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Las esferas de influencia de Australia: efectos en China

Australia aspira a la constitución de una zona de influencias a su alrededor que le sirva de colchón con respecto a China, llevando a cabo diferentes estrategias para lograrlo.

Australia, el mayor Estado de Oceanía, destaca por una economía fuerte, unas instituciones democráticas sólidas y un desarrollo consolidado. Sin embargo, esta situación no ha derivado exclusivamente del esfuerzo nacional, sino que gran parte de la riqueza australiana proviene de la explotación económica en el exterior, así como de la política exterior dirigida desde Canberra.

La situación geográfica de los Estados influye mucho en la política exterior de los mismos. A su vez, la historia y las conexiones culturales suplen en ciertas ocasiones las barreras físicas entre las naciones interconectándolas de diferentes maneras. Al mismo tiempo, pese a que legalmente todos los países son iguales, en cuanto a las capacidades de actuación y la influencia se refiere ello no es así. Algunos destacan por ser potencias regionales o incluso superpotencias, lo que provoca que otros se vean envueltos en sus órbitas. En este sentido, denominamos como esferas de influencia al conjunto de naciones que ven su política exterior condicionada o supeditada por otro país, ya sea por la representación del poder o por cualquier otra característica.

Australia desearía expandir sus esferas de influencia en cuanto a tres vectores:

  • Los Estados oceánicos de las regiones de la Melanesia, Polinesia y Micronesia.  
  • Los países vecinos (entre los que destacan Papúa Nueva Guinea e Indonesia), el sudeste asiático y la India.
  • Aquellos territorios con los que comparte la herencia colonial y, por lo tanto, la cultura anglosajona (Nueva Zelanda, Fiyi…)

Estos focos tienen una serie de objetivos comunes:

  1. En primer lugar, se pretende fortalecer las relaciones con los Estados próximos con el objetivo de generar mayores sinergias a una escala multinivel que permitan al país encontrar ventanas de oportunidad en relación a su política exterior.
  2. En segundo lugar, se pretende establecer un colchón de protección ante la influencia china en la región de Asía-Pacífico.

Australia cuenta con una posición histórica con relación al comunismo muy dura. Como firme aliado de Estados Unidos, durante la Guerra Fría sirvió a Washington como un importante aliado estratégico. Japón, por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, no podía asumir una posición internacional dura en la región, por lo que el gobierno de la antigua colonia penal tuvo que asumir el protagonismo de tal tarea de contención proxy.

Esta doctrina, denominada “Defensa Avanzada”, ha sufrido variaciones a lo largo del tiempo debido a los sucesivos cambios de situación dados. El final de la Guerra de Vietnam fue uno de ellos. La población australiana no vio con buenos ojos en ningún momento la intervención sobre el terreno. El resultado del conflicto y la retirada de las fuerzas estadounidenses y aliadas tuvo una consecuencia más allá de lo militar. Desde ese momento, la política exterior australiana giró hacia una doctrina más basada en el cumplimiento de sus propios intereses y la autosuficiencia, pero sin dejar de ser la punta de lanza de Occidente en la zona.

Con esta “relajación”, las relaciones con Pekín sufrieron una mejora sustancial, lo cual coincidió con el periodo de aperturismo liderado por Deng Xiaoping. Sin embargo, pese a existir una relación intensa de inversiones y comercio entre los dos países, la tensión nunca ha desaparecido. La llegada de Xi Jinping al poder ha despertado los fantasmas del pasado y activado las alarmas. China ha adoptado una posición más asertiva en cuanto a la expansión de sus zonas de influencia, ya sea mediante el poder cultural o mediante el comercio internacional.

Este hecho puede perjudicar los dos pilares de la política exterior australiana previamente mencionados. Es por ello que la reacción ha sido inmediata y Australia se ha revuelto contra el gigante asiático.

La expansión de los proyectos chinos a lo largo de países como Papúa Nueva Guinea, Indonesia o Filipinas han sido motivos de preocupación sustancial. A su vez, el aumento de la cooperación internacional y las relaciones bilaterales con los Estados insulares del Pacífico ha molestado profundamente a Australia.

Esta situación de calma tensa se refleja como en ningún otro sitio en el plano militar. La creciente venta de armamento militar por parte de Japón, junto con la celebración de maniobras militares conjuntas entre Australia y la India han constituido acciones amenazantes para los intereses chinos.

Por otro lado y considerando lo mismo, tampoco fue de agrado el encuentro con buques chinos cerca de las aguas territoriales australianas en julio de 2021, además del incidente sobre la imagen compartida por Twitter por el portavoz del ministerio chino de Asuntos Exteriores, Zhiao Lijian, en la cual se representaba a un soldado australiano poniendo un cuchillo en el cuello de un bebé en referencia a las supuestas acciones ilícitas de Australia sobre el terreno en Afganistán.

Lijian Zhao
Captura de pantalla del tweet de Zhao Lijian. Foto: Hong Kong FP

Por último, el lanzamiento de la iniciativa AUKUS ha sido el mayor disparador del enfrentamiento entre ambas naciones. El pacto de seguridad multilateral entre EE. UU., el Reino Unido y Australia pretende reforzar la cooperación militar en el Indo-Pacífico a la vez que facilita a Australia la adquisición de submarinos de propulsión nuclear. China ha acusado a estos tres de tener una mentalidad hostil.

Incluso Nueva Zelanda, cuyas relaciones con Australia son primordiales dentro de su esfera de influencia anglosajona, ha declarado su aversión a este plan debido a su política claramente antinuclear. A todo ello, se le suma la cancelación del encargo de submarinos a Francia, agriando las relaciones con París.

Como se puede observar, las tres esferas de influencia australianas se encuentran profundamente interconectadas. El eje anglosajón, junto con los propios intereses australianos, configura en gran medida la política exterior sobre las islas del Pacífico y las regiones de proximidad. Australia sigue destacando por ser una herramienta primordial para poner freno al crecimiento chino, pero a la vez tiene que mantener un equilibrio en sus relaciones con Pekín por el grado de interdependencia económica existente entre ambos, más teniendo en cuenta la pertenencia de ambos a la RCEP —el mayor acuerdo comercial del mundo, que ha entrado en vigor este año—.

Ciertamente, Australia seguirá manteniendo un perfil duro allí donde sus empresas y el Estado tienen mayor presencia, pero su influencia tiene un límite y, muchas veces, esta misma está desgastada por su propio pasado. Cooperación y división serán las dos tendencias que más predominarán entre China y Australia. El Pacífico puede convertirse en el escenario de una nueva Guerra Fría cuyas consecuencias son imprevisibles

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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