con Corea del Sur.

Probablemente, la justificación de la amenaza externa pudiese tener más sentido con Kim Jong-il, puesto que el país era mucho más débil, sin arsenal nuclear hasta 2006, aislado internacionalmente y con una economía al borde del colapso. Sin embargo, actualmente, la amenaza exterior se ajusta a un argumento para justificar el control social y mantener los niveles de estabilidad internos para mantener a Kim Jong-un en el poder.

La economía se mantiene como el mayor desafío ya que, probablemente, el régimen vive una situación similar a la que vivió la URSS cuando se desintegró como consecuencia de sus grandes problemas internos. En este contexto, existe una diferencia muy grande entre Kim Jong-il y Kim Jong-un: la globalización y las telecomunicaciones han mejorado mucho y cada vez, aunque tímidamente todavía, la población de Corea del Norte está más informada de lo que ocurre en el exterior y esto, tal vez podría ser a largo plazo la gran amenaza para la supervivencia de Kim, como se ha visto en la llegada clandestina de productos culturales surcoreanos como el K-pop, sobre los cuales Pyongyang ha intensificado la censura.

A pesar de las reformas económicas que Kim Jong-un ha desplegado como el impulso del turismo, la estructura económica del país es todavía muy parecida a la de Kim Jong-il, donde básicamente toda la exportación se destina al carbón, lo que hace que prácticamente ningún país del entorno apueste por Corea del Norte como socio comercial.

Con todo, a pesar de que Kim Jong-un haya querido crear una marca propia de liderazgo distanciándose de Kim Jong-il, Corea del Norte todavía sufre los mismos problemas económicos, que heredó de su padre y que debe intentar solucionar, ya que este es el mayor desafío a su supervivencia como líder, en un momento en el que la sociedad actual y la industria de las telecomunicaciones no tienen nada que ver con la que imperaba durante la época de Kim Jong-il, quien podía mantener con mayor facilidad el hermetismo de la sociedad.

Para el analista Michael Breen, autor de la obra Kim Jong-il,  la base de la estructura que han diseñado los Kim para mantenerse en el poder se puede definir como un castillo de naipes, donde una vez que los medios que sostienen al régimen dejen de ser útiles, este podría desmoronarse muy rápidamente. Así, está claro que la amenaza real al régimen de los Kim no es externa, sino interna. En este sentido, si el régimen quiere asegurar su supervivencia, tal vez debería empezar a plantearse el cambio de modelo de una economía planificada a una mixta, como en China o Vietnam, pues hasta ahora ha sido incapaz de mejorar los estándares de vida de los norcoreanos.

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