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Malasia: la única monarquía rotativa que perdura

De ser una colonia británica a convertirse en una economía en constante crecimiento. Malasia es un país de contrastes y con una importancia geopolítica relativamente desconocida en la comunidad internacional.

El poder tiene que organizarse para ejecutarse. De nada sirve tener la capacidad de imponer voluntades, si el proceso para tal fin no tiene una línea de acción marcada. En este sentido, los seres humanos hemos evolucionado a lo largo de nuestra historia en la manera en que nos organizamos. Los sistemas políticos de los que disponemos hoy en día responden a siglos de transformaciones y sucesos históricos que, en definitiva, son la expresión más manifiesta de las diferenciaciones de las naciones dentro de la comunidad internacional y Malasia así lo demuestra con su sistema político: la monarquía rotativa.

La monarquía federal parlamentaria electiva como sistema

Pese a las semejanzas, siempre hay rarezas y casos únicos que destacan sobre el resto. Malasia es un Estado que, sin duda, responde a esta enunciación por su forma de gobierno: es una monarquía federal parlamentaria electiva. El país archipielágico, de 33 millones de habitantes, con capital legislativa en la ciudad de Kuala Lumpur y administrativa y judicial en la de Putrajaya, se constituye como la única federación de toda la región del Sudeste Asiático.

Está integrada por 13 Estados y 3 territorios federales. De ellos, 9 son reinos con sus respectivos monarcas. La jefatura del Estado de Malasia se ostenta por un mandato de 5 años y es elegida entre los reyes de dichos territorios. El sistema político está fuertemente inspirado en el británico, lo que le hace tener un parlamentarismo democrático muy marcado.

Aún con el carácter electivo de la monarquía, existe una regulación informal sobre la misma. El sistema es rotativo de facto, lo que lleva a que no haya desequilibrios de poder entre los diferentes territorios y que, por lo tanto, la cohesión social sea mucho más fuerte a nivel nacional. Este sistema es legalmente discriminatorio con parte del país, ya que aquellas partes que no son reinos no forman parte del proceso.

Foto del Rey Abdullah Pahang, actual jefe de Estado de Malasia.
Fuente: Wikimedia Commons

El papel de la religión en la sociedad

La religión juega un papel muy importante en Malasia. El islam es la religión mayoritaria (practicada por el 60% de la ciudadanía) y sus dogmas se manifiestan tanto en las leyes como en la política diaria del país, pese a existir la libertad de culto en la Constitución. El primer ministro tiene que ser obligatoriamente de origen malayo y musulmán. De los ya anteriormente mencionados 9 reinos, 7 son sultanatos. Existen tribunales de observancia del cumplimiento de los preceptos del islam en relación a la sharía. La homosexualidad es condenada abiertamente.

Existe una presencia de religiones minoritarias con relativa fuerza, entre las que destacan el hinduismo y el budismo, sin embargo, estas están relegadas a un segundo plano.

En la práctica, Malasia se posiciona como un país religiosamente muy rígido hacia las demás creencias. Mientras que en lo que respecta a lo legal, da una impresión totalmente diferente. Esta es una expresión más de las contradicciones internas del país.

Luces y sombras de Malasia: razones de su progreso y sus limitaciones

La estabilidad política basada en su única forma de gobierno le ha concedido la posibilidad al país de industrializarse rápidamente, lo que permitió un aumento del crecimiento económico notable, sobre todo en la década de los noventa. La situación geográfica del Estado lo favorece, ya que es uno de los tres países que controla el estrecho de Malaca, uno de los más importantes de todo el continente asiático y por donde pasa gran parte del volumen de comercio marítimo mundial.

Pese a esta situación de crecimiento generalizado y su desarrollo humano considerable, Malasia es un país de percepciones. Es una democracia que limita muchas de las libertades que desde Occidente consideraríamos fundamentales. Los medios de comunicación no gozan de libertad de prensa total y la censura es una práctica extendida. A su vez, el país no ha suscrito gran parte de los tratados del régimen internacional de los derechos humanos. Se podría decir, por lo tanto, que el Estado ha adaptado el funcionamiento de las instituciones y la aplicación de las políticas a sus particularidades.

Malasia no es un país étnicamente homogéneo. Existe una fuerte presencia de población de origen indio y chino, debido a su cercanía con ambos países y a las prácticas de desplazamiento forzoso realizadas durante la época colonial. A su vez, el territorio nacional cuenta con una serie de pueblos indígenas, los cuales son considerados como población originaria.

Históricamente ha existido un miedo a la otredad constatado. El miedo a perder la independencia por las influencias externas ha llevado a la sociedad a oscilar entre la convivencia y la xenofobia constante. La proposición de aprobación de leyes que facilitan el acceso al empleo o a servicios públicos a los malayos sobre el resto ha tensionado en numerosas ocasiones la sociedad. Este “desequilibrio” demográfico ha sido el principal obstáculo durante generaciones y su gestión sigue siendo uno de los mayores debates a nivel nacional.

La economía de Malasia: la conjunción entre la era colonial y el presente

La economía es una de las más potentes dentro de los países en vías de industrialización. Esta es en parte heredera de la infraestructura británica, ya que la producción de materias primas como el estaño, el aceite de palma o el caucho provienen de dicha era.

Hoy en día, Malasia se ha erigido como uno de los mayores centros financieros del Sudeste Asiático, así como un centro internacional de producción de componentes electrónicos. A su vez, el turismo es cada año mayor y está ascendiendo como fuente de ingresos para la ciudadanía.

Cabe destacar la figura de la empresa Petronas y el papel que juega como uno de los principales puntos de referencia de la economía malaya. Esta empresa de hidrocarburos de propiedad pública es una de las mayores comerciantes de petróleo y gas del mundo. Tal es su importancia nacional, que la mitad del presupuesto público del gobierno depende de los dividendos y de los beneficios generados por la compañía.

Foto de las Torres Petronas en Kuala Lumpur, sede de la empresa pública homónima.
Fuente: Pixabay

Malasia en la comunidad internacional: pragmatismo, soberanía y seguridad

En el aspecto internacional, Malasia juega un papel ciertamente activo. Es uno de los miembros fundadores de la ASEAN y un activo participante de la misma, sobre la que basa gran parte de su política exterior. A su vez, mantiene sus lazos culturales con Londres a través de su pertenencia a la Commonwealth.

El pragmatismo es la máxima bajo la que se guían los asuntos exteriores del país. La diplomacia tiene que servir al Estado y a sus intereses. La proyección de la imagen es una de las grandes prioridades. Malasia quiere mostrarse al mundo como una nación en la que se puede confiar e invertir. En relación a ello, ha sido constante la firma de acuerdos bilaterales de comercio, de entre los que destacan el de la Unión Europea, India y Japón.

Para Malasia, EE. UU. es un socio prioritario debido a la protección que este último ofrece en relación con el resguardo de su soberanía regional sobre Malaca, sobre todo frente a China. La cooperación militar es constante. Singapur entra dentro de este triángulo de seguridad internacional y contención. Y es que este último es el principal socio comercial de exportaciones de la nación, por lo que existe una relación notable de interdependencia entre la situación de ambos.

Como se puede observar, Malasia no es una democracia liberal al uso ni pretende serlo. Sus características intrínsecas han hecho que su sociedad haya configurado una forma de entender el poder totalmente ajena a la normatividad, lo que ha conllevado repercusiones tanto positivas como negativas para su porvenir. Sería esperable que, bajo este panorama, este tigre asiático siga creciendo y configurándose como uno de los puntos geopolíticos para tener en cuenta de la región. El cómo se sucedan los acontecimientos en el conjunto del continente será sin duda el mayor condicionador para la consecución de dicho futuro.

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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