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La erupción volcánica en Tonga y sus consecuencias

El pequeño Reino de Tonga se ha visto afectado por la erupción del volcán Hunga Tonga-Hunga Haʻapai cuyas consecuencias han movilizado la ayuda internacional y a las potencias de la región

El pasado sábado 15 de enero, el volcán submarino de Tonga, Hunga Tonga-Hunga Haʻapai, que conectaba las islas con el mismo nombre, entró en erupción violentamente, con una fuerza pocas veces observada. Dos horas después, las dos islas estaban separadas por el océano ya que la masa de tierra volcánica que las hacía ser una había dejado de existir.

Imagen satelital de la geografía previa a la erupción del volcán. Fuente: Wikimedia Commons

Esta erupción no ha sido la primera registrada de este volcán, pero sí la más violenta. Según los expertos vulcanólogos este tipo de erupciones se suelen producir cada 1000 años, teniendo en cuenta las características propias del mismo.

La magnitud de la explosión provocó un maremoto que afectó a otras islas de la región e incluso alcanzó las costas del continente americano. El tsunami llegó hasta Perú y provocó destrozos en la plataforma petrolífera de “La Pampilla”, motivo por el cual se produjo un derrame de petróleo que ha sido calificado por las autoridades como el peor desastre ecológico de los últimos 50 años.

Sin embargo, donde más ha afectado este tsunami es en el propio Reino de Tonga. Como una de las naciones con la altitud media más baja del mundo, las principales infraestructuras del país han quedado seriamente dañadas.

Desde las carreteras, pasando por los barrios residenciales a las reservas de agua, la mayor parte del territorio ha resultado inundado. De la noche a la mañana ha pasado de ser un paraíso, a necesitar ayuda internacional para poder suministrar agua potable a su población. Los Estados vecinos han sufrido también el impacto del volcán.

Un desastre para Tonga, y para el Pacífico

Fiyi y la Samoa Americana declararon haber recibido daños como consecuencia del tsunami. El resto países bañados por el océano Pacífico ha constatado la llegada del mismo, pero sin que este haya generado ningún tipo de incidencia, como así han hecho saber los gobiernos de Japón, Nueva Zelanda y Australia, entre otros.

Los pequeños territorios de las regiones de la Melanesia, Polinesia y Micronesia han trabajado en los últimos 20 años por reforzar su posición y sus instrumentos de cooperación ante emergencias y catástrofes naturales, que han aumentado por culpa del cambio climático. Por ello, existe una solidaridad patente entre estas naciones, las cuales se asisten por motivos tanto humanitarios como de conexión cultural.

Fiel reflejo de ello es la existencia de su propio grupo negociador en las reuniones de la COP (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). El principal daño que provocan este tipo de erupciones a los países del Pacífico no es tanto en vidas humanas como en la viabilidad de la habitabilidad. Los tsunamis no solo causan destrucción material, sino que también hacen que ciertas zonas cultivables dejen de serlo por la salificación de la tierra.

La reducción de la capacidad de producción agrícola hace a los Estados tener que importar mayor cantidad de alimentos, lo que encarece los productos y empobrece al país. La mayoría de los Estados insulares de la región son países sin unos ingresos destacadamente altos, por lo que este tipo de sucesos afectan en mayor medida que a los países más desarrollados en la vida diaria de sus ciudadanos.

Por lo tanto, es esperable que el coste de la vida se eleve para los habitantes del Reino, al menos a corto plazo y a la espera de cuantificar los daños reales sobre la tierra. Los costes de reconstrucción de las infraestructuras también serán elevados, pero estos se encuentran mayormente cubiertos por los esfuerzos de cooperación internacional. La sociedad china de la Cruz Roja junto con la de Singapur han anunciado la donación de 150.000 dólares.

¿Soft power o solidaridad genuina?

Nueva Zelanda es uno de los grandes apoyos actuales de Tonga, ya que por capacidades y cercanía es el principal socio al que acudir. Desde Wellington ya se ha comunicado a través de la embajada el envío de alimentos y agua potable mediante el buque HMNZS Aotearoa y un Hércules C-130, así como el compromiso de ayudar en la medida de lo posible a que las líneas de conexión a internet se reestablezcan cuanto antes, ya que, debido a la explosión producida por el volcán, los cables submarinos han sido destrozados. Australia también ha mandado personal militar a las zonas afectadas en coordinación con las armadas de Fiyi y Nueva Zelanda.

Por su parte, el Foro de las Islas del Pacífico —la Organización Internacional más importante de la región— anunció la activación de sus mecanismos y herramientas de asistencia. El gobierno de Tonga ha solicitado ayuda a las Naciones Unidas con el fin de, una vez pasados los momentos más críticos, evaluar y establecer un plan de reconstrucción apoyado por la comunidad internacional.

El Foro de las Islas del Pacífico

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Logo de las Islas del Pacífico. Fuente: Wikipedia Commons

El Foro de las Islas del Pacífico es la Organización Internacional más destacada de la región. Con sede en Suva (Fiyi), nació en 1971, entonces bajo el nombre de Foro del Pacífico Sur. Sus idiomas oficiales son el inglés y el francés y está conformada por 9 Estados independientes (Australia, Nueva Zelanda, Samoa, Vanuatu, Islas Salomón, Fiyi, Tonga y Tuvalu), 2 Estados libres asociados de Nueva Zelanda (Islas Cook y Niue, con Tokelau como miembro asociado) y las colectividades de ultramar francesas de Nueva Caledonia y la Polinesia Francesa (Wallis y Futuna es observador).

Map indicating the members and associate members of the Pacific Islands Forum
Miembros del Foro de las Islas del Pacífico. Fuente: Wikipedia Commons.

Ha sido la organización que históricamente ha tenido más recorrido, intentando siempre fomentar la cooperación multinivel entre los distintos Estados de la región, así como el desarrollo económico y el comercio. Internacionalmente es también la que goza de mayor reconocimiento dentro del sistema internacional.

Es importante recordar que las potencias regionales siempre buscan ampliar sus espacios de influencia. Incluso en una erupción volcánica, la geopolítica tiene su cabida. Australia y Nueva Zelanda asisten a Tonga como una respuesta de poder blando más allá de las razones puramente humanitarias. A este juego se ha sumado China, que busca reducir la influencia australiana en el Pacífico a la vez que expande la suya propia.

Una lección para el futuro

La recuperación no será rápida, pero es más que viable. A ello ha contribuido principalmente el desarrollo de unas relaciones de vecindad multilaterales y las propias necesidades y características del lugar.

Este hecho debería hacer reflexionar dos cosas a los miembros de la comunidad internacional. Por una parte, la necesidad de proteger a los Estados más previsiblemente afectados por las ya más que seguras consecuencias del cambio climático. Y por la otra parte, intentar buscar la generación de manera proactiva de mecanismos de adaptación y de asistencia regionales que minimicen los daños al máximo posible.

La interdependencia no sólo se restringe a la economía, sino a la totalidad de los aspectos de la vida diaria del ser humano, ya que compartimos la característica común de vivir en el mismo planeta. Por ello, esta erupción tiene que servir como recordatorio de todas las variables que se deben de afrontar en el futuro cercano a escala global.

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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