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¿Por qué el ejército dio un golpe en Myanmar?

El 1 de febrero de 2021 un golpe de Estado terminó con la democracia tan difícilmente conseguida en Myanmar. Recapitulamos las razones por las cuáles se llegó a producir.

El 1 de febrero de 2020, los militares tomaron el poder a través de un golpe de Estado en Myanmar deponiendo al gobierno elegido democráticamente de la Liga Nacional para la Democracia (LND), arrestando, entre otros, a su líder, la premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi

El golpe ha roto abruptamente con la esperanza de todo un país para una mayor democratización después del sorprendente cambio de rumbo de los militares —que habían gobernado el país desde el golpe de 1962— iniciado a principios del siglo XXI.

A través de esta breve historia de la democracia birmana, trataremos de responder a esta pregunta: ¿por qué el ejército dio un golpe de Estado en Myanmar?

Introducción: una nueva esperanza

Tras varias décadas de un duro régimen militar y de aislamiento internacional, el Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo —la Junta militar que había estado gobernando el país desde 1988— decidió aprobar el borrador de una nueva Constitución por la cual se abría a una relativa democracia en 2008.

No obstante, los militares se reservaron una fuerte presencia en los futuros gobiernos, pues una cuarta parte de los miembros de ambas cámaras legislativas —que se denominó Asamblea de la Unión— serían nombrados por la jefatura militar. Es lo que la junta militar denominó “democracia disciplinada”.

Asimismo, el Tatmadaw —el nombre que recibe el Ejército en Myanmar— se aseguró el control de los ministerios clave en el ámbito de la seguridad, es decir, los ministerios de defensa, interior y asuntos fronterizos. Así, estos ministros serian seleccionados por el jefe del ejército y no por el presidente. En resumidas cuentas, se creaba un nuevo sistema político en el cual el gobierno civil y el ejército compartían poderes.

Día de las Fuerzas Armadas de Myanmar 2021. Foto: Mil.ru/ Wikimedia Commons

Por otro lado, se aprobó una serie de nuevas leyes para la reforma electoral. Entre otras cosas, se anularon las elecciones de 1990 —el primer intento de democratización del país— y se prohibió la elección de personas casadas con extranjeros o condenadas por delitos.

El objetivo era claramente Aung San Suu Kyi, hija del líder nacionalista Aung San, que lideró la iniciativa democratizadora en el país a principios de los años 90, lo que le valió el premio Nobel de la Paz en 1991. La imposibilidad para presentarse tanto para Aung como otros líderes de la Liga Nacional para la Democracia (LND) —que habían ganado las anteriores elecciones de 1990— hizo que el partido se tuviera que disolver.

Finalmente, las elecciones de 2011 dieron lugar a una victoria por parte del Partido de la Unión, la Solidaridad y el Desarrollo (PUSD) y el Partido de la Unidad Nacional (PUN) —ambos con una clara postura pro-militar— en medio de unas fuertes críticas internacionales. Thein Shein, un exgeneral que había actuado como primer ministro del país desde 2007, se convirtió en el primer presidente de la nueva era democrática. 

Nudo: el retorno de la LND

En 2012, se permitió que la LND se registrase como un partido oficial y presentar candidatos para las elecciones parciales celebradas ese año. La LND consiguió 43 de los 45 escaños que se presentaron a elección y Aung San Suu Kyi entró en el parlamento.

Las elecciones parlamentarias de 2015 fueron las primeras libres del país. La LND consiguió una mayoría de los escaños, sin embargo, debido a las restricciones impuestas a Aung San Suu Kyi —no podía ser presidente alguien que tuviera cónyuge (o excónyuge) o hijos con nacionalidad extranjera, siendo sus hijos británicos—, Htin Kyaw se convirtió en el primer presidente de la LND del país.

Aung San Suu Kyi en una visita a la ONU (Génova). Foto: UN Geneva/Flickr

La premio Nobel, por su parte, ejerció diversos cargos como ministra de asuntos exteriores, ministra de la oficina del presidente o el puesto de consejera estatal, ejerciendo como la líder de facto del gobierno.

El primer gobierno de la LND prosiguió con las reformas económicas iniciadas por el anterior gobierno de la PUSD, aunque su principal objetivo estuvo en conseguir la ansiada paz en el país.

Desde su obtención de la independencia en 1948, el país ha estado marcado por numerosos conflictos internos, principalmente de carácter étnico, marcado por las tensiones entre la etnia dominante, los bamar, aproximadamente un 70% de la población, y el resto. Entre ellos destaca la Unión Nacional Karen o la insurgencia comunista respaldada durante décadas por la República Popular de China.

En agosto de 2016, se inauguró la Conferencia de Paz de la Unión de Myanmar, iniciando un proceso de paz para finalizar con décadas de guerra civil, desplazamiento, confiscación de tierras, discriminación y pobreza. Entonces, había 20 guerrillas activas y el gobierno anterior había conseguido llegar con algunas de ellas a un acuerdo de alto al fuego en 2015.

Sin embargo, pronto su administración se vería empañada por la cuestión de los rohingya, una minoría étnica musulmana del país que vivía principalmente en el estado de Rakáin. En 2017, el ejército birmano lanzó una campaña militar contra esta etnia que provocó una de las mayores catástrofes humanas de este siglo y obligó a más de 700.000 rohingyas a huir del país.

Rohingyas, musulmanes desplazados. Foto: Tasmin News Agency

Aung San Suu Kyi y su gobierno fueron duramente criticados internacionalmente. Si bien se duda de su implicación directa en los ataques a los rohingya, la premio nobel negó las acusaciones reiteradas de genocidio y su gobierno negó el acceso a la relatora especial de la ONU sobre derechos humanos.

En su intervención en la Corte Internacional de Justicia en diciembre de 2019, dijo, “si los miembros de los servicios de defensa de Myanmar han cometido crímenes de guerra, serán procesados a través de nuestro sistema de justicia militar”.

Mientras tanto, en 2018, Htin Kyaw renunció abruptamente a su cargo, siendo sustituido posteriormente por Win Myint, también de la LND y muy cercano a Aung San Suu Kyi.

Desenlace: el Tatmadaw contrataca y la vuelta al ostracismo

En noviembre de 2020 se celebraron unas nuevas elecciones parlamentarias en el país. Esta vez, la LND volvió a conseguir una clara mayoría de los escaños en ambas cámaras, mientras que el PSUD —el partido alineado con los intereses del Tatmadaw— había visto reducir considerablemente su fuerza en el parlamento.

Tanto el PSUD como el Tatmadaw rechazaron el resultado de las elecciones y las consideraron fraudulentas, pidiendo una nueva vuelta a las urnas. Sin embargo, la comisión electoral rechazó estas acusaciones negando haber visto ninguna irregularidad, afirmación que fue respaldada por los observadores internacionales.

Ante esta situación, el ejército solicitó al gobierno el retraso de la apertura del parlamento, que debía producirse en febrero de 2021, sin embargo, esta solicitud fue rechazada.

El 1 de febrero de 2021, tal y como estaba previsto, se pretendía inaugurar el nuevo parlamento, pero nunca llegó a producirse. El Tatmadaw tomó el poder y Aung San Suu Kyi, U Win Myint y otros miembros de la LND fueron arrestados.

Myint Swe, del PUSD, asumió el cargo de presidente e inmediatamente invocó los artículos 417 y 418 de la Constitución, declarando un estado de emergencia por un año y entregando el control de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial al comandante en jefe de las fuerzas armadas, Min Aung Hlaing.

Min señaló entre las razones la necesidad de resolver las irregularidades de las últimas elecciones y la negativa del gobierno a posponer la apertura del parlamento.

El Tatmadaw tomó rápidamente el control de las infraestructuras del país, suspendió la mayoría de las transmisiones de televisión  y canceló todos los vuelos nacionales e internacionales. Asimismo, se suspendió el acceso a internet y las telecomunicaciones por teléfono.

Las protestas pacíficas contra el golpe se propagaron por todo el país, pero pronto fueron duramente reprimidas por los militares y se volvieron mortales cuando el 20 de febrero de 2020, las fuerzas de seguridad mataron a dos manifestantes en Mandalay.

Protesta en Myanmar contra el golpe militar. Foto: Htin Linn Aye/ Wikimedia Commons

Desde entonces, según un grupo de monitoreo, 1.499 personas han sido asesinadas, 11.810 arrestadas y 654 personas han sido condenadas, de las cuales 45 han sido a muerte.

Un año después del golpe, el país está en una situación cada vez más complicada. Lo más alarmante de todo es que se han creado levantamientos —también se han reactivado algunos conflictos interétnicos— contra la junta militar y a medida que estas se amplían, según señaló Michelle Bachelet —Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos—, Myanmar se está adentrando peligrosamente a una escalada que podría derivar en una guerra civil

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Por Bienvenido Chen Weng

Interesado en la política en Asia Oriental y el Sudeste Asiático. Asimismo, sigo con especial interés la evolución de la creciente competición sino-estadounidense y la política de la Unión Europea hacia China.

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