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Los gurkhas, supersoldados al servicio de una nación extranjera

Los gurkhas son supersoldados de origen nepalí que sirven en los ejércitos de varias tropas extranjeras, principalmente el Reino Unido. ¿De donde viene esta asociación? ¿por qué sirven estos soldados a un Gobierno extranjero?

Los gurkhas, una brigada de élite compuesta por nepalíes, se han forjado una reputación envidiable y, desde el siglo XIX se han ganado el respeto, la admiración y la cartera de Westminster, que convoca regularmente levas para proveerse de personal militar.

La palabra gurkha designa a los nepalíes que prestan o prestaron servicio en el Ejército Británico. Es una versión simplificada de la palabra gorkhali. A pesar de que el origen de esta palabra se remonta al siglo VIII, cuando la población local comenzó a llamar “Gorkha” a un pequeño poblado situado en las colinas al oeste del Valle de Katmandú, su fama floreció a partir de la guerra que enfrentó a las fuerzas británicas de la Compañía de las Indias Orientales (y otras fuerzas locales) y al Ejército gurkha del Reino de Nepal.

Durante la guerra Anglo-Nepalí (1814-1816), los oficiales británicos se sorprendieron por el instinto natural de guerreros que tenían sus adversarios. En esa contienda, el ejército británico contaba con 42.000 soldados con las armas más avanzadas, con una formación muy moderna y con un liderazgo muy experimentado. Frente a una fuerza de 16.000 nepalíes —donde también había mujeres y niños—, con armas poco sofisticadas y un sistema primitivo de entrenamiento, la balanza estaba claramente a favor de los primeros.

Sin embargo, para sorpresa de los británicos, las fuerzas nepalíes aguantaron su embestida hasta en dos ocasiones, y sólo en la tercera, después de un coste material y humano muy alto, lograrían subyugarlos. El conflicto terminó con la firma de un acuerdo de paz, el Tratado de Sugauli. Desde entonces, las dos naciones han ido forjando una relación estrecha que todavía hoy continúa siendo fuerte.

La contienda, además de ser el punto de partida de las relaciones bilaterales entre ambas naciones, esclareció dos aspectos fundamentales: en primer lugar, derribó el mito de la invencibilidad del ejército británico, y, por otro lado, consolidó otro en su lugar, la bravura de los soldados gukhas. Para comprender la estima y la admiración hacia esta tropa de élite, es pertinente parafrasear a uno de los mariscales de campo del Ejército del Raj Británico, Sam Manekshaw, cuando llegó a afirmar que “si un hombre dice que no tiene miedo a morir, está mintiendo o es un gurkha”.

El fin del mito de la invencibilidad

Aunque Nepal perdió la guerra, resultando en que los británicos se anexaran un tercio de sus territorios, la contienda supuso un antes y un después en la historia del imperialismo británico y barrió el mito de la invencibilidad de su poder militar. Como resultado de esta victoria pírrica, las autoridades británicas se vieron obligadas a reconocer y respetar el espíritu luchador y las cualidades marciales de los gurkhas.

Por esta razón, se apresuraron a reclutarlos entre sus filas, incluso clandestinamente cuando la guerra todavía no había llegado a su fin. La victoria final frente a los nepalíes y la memoria a los oficiales caídos se conmemoró con un monumento, el Monumento Ochterlony, erigido en la ciudad india de Calcuta. Esta figura fue rebautizada en 1969 como Shaheed Minar, en honor a los mártires del Movimiento de Independencia de la India.

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Soldados gurkhas del Ejército Británico. Fuente: Wikipedia Commons

La primera vez que los británicos recurrieron a los gurkhas (informalmente) en su ejército fue en 1853. Sin embargo, esta no fue la primera en la que los célebres gurkhas lucharon para un ejército extranjero. Ya habían demostrado su valía y su lealtad a otros gobernantes. El majarás Ranjit Singh, apodado como “el león de Punjab”, los utilizó en un ejército sij. El exiliado emir de Afganistán, Abdur Rahman Khan, también gozó de sus servicios como guardaespaldas.

Unos años después de la guerra Anglo-Nepalí, la cuestión de los gurkhas se llevó a discusión. Las opiniones eran variadas. Edward Gardner, primer residente británico en Nepal tras la guerra, se mostró preocupado por lo que podría acarrear una absorción de un gran número de soldados gurkhas en el ejército. El Comandante Jefe (1823-1825) Edward Paget abogó por un aumento de los batallones existentes y la constitución de un nuevo batallón gurkha. De manera similar, Sir Charles Napier, Comandante Jefe de la India entre 1848 y1849, expresaría pretensiones similares. Sir Henry Lawrence, que sirvió como residente británico en Nepal, también fue uno de los defensores de la incorporación de los Gurkhas a las filas británicas.

Ninguno de los tratados firmados durante esos años contenía una sola disposición referida al reclutamiento de Gurkhas. El gobierno nepalí tampoco lo reflejó de ninguna manera. Desde el siglo XIX, los gurkhas fueron la principal ancla que ataba a los británicos a Nepal, los gurkhas era el activo más valioso del ejército en la India y las autoridades británicas utilizaban cualquier medio para reclutarlos, desafiando la voluntad del gobierno nepalí.

El activo más valioso del Ejército del Raj Británico

El motín de los cipayos de 1857 y la participación de un gran contingente militar de tropas nepalíes bajo las órdenes del primer ministro Jang Bahadur supuso un punto de inflexión en la participación de las unidades gurkhas junto a las británicas. Británicos y nepalíes trabajaron codo con codo para extinguir la revuelta y se fue formando un espíritu de camaradería y simpatía mutua. Después de esta fecha, cuando el gobierno británico asumió el control directo sobre los asuntos indios —hasta entonces bajo control de la Compañía Británica de las Indias Orientales—, se puso manos a la obra para sistematizar y reorganizar el reclutamiento y gestión de tropas gurkhas.

No fue hasta 1885 cuando el gobierno nepalí comenzaría a hacer algunas concesiones en materia de reclutamiento de gurkhas, que hasta entonces continuaba siendo una actividad sub rosa. Sobre esa fecha, el gobierno de Nepal estaba interesado en adquirir armamento y munición modernos de la India para equipar a su ejército, teniendo en mente una potencial guerra contra el Tíbet. Así es como nacería una política de concesiones mutuas: Nepal permitiría el reclutamiento de gurkhas y Gran Bretaña le suministraría armas.

Al principio esta política no se aplicaría, puesto que a los británicos no les entusiasmaba la idea de suministrar armas a Nepal. En 1893, los dos países llegaron a un acuerdo bajo el cual Nepal accedió a proporcionar reclutas gurkhas a cambio de armamento y munición. Este acuerdo se cumplió parcialmente. Nepal permitió el reclutamiento, pero las autoridades británicas no cumplieron con lo acordado. Este pacto tácito fue cumplido tajantemente por los sucesivos primeros ministros nepalíes, pero no por la parte británica.

El rey Prithvi Narayan fue el fundador histórico del Nepal moderno, convirtiendo a Gorkha en el Reino de Nepal; Jang Bahadur expandió el poder de Nepal a todo el continente asiático, siendo reconocido incluso por los británicos; Chandra Shumsher colocó a Nepal en la escena internacional, a través de sus contribuciones militares en la Primera Guerra Mundial.

Este último, conociendo su creciente influencia, pidió a los británicos la modificación del Tratada de Sugauli. Chandra Shumsher quería incorporar algunos elementos para enfatizar el espíritu de igualdad y respeto mutuo entre las dos naciones. Por su parte, los británicos tenían en mente blindar el acuerdo informal de reclutamiento de gurkhas nepalíes en su ejército.

Durante las negociaciones, los británicos expresaron su voluntad de elaborar un acuerdo nuevo o incorporar la cuestión de los gurkhas en un nuevo tratado. Finalmente, viendo la firme oposición de Chandra Shumsher a un acuerdo duro y rápido sobre el reclutamiento de gurkhas, los británicos desistieron. El 21 de diciembre de 1923, las dos partes firmaron un tratado donde, entre otras cosas, se reconocía a Nepal como un estado independiente y soberano, capaz de conducir su propia política exterior. Esta última era una de las limitaciones establecidas en el Tratado de Sugauli. Chandra Shumsher accederá finalmente a dar una garantía, por escrito, de que se permitiría el reclutamiento de los gurkhas.

La teoría de las razas marciales

A finales del siglo XVIII, existían dos cuerpos militares diferenciados del Ejército Británico estacionados en la India. El primero consistía en un destacamento del Ejército Real, desplegado desde la metrópoli. El segundo, que triplicaba en tamaño al anterior, era el Ejército Indio Británico (o Ejército del Raj Británico), que fue hasta mediados del siglo XIX el ejército de la Compañías Británica de las Indias Orientales. Este, a su vez, se dividía en tres fuerzas nativas, cada una de ellas con su presidencia: Madrás o Chennai (al sur), Mumbai (en el oeste) y Bengala (al este). Estas fuerzas estaban al servicio del Comandante Jefe de la fuerza de Bengala.

Es también a partir de este momento cuando el ejército británico iniciará el reclutamiento de guerreros gurkha para su despliegue junto a otras fuerzas regulares y las denominadas razas marciales. La teoría de las razas marciales bebía directamente de una de las cuatro varnas del sistema de castas, la de los kshatriya (guerreros). De esta forma, las razas marciales, donde se incluían entre otros los sijes, awanis, gakhalis, los baluchis y los pastunes, destacaban por su espíritu mercenario.

El concepto de raza marcial fue construido, legitimado y desarrollado como una ideología. Para la teórica de Relaciones Internacionales Cyntia Enloe, esta noción “distingue una comunidad étnica como una que está inherentemente inclinada a las ocupaciones militares; posee algunas características especiales imbuidas en su aspecto físico, en su ‘sangre’”.

Esta teoría, cuyo fundamento se basa más en una creencia colonial que en el hinduismo, aplicada a los gurkhas, argumenta que las personas de raza marcial tienen un don heredado y que también presentan un factor climático: las regiones montañosas producían a los mejores soldados. El oeste de Nepal era idóneo para encontrar a los mejores soldados marciales. Esta era una creencia tanto de los británicos como de los indios. Este mito es quizás la razón por la cual Gran Bretaña continúa reclutando nepalíes desde edades muy tempranas.

¿Por qué los nepalíes quieren unirse a las filas británicas?

Este reclutamiento era, evidentemente, voluntario. Los británicos no obligaban a los nepalíes a luchar para ellos. Ningún ciudadano estaría dispuesto a luchar por otro país que no fuera el suyo, eso está claro. Las buenas condiciones económicas son la principal causa por la que miles de jóvenes prueban suerte en las pruebas de selección para ingresar en el ejército británico.

Buenos salarios, acomodación y condiciones de vida excelentes son los beneficios que convertirse en un soldado gurkha. Un aumento en el estatus es otra de las ventajas que vienen en el paquete. El Tratado Tripartito entre Gran Bretaña, Nepal y la India de 1947, reconoce los derechos de los gurkhas que prestan sus servicios al ejército británico e indio.

Actualmente hay soldados gurkha que sirven a cuatro países distintos: a Gran Bretaña, donde destacan tres batallones en el Cuerpo Real Gurkha de Rifles y los Ingenieros gurkha de la Reina; a la India, con siete regimientos; a Brunéi, donde conforman la Unidad de Reserva gurkha, y a Singapur, que los recluta del ejército británico para integrarlos en el Contingente gurkha, que se incorpora a su vez en la Fuerza de Policía de Singapur.

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Por Omar Benaamari Hedioued

Estudiante del Máster en Periodismo Internacional (URJC). Interesado en la política de los países del Sudeste Asiático y Asia Central y la genealogía del Islam en el conjunto de los países del continente asiático.

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