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¿Cómo afecta a Japón la invasión rusa a Ucrania?

La crisis en Ucrania abre un dilema estratégico para Japón. Una posición excesivamente dura dinamitaría las relaciones con Rusia y una posición blanda mostraría signos de debilidad frente a China.

Japón endurece su postura frente a Rusia a raíz de la invasión a Ucrania. Si bien durante la administración de Shinzo Abe se buscó una política de compromiso con la Rusia de Putin para resolver la cuestión territorial de las Islas Kuriles, la nueva administración de Fumio Kishida está decidida a adoptar una postura mucho más intransigente frente a la agresión rusa.

El pasado 25 de febrero Kishida anunció nuevas sanciones contra Rusia. Japón congelará los activos de individuos y empresas en Rusia, suspenderá la emisión de visados a los rusos e impondrá restricciones a la exportación de semiconductores y otros productos de uso general.

“Este problema [la invasión rusa a Ucrania] no debe pasarse por alto desde el punto de vista de la propia seguridad nacional de Japón”, aseguró el primer ministro japonés en la propia rueda de prensa el mismo día.

Esta nueva batería de sanciones se une a las ya impuestas el 23 de febrero por el reconocimiento unilateral por parte de Moscú de la independencia de las regiones del este de Ucrania de Donetsk y Lugansk.

Ciertamente, la agresión rusa plantea diversos problemas a Tokio, abriendo varios frentes de difícil resolución. En primer lugar, la crisis en Ucrania y una posición más dura de Tokio podría dificultar la resolución de la disputa territorial en las Islas Kuriles.  Japón y Rusia se disputan el estatus de estas islas desde hace décadas. Al final de la Segunda Guerra Mundial, la entonces Unión Soviética conquistó estas islas y, desde entonces, Moscú las ha considerado como parte integral de Rusia.

Mapa de las Islas Kuriles. Imagen: NormanEinstein/Wikimedia Commons

En 1956, la Unión Soviética y Japón firmaron una declaración conjunta que preveía el fin de la guerra y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. También incluía la transferencia soviética a Japón de Habomai y Shikotan, dos de las islas. Sin embargo, todo ello se estancó.

No fue hasta la llegada de Shinzo Abe cuando se logró descongelar. Su administración promovió activamente una política de compromiso con Rusia, especialmente mediante un plan de cooperación económica de ocho puntos. Así, a principios de 2019, la firma de un tratado de paz resolviendo la cuestión territorial —al menos respecto a Habomai y Shikotan— estuvo más cerca que nunca. Abe y Putin llegaron a acordar acelerar las negociaciones sobre la base del documento de 1956, pero nunca se llegó a producir. 

Reunión entre Vladimir Putin y Shinzo Abe en 2019. Foto: Oficina Ejecutiva Presidencial Rusa

Al contrario, una nueva Constitución rusa promulgada en julio de 2020 dificultó aún más la resolución del conflicto. La inclusión de la prohibición de “cualquier enajenación de los territorios rusos” parecía impedir la devolución de cualquier territorio ruso a Japón.

En segundo lugar, la cautela que Japón había venido adoptando se deriva también de sus lazos económicos y energéticos con Moscú. Aunque la dependencia no es tan importante como otros aliados estadounidenses como Alemania, aún así, son significativos.

Desde el accidente nuclear de Fukushima, Japón ha ido reduciendo su producción energética nuclear, cerrando casi todas las plantas nucleares —aunque ha ido reabriendo algunas. Esto ha hecho que dependa del gas natural importado para la producción de electricidad y casi una décima parte de esas importaciones provienen de Rusia. Asimismo, importa el 12% de su carbón térmico de Rusia.

Además, algunos importantes conglomerados empresariales japoneses tienen importantes inversiones en Rusia. Por ejemplo, Mitsui y Mitsubishi tienen una participación combinada del 22,5% en un proyecto de petróleo y gas en la isla rusa de Sakhalin.

En este sentido, las sanciones económicas japonesas a Rusia plantean un dilema de seguridad energética, pudiendo afectar tanto en su capacidad de producción energética como en las inversiones de sus grandes empresas. El director financiero de Mitsubishi, Kazuyuki Masu, señaló a principios de febrero estar “muy preocupado por el daño a la actividad económica y las opiniones de los inversores si se imponen sanciones a Rusia”.

En tercer lugar, la invasión rusa podría implicar una mayor desconfianza de Japón hacia la que es su principal preocupación geoestratégica regional y no es otra que el imparable ascenso de China y su búsqueda de alterar en su propio beneficio el statu quo en Asia-Pacífico.

Las acciones rusas en Ucrania podrían establecer un peligroso precedente que podría animar a China a nuevas aventuras militares en la región de Asia-Pacífico viendo la inoperancia de la OTAN.

El principal foco de preocupación sería una decisión por parte de China de conquistar las islas Senkaku/Diaoyu, disputadas por China y Japón en el Mar de China Oriental. Pero, también existe una preocupación sobre el efecto que podría tener la invasión rusa a Ucrania sobre la posible invasión china a Taiwán, rompiendo con la primera cadena de islas.

Primera cadena de islas. Imagen: Suid-Afrikaanse/Wikimedia Commons

El dilema de Tokio: una posición dura podría jugar en contra de sus propios intereses

La creciente aversión entre Estados Unidos —principal aliado de Japón y de quien depende su defensa— y Rusia potenciada por la invasión de Ucrania dificulta los objetivos de Tokio para alcanzar un acuerdo para un tratado de paz y recuperar los territorios que perdió a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

Rusia ha estado construyendo instalaciones militares en las dos islas más grandes —Iturup/Etorofu-to y Paramushir/Horomushiru— en disputa en los últimos años. Según el Ministerio de Defensa japonés, alrededor de 3.500 soldados rusos se encuentran estacionados ahí. Para Moscú, el control de las islas significa garantizar el acceso directo sin oposición de su flota al Pacífico.

Por otro lado, en el Kremlin podría existir el miedo de que, viendo las mayores tensiones con Estados Unidos, la devolución de las dos islas a Japón podría suponer la instalación de bases militares estadounidenses. Con miles de tropas estadounidenses estacionadas en Japón, algunos analistas rusos no escapan a la especulación de que Washington podría establecer bases navales en las Islas Kuriles una vez que Moscú y Tokio resuelvan su disputa territorial.

En todo caso, para Washington sería inentendible una posición dubitativa de Tokio y un acercamiento o una respuesta tibia de Tokio mostraría una posición de debilidad, sobre todo frente al ascenso de China. Japón se encuentra ante un dilema estratégico en el cual en ambos casos podría salir perdiendo. Si adopta una postura excesivamente dura frente a Rusia, podría dinamitar las negociaciones para la devolución de las Islas Kuriles y dificultar su seguridad energética. Si adopta una postura blanda, podría mostrar síntomas de debilidad frente a China y enfriar sus relaciones con sus socios occidentales, pero sobre todo con Estados Unidos.

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Por Bienvenido Chen Weng

Interesado en la política en Asia Oriental y el Sudeste Asiático. Asimismo, sigo con especial interés la evolución de la creciente competición sino-estadounidense y la política de la Unión Europea hacia China.

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