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¿Debe unirse Bangladesh a la RCEP? Ventajas e inconvenientes

El galopante crecimiento económico y el poder demográfico de Bangladesh son factores que podrían permitir su incorporación a la RCEP, pero aún tiene demasiados problemas internos con los que lidiar.

«El siglo XXI será el siglo de Asia». Con estas palabras, el líder chino, Deng Xiaoping anunciaba la emergencia de Asia como el nuevo continente con mayor peso económico rompiendo con la lente occidental que ha tendido a asumir su hegemonía sobre los países orientales, como afirmaba el sociólogo palestino Edward Said. La entrada en vigor de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) parece confirmar la afirmación de Deng.

Este tratado abarca la mayoría de Estados que forman parte de la ASEAN + 5 —concretamente Australia, Brunéi, Camboya, China, Japón, Laos, Nueva Zelanda, Tailandia, Singapur y Vietnam— y se ha constituido el mayor Tratado de Libre Comercio del mundo.

Asimismo, el tratado se ha caracterizado por la participación de Estados con unas relaciones caracterizadas por la rivalidad y la tensión, como Corea del Sur y Japón, o Australia y China. Estos, además, a pesar de encontrarse en distintas etapas de desarrollo económicos, conforman el 30% de la población mundial. Asimismo, representan un 30 % del Producto Interior Bruto.

Asia es vista como el continente del futuro debido a su elevada demografía, sus condiciones geográficas y las políticas gubernamentales que inciden en la liberalización de las industrias del futuro. Estas características pueden confirmar al continente como el motor económico del planeta. Un hecho que verifica la visión del diplomático de singapurense, Kishore Mahbubani, quien considera que la superioridad occidental sobre oriente está llegando a su fin.

No obstante, pese a la firma del acuerdo, no todos los Estados de Asia han aceptado unirse. Destaca la decisión de la India de abandonar las negociaciones, cuando estas estaban a punto de materializarse. El argumento esgrimido por Nueva Delhi para abandonar el acuerdo se refería a la preocupación por los productos manufacturados de China y los agrícolas y lácteos de Australia y Nueva Zelanda, que podrían afectar a sus propios sectores industriales y agrícolas nacionales. Del mismo modo, según Zia Haq, editor asociado de Hindustan Times: «India teme que el RCEP limite su espacio para la formulación de políticas en áreas como la inversión extranjera», lo que supone, en cierto modo, una renuncia de su soberanía.

Al igual que la India, Bangladesh también ha evitado, inicialmente, firmar el acuerdo. Sin embargo, actualmente, Dacca se encuentra analizando si debe cambiar su posicionamiento y unirse al acuerdo comercial. En este punto, se plantea una pregunta esencial: ¿se beneficiaría Bangladesh de un ingreso en la RCEP?

Gigante demográfico, ¿gusano económico?

Aunque Bangladesh no ha sido un país que haya recibido mucha atención ya que es considerado como un país menos importante que, entre otros, India, China, Japón o Corea e incluso Taiwán, Indonesia, Malasia o Vietnam, todos ellos por encima en el ranking de poder de Asia Pacífico que publica anualmente el Lowy Institute. Sin embargo, si asumimos la demografía como un factor relevante para el desarrollo económico, se trata, ciertamente, de un país muy potente, ya que tiene una población de unos 165 millones de habitantes, una cifra superior a la de Rusia o Japón, y que triplica a la de Corea del Sur.

Desde principios del siglo XXI, el país ha mostrado elevados niveles de crecimiento económico, siendo considerado uno de los Estados que más rápidamente ha crecido en los últimos años con un crecimiento interanual del 5% de media. Sin embargo, el país presenta aún elevados niveles de desigualdad: un 20,5% de la población vive aún bajo el lindar nacional de la pobreza.

Este hecho, junto con la baja renta per cápita del país y la inexistencia de un sistema bancario capaz de estimular el crédito para empresas, familias y gobiernos ha causado que Bangladesh se encuentre hoy en día sometido a los intereses de grandes empresas extranjeras, quienes motivadas por la cuantiosa mano de obra barata y la falta de legislación laboral en favor de la protección de los trabajadores han hecho que sea la inversión extranjera la que tire de la economía.

Cabe afirmar que Bangladesh se ha constituido como una excepción, puesto que, a pesar de ser un país asiático, la mayoría de sus exportaciones se dirigen a los principales países europeos, tales como, Alemania, Reino Unido, Francia o España y los Estados Unidos, mientras que si sumamos las exportaciones hacia las 4 grandes economías asiáticas —China, Japón, India y Corea del Sur—, estas no alcanzan al 10% del total (7,25% aproximadamente).

Un proyecto de industrialización fallido

Históricamente, la economía bangladeshí ha tenido una gran dependencia de la agricultura y del sector primario, lo que ha llevado a la generación de bajos niveles de vida de los granjeros y una economía estacional. La obtención de la independencia de Pakistán, en 1971, sirvió para la implementación de ambiciosos programas de industrialización con el objetivo de reducir la dependencia de la agricultura y el incremento de la producción de bienes de consumo para evitar la dependencia de las importaciones. Esta política llevó al desarrollo de una industria basada en el textil, gracias a que el país disponía de abundancia de materias primas autóctonas en esa industria, entre otros, algodón, yute, pieles y cueros, entre otros.

La inversión privada entró en el país como consecuencia de la ineficiencia del programa de nacionalización, centralización y planificación económica que implantó el gobierno de Bangladesh en 1973, y que terminó en quiebra. Consecuentemente, en 1979, se impulsó la privatización de las empresas y los conglomerados estatales. Un contexto que llevó a que la mayor parte pasara a manos extranjeras que se han guiado por los bajos costes laborales del país frente a otras economías emergentes asiáticas como China.

El país ha experimentado ciertos logros durante este tiempo a nivel de desarrollo humano. Entre ellos se puede remarcar, principalmente, la consecución de unos índices de matriculación del 98% en la escuela primaria, aunque en la secundaria todavía se encuentra bastante atrasada, con un 54%. De la misma forma, otro logro ha sido la colaboración de diferentes instituciones, tales como el Banco Mundial, con el objetivo de impulsar la diversificación económica a través de la educación y el empleo como principios rectores. Uno de estos programas ha sido el Proyecto de Perfeccionamiento de capacidades y capacitación.

Sin embargo, el país se enfrenta a una cuestión dilemática, ya que el impulso de la formación académica que el Estado está ofreciendo principalmente a las nuevas generaciones, para la implantación de sectores de alto valor añadido no está surtiendo efecto.

Los estudiantes no se sienten atraídos para desarrollar su carrera profesional en el país, sino que prefieren emigrar hacia grandes potencias económicas como Japón o Corea del Sur para trabajar en compañías punteras a nivel tecnológico y, al mismo tiempo, tener mejores condiciones laborales y económicas. Una situación que podría provocar una fuga de cerebros donde los costes de formación corresponderían a ser financiados por Bangladesh quien no podría beneficiarse de su productividad.

El dilema del RCEP

Dicho dilema abre la puerta a preguntarse si Bangladesh debe realmente entrar a formar parte de la RCEP. El objetivo del tratado se centra en una reducción de barreras tarifarias y arancelarias de la gran parte de productos y servicios en un marco similar a los acuerdos que se pusieron de manifiesto tanto en el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, hoy conocido por el T-MEC). De igual modo, el acuerdo pretende impulsar la liberalización de la Inversión Extranjera Directa (IED) en los países signatarios, considerando la diversidad del nivel de desarrollo económico de los Estados firmantes.

Este contexto podría, ciertamente, favorecer a competidores directos de Bangladesh que también son países en vías de desarrollo, tales como, Myanmar, Laos o Camboya, algunos de ellos con una estructura económica muy similar. La entrada en vigor del tratado, en este caso determinado, podría hacer que Bangladesh ya no se considere como un Estado prioritario para la Inversión Extranjera, por parte de Seúl, Tokio, Pekín o Canberra, en favor de los nuevos miembros. Algo que causaría irremediablemente la pérdida de acceso preferencial a estos mercados y consecuentemente una pérdida de competitividad.

Al mismo tiempo, la política exterior de Bangladesh se ha orientado a desarrollar buenas relaciones con la India y China quienes actúan como los principales socios importadores del país. Sin embargo, las relaciones entre Dacca y Nueva Delhi se han ido erosionando con el tiempo como consecuencia de la utilización de los recursos hídricos del Ganges, por ejemplo, la construcción de la presa Farakka, que priva a los granjeros de Bangladesh de acceder a los recursos hídricos para sus cosechas o los movimientos migratorios de bangladeshíes hacia la India. Por otra parte, Dacca y Pekín han devenido en rivales estratégicos en el marco de la industria textil, puesto que ambos son los dos principales exportadores.

En la búsqueda de nuevos socios

Todo esto abre la puerta a la necesidad de Dacca de tomar en consideración la posibilidad de impulsar sus lazos con los países de la ASEAN y de la RCEP. La reciente firma de un acuerdo, tras más de 16 años de negociación, que ha puesto en marcha un marco de cooperación técnica y económica multisectorial entre Bangladesh y los socios de la ASEAN, la conocida como Iniciativa de Bengala para la Cooperación Técnica y Económica Multisectorial, ha significado la primera aproximación entre los dos.

Bangladesh podría emplear las bases del acuerdo para intentar profundizar en el desarrollo de los lazos y el establecimiento de vínculos claros con los países firmantes de la RCEP que pudieran conducir a una integración potencial. Las autoridades bangladeshíes se encuentran en un debate serio para intentar presentar una iniciativa para participar en el acuerdo, puesto que la solicitud depende de Dacca. Ahora bien, la integración no tendrá lugar de un día para otro, ya que, a pesar de los avances realizados por Bangladesh todavía es necesario el desarrollo de todo un programa de reformas económicas y normativas que puedan garantizar el cumplimiento de las cláusulas que contiene el acuerdo.

Unirse a la RCEP podría impulsar la economía de Bangladesh, especialmente en el contexto de la desaceleración inducida por la pandemia y al mismo tiempo le daría acceso al mercado de la ASEAN, que hoy en día se considera como uno de los más dinámicos y con mayor crecimiento a nivel mundial. Esta conexión de Bangladesh con los mercados regionales y globales podría contribuir a enviar igualmente una señal positiva a los inversores extranjeros quienes podrían establecer empresas filiales en nuevos sectores, tan necesarios para el país, tales como el sector bancario.

A pesar de estas predicciones positivas de una potencial integración, como se ha mencionado, Bangladesh ya cuenta con elevados niveles de inversión extranjera desde 1980, tal vez es necesario plantearse si Dacca debería desarrollar políticas económicas públicas orientadas a estimular la demanda interna para que esta pudiese liderar el nuevo modelo abandonando el monocultivo agrícola, el sector textil y la dependencia de las inversiones de multinacionales extranjeras como fuerzas tractoras del crecimiento económico.

Los grandes desafíos del futuro

El desafío de la economía de Bangladesh no pasa, actualmente, por una mayor apertura del país hacia nuevos mercados ya que, al igual que muchos países del Sudeste Asiático, la exportación ha representado el motor del crecimiento económico que, tímidamente ha permitido el impulso de una clase media, pero que todavía mantiene a un gran número de ciudadanos bajo el umbral de la pobreza. Estas condiciones son aplicables en Bangladesh, donde, como se ha mencionado, un 20,5% de la población del país (unos 35 millones de personas) vive bajo el lindar nacional de la pobreza, aunque según el Banco Mundial, el país ha presentado una tasa de crecimiento interanual del 5%, que le ha situado en el grupo de los “próximos once”, denominación empleada por el banco de inversiones Goldman Sachs, en los once países que en 2005 se presentaban como las economías más prometedoras para la inversión y el desarrollo económico.

Bangladesh, no tiene un problema exterior, sino que los grandes problemas para su economía son endógenos. Estos no tienen relación alguna con las ventajas que la RCEP le puede aportar. Entre los problemas internos más graves que tiene la economía de Bangladesh cabe mencionar los desastres naturales, la falta de productividad de las empresas estatales, la incapacidad del mercado laboral para absorber el crecimiento de la fuerza de trabajo, la obsolescencia de infraestructuras estratégicas, tales como las instalaciones logísticas de carreteras o portuarias, así como los elevados niveles de corrupción y mal uso de los recursos naturales (tanto energéticos como alimentarios).

En esta tesitura, Bangladesh demanda la implementación de políticas económicas a nivel nacional que sean capaces de impulsar el nivel de desarrollo humano a partir de la reducción de las desigualdades y la mejora de los acuerdos con instituciones internacionales como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) o el Banco Mundial, así como el Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras (BAII) para el impulso de proyectos en colaboración conjuntos para mejorar el Índice de Desarrollo Humano junto con el nivel de vida de la población de Bangladesh, priorizando la microeconomía (enfocando la solución de los agentes económicos a nivel individual) por encima de la macroeconomía.

Probablemente, la entrada de Bangladesh en la RCEP actualmente no ofrece posibilidades de mejora en el país, ya que no se han incluido medidas para la protección laboral ni medioambiental. En este contexto de carencia de efectos en materia laboral, Kate Lappin, secretario regional de Asia-Pacífico en Public Services International, dijo que el pacto no incluye disposiciones para mejorar los derechos laborales, y añadió: «El acuerdo puede no ser bueno para a los gobiernos y trabajadores, pero todavía genera beneficios para los inversores extranjeros».

Asimismo, Patricia Ranald del Australian Institute for International Affairs, mantiene una posición similar, ya que afirma que: “A pesar de las afirmaciones sobre los beneficios de los estándares comunes, la RCEP no tiene ningún compromiso con los derechos laborales reconocidos internacionalmente y las normas ambientales que Australia y otros gobiernos de la RCEP hayan avalado a través de Naciones Unidas y la Organización Internacional del Trabajo».

Sin embargo, la hipótesis de una entrada futura en la RCEP podría ser beneficiosa para el país si este es capaz antes de abordar las reformas económicas internas que puedan solucionar las grandes deficiencias económicas y sociales del país, consolidando el crecimiento de la clase media y reduciendo la elevada brecha de desigualdad social, así como impulsando el aumento del poder adquisitivo de la ciudadanía como nuevos factores que estimulen el crecimiento económico.

Una vez que se haya dado una respuesta a los problemas internos, entonces, Dacca se podrá plantear si debe ingresar como nuevo miembro de la RCEP, pero, de momento es prematuro y, en cierto modo, podría ser contraproducente, puesto que podría agravar los problemas actuales de la sociedad, debido a la falta de atención que el acuerdo muestra hacia los derechos laborales o el medio ambiente.

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