El coste real de Nusantara, la nueva capital de Indonesia

Nusantara, la próxima capital indonesia, se presenta como una oportunidad para dejar atrás el javacentrismo, pero, ¿cuál es su verdadero coste?

El pasado 18 de enero el Consejo Representativo del Pueblo (Dewan Perwakilan Rakyat, DPR) aprobó una ley para trasladar la capital indonesia desde Yakarta a un nuevo lugar. La nueva capital se erigirá en el Kalimantan Oriental. Sólo un día antes, el presidente Jokowi, a través de su ministro Suharso Monoarfa, reveló el nombre de la nueva capital, Nusantara. La decisión de construir una nueva capital, una idea que ha rondado por la mente de muchos gobernantes en el pasado, se explica por dos razones: huir del javacentrismo que ha caracterizado a la política y economía indonesias desde hace décadas y abandonar una capital sobrepoblada y con problemas urbanos cada vez más preocupantes.

Yakarta es una pesadilla urbana. Es una de las capitales con mayor densidad de población del mundo, con más de 15.000 personas/km2 y siempre está congestionada por el tráfico y otros problemas urbanos. Además, es frecuente que la ciudad sufra inundaciones e incluso terremotos, como es común en muchas zonas del Cinturón de Fuego del Pacífico.

Debido a su localización, encima de tierras pantanosas, Yakarta es una de las ciudades que más rápido se están hundiendo. Se ha estimado que un tercio de la ciudad podría quedar sumergida en 2050. Según un estudio de la Universidad IPB (Institut Pertanian Bogor, IPB) de Java Occidental, todas las zonas de la capital se hundieron entre 2019 y 2020. Por regiones, Yakarta Norte experimentó la mayor subsidencia, con -4,9 cm/año. El este -2,5 cm/año; el oeste -4,8 cm/año; y el centro -3,1 cm/año; y el sur -2,8 cm/año.

En general, los factores que pueden provocar que la tierra se hunda en la provincia de Yakarta pueden ser la construcción frecuente de edificios, la extracción excesiva de aguas subterráneas, las fuerzas tectónicas y la consolidación natural de capas de suelo aluvial. Otras causas incluyen la minería subterránea, las fracturas de la corteza terrestre, la extracción de gas y petróleo o la contracción geotermal en la litosfera.

En el caso de Yakarta, se identificó que la principal causa del problema estaba relacionado con la actividad humana, y más concretamente con el sobreconsumo de agua subterránea por la perforación de la tierra. Los residentes utilizan sus propios pozos para conseguir agua. Esto provoca que un gran espacio subterráneo quede vacío, convirtiéndose así en un área de gran subsidencia.

Además de prevenir el desastre urbano y medioambiental de Yakarta, Nusantara pretende dejar atrás el ‘javacentrismo’ que caracteriza la política y la economía del país. En palabras del ministro de Obras Públicas y Vivienda, Basuki Hadimuljono, será una ciudad “inteligente, verde, bonita y sostenible” , que proporcione una alta calidad de vida para su futura población, estimada en un millón y medio de personas.

Indonesia no será el primer país del Sudeste Asiático en desplazar su capital. En 2005, la junta militar de Myanmar movió su capital desde Yangon —la principal urbe durante su etapa colonial— a Naipyidó. En los años noventa, el líder de Malasia, Mahathir Mohamad, decidió construir una capital administrativa en Putrajaya, a unos 33 kilómetros de Kuala Lumpur. Otros ejemplos fuera de la región son el de Nigeria (de Lagos a Abuja) o más recientemente el de Egipto (de El Cairo a la Nueva Capital Administrativa).

Una idea no tan novedosa

Incluso durante el periodo de dominio holandés, a principios del siglo pasado, se planteó la relocalización de la capital desde Batavia (Yakarta) a Bandung. Ya durante los años 30 los holandeses comenzaron el proceso de mudanza de la Administración a Bandung, pero la II Guerra Mundial lo interrumpió. Tras la independencia, también se jugó con la idea de mover la capital.

Sukarno, presidente y padre de la nación, reflejó sus planes de trasladar la capital a Palangka Raya (Borneo Central). A raíz de sus viajes y de las conversaciones con otros líderes políticos, le intrigaba la idea de construir una nueva capital desde cero. En 1957, su gobierno organizó una conferencia en Yakarta para discutir la creación de una nueva capital. Durante la misma, los participantes discutieron la idea de trasladar la capital desde Java a una localización más remota.

Vista de la ciudad de Batavia, capital de las Indias Orientales Neerlandesas, 1780. Fuente: Biblioteca de la Universidad Libre de Ámsterdam.

El padre de la nación no pensaba en mover la capital a Yogyakarta, la ciudad en la que su gobierno no reconocido se exilió en los años cuarenta, cuando las tropas holandesas regresaron para recuperar el control de Indonesia. En su lugar, tenía la mirada puesta en un área remota en el interior de Borneo, Palangka Raya. Allí erigió una nueva ciudad, con la intención de que la administración, concentrada en Yakarta se trasladara allí eventualmente. Al final esto no ocurrió, se abandonó la idea y se decidió continuar promoviendo el desarrollo de la capital, Yakarta.

Otros sucesores de Sukarno, como Suharto, Habibie o Susilo Bambang Yudhoyono (SBY), en diferentes etapas de su mandato lanzaron una idea similar. Pero no llegaron a traducir esta idea en un plan, y los indonesios tampoco la tomaron en serio. La administración de SBY, advirtiendo la acelerada degradación medioambiental y los problemas de sobrepoblación de Yakarta, propuso trasladar la capital a otro lugar. “Cuando el Partido Democrático estaba en el gobierno, yo, como presidente también consideré una vez construir un nuevo centro administrativo”, señaló SBY en un discurso en el Centro de Convenciones de Yakarta.

En un primer momento se descartó Bandung porque experimentaba los mismos problemas que Yakarta. Uno de los lugares propuestos fue Jonggol —un distrito del kabupaten de Bogor—, pero se estimó que el coste para desarrollarlo sería muy alto. “Nuestro concepto era algo distinto. La nueva capital en la que estábamos pensando iba a ser localizada en Java Occidental, a una hora y media de viaje desde Yakarta”, explicó SBY. El plan iba a ser similar al de Malasia —que mantuvo su capital oficial en Kuala Lumpur—, pero dos años después se suspendió debido a las limitaciones presupuestarias.

San Jokoburgo, Jokogrado, Mandalanusa…Nusantara

Fue en 2017 cuando la administración Jokowi, de la mano de Bambang Brodjonegoro, su ministro de Planificación del Desarrollo Nacional (Bappenas) anunció su plan para trasladar la capital. En aquel momento, todavía no se había decidido un lugar específico, pero una cosa quedó clara: “Debe estar fuera de Java”, expresó Bambang a los medios de comunicación. Entre las propuestas se incluyeron ciudades como Banjarmasin, Pontianak, Palembang e incluso Palangka Raya, propuesta años atrás por Sukarno.

Había dos localizaciones —ambas ubicadas en Borneo, la isla más grande de Asia— que el presidente visitó poco después de presentar la idea preliminar de mover la capital: Bukit Soeharto (Soeharto Hill) y el Área Triángulo, cerca de Palangka Raya. La primera, conocida por sus selvas, sus minas de carbón y su rica biodiversidad se presentó como la más idónea para la construcción de las infraestructuras necesarias para una capital.

La decisión definitiva llegaría el 26 de agosto de 2019. Poco después de su reelección, el presidente Jokowi anunció que había escogido la región del Kalimantan (Borneo) Oriental para alojar la nueva capital. “Yakarta ha recibido mucha carga como centro administrativo, empresarial, financiero, comercial”, dijo el presidente en una ocasión. La nueva capital se construiría entre la Regencia de Penajam Paser del Norte y la Regencia Kutai Kartanegara, cerca de las ciudades de Balikpapan y Samarinda.

Después de varios años de deliberación, el pasado 18 de enero el Consejo Representativo del Pueblo (Dewan Perwakilan Rakyat, DPR) aprobó la ley para facilitar el traslado de la capital a la nueva localización. Y un día antes, la administración Jokowi anunció su nombre: Nusantara (archipiélago, en indonesio). Este concepto, cuyo significado es distinto para los malayos, es quizás el más representativo de la nación indonesia. Es un antiguo término javanés empleado en Indonesia para referirse a la nación archipielágica en su conjunto.

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A menudo se suele identificar la región de Asia-Pacífico como cuna de una tipología distintiva de religiones y se simplifica la amalgama de credos espirituales en una identidad religiosa exclusiva: la de las religiones filosóficas o sapienciales como el taoísmo o el budismo-confucianismo. Esta concepción no puede estar más alejada de la realidad. En China…

La cuestión de la elección del nombre ha sido complicada, sobre todo teniendo en cuenta la gran diversidad étnica y religiosa que presenta el país. En las redes sociales, muchos se aventuraron a proponer nombres, una tarea que había sido confiada a lingüistas e historiadores.

En Facebook, se propuso “Kartanegara”, un nombre fiel al criterio geográfico, que rinde homenaje a la región histórica de Kutai Kartanegara. Durante buena parte de su historia, esta región perteneció a un reino hindú y posteriormente fue gobernada por hindúes y musulmanes. Algunos críticos de Jokowi, bromeando en las redes sociales, sugirieron nombres como “San Jokoburgo” y “Jokogrado”. Y otros llegaron a proponer el nombre «Mandalanusa» (centro del archipiélago, en indonesio).

Finalmente, se escogió Nusantara de entre las 80 sugerencias de especialistas recibidas por la administración. Es un nombre que resuena con ricas raíces históricas, culturales y políticas de la nación indonesia.

El ministro de Planificación del Desarrollo Nacional (Bappenas), Suharso Monoarfa declaró en el parlamento que el presidente se había decantado por ese nombre “porque captura el concepto marítimo de una nación compuesta por muchas islas y unificada por el mar”. También expresó que representaba a los diferentes grupos étnicos que se unen bajo una nación plural, abanderado en su lema nacional oficial: Bhinneka Tunggal Ika (Unidad en Diversidad).

El coste económico

Trasladar el centro político, administrativo y económico del país tendrá un coste económico estimado de 466 mil millones de rupias —unos 32,4 mil millones de dólares. Será la mayor obra de infraestructuras jamás emprendida por el gobierno indonesio. Los desafíos logísticos y financieros son enormes.

De los 32,4 mil millones de dólares, el gobierno se ha comprometido a financiar alrededor del 20%. El resto lo aportará el sector privado. Jokowi ha organizado un comité directivo para promover la inversión extranjera en Nusantara. Este equipo está formado por grandes figuras como el príncipe de Abu Dabi Mohamed bin Zayed Al-Nahyan, el CEO de SoftBank Masayoshi Son o el exprimer ministro británico Tony Blair.

Algunos sectores han mostrado su preocupación por la influencia que podrían tener los inversores chinos en este proyecto, con un amplio historial de implicación en la economía indonesia, y en la administración de Jokowi en particular. Estos críticos, en un ejercicio de exageración, han llegado a referirse al nuevo proyecto como un “Nuevo Beijing”.

La empresa de cemento Hongshi Holdings Group —una de las 12 grandes empresas nacionales de cemento apoyadas por el Consejo de Estado de la RPCh—, está planeando la construcción de una planta de cemento en el Kalimantan Oriental. Esto resulta sospechoso dada la proximidad de la planta a la nueva capital. Podría suponer una amenaza a la posición de las compañías nacionales de cemento y a su potencial participación en el megaproyecto.

El ministro de Planificación del Desarrollo Nacional, Suharso Monoarfa, trató de disipar las sospechas afirmando que el proyecto de Nusantara estaba abierta a cualquiera que estuviera interesado en invertir, incluyen inversores de Japón, Oriente Medio, América del Norte y Europa.

Los límites de las relaciones China-Indonesia

En 2020 se celebró el 70 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre la República de Indonesia y la República Popular China (RPCh) en un momento en el cual se encuentran en su punto más álgido desde la época de Sukarno. En los últimos años, los lazos entre Beijing y Yakarta han aumentado considerablemente…

El coste humano y medioambiental

Menos complejos que los costes financieros, pero sí más graves, son los costes que van asociados a la adquisición de las 256.143 hectáreas de tierras donde se erigirá la megaurbe. En 2019, el gobierno alegó ser propietario del 90% del terreno, selvático en gran proporción. Sobre el papel, hay dos figuras que son dueñas de parte del terreno: el empresario maderero Sukanto Tanoto y el magnate Hashim Djojohadikusumo —nº 40 en la lista de personas más ricas de Forbes.

Según declaró el propio Hashim, hermanos de Prabowo Subianto, todavía conserva los derechos de propiedad del terreno, que ostenta presuntamente desde 2007. Esta porción representa una pequeña parte del área en la que se construirá Nusantara.

El proyecto se ha topado de frente con la oposición de algunos miembros de las instituciones académicas. Una coalición de 45 miembros la academia y de la sociedad civil reunieron cerca de 25.000 firmas a mediados del mes pasado para instar a la cancelación del proyecto, argumentando que el gobierno debería centrarse en mitigar la pandemia.

El año pasado, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas advirtió de los problemas que estaba provocando el Desarrollo urbano y turístico en Lombok (Bali). El órgano denunció que había “alegaciones bien documentadas” de desahucios forzados, reasentamientos, intimidación y amenazas hacia aquellos que se negaban a ceder sus tierras, pérdidas de lugares culturales y religiosos y una falta de acceso a vidas dignas.

El presidente Jokowi y el gobernador del Kalimantan Oriental visitando la futura localización de la nueva capital. 17 de diciembre de 2019. Fuente: Presidencia de la República de Indonesia.

Esto también parecer ser un escenario similar. Un tema al que se le ha prestado poca atención es a las otras muchas voces que se oponen al proyecto: las voces de los balik. Este pueblo, cuya economía y cultura están marcadas por la selva, no tiene prueba legal de la propiedad de las tierras.

A pesar de que se trata de una población que habita en la región desde hace décadas, incluso antes del nacimiento de la república en 1945. Los terrenos donde están plantados sus poblados están controlados, como concesión, por Sukanto —409 km2— y Djojohadikusumo —1.730 km2—.

Existen otros problemas que no se están poniendo en el foco, como las repercusiones medioambientales del proyecto. Varios grupos activistas del medio ambiente expresaron su preocupación de que la nueva capital, rodeada de selvas pudiera amenazar los hábitats de algunos animales en peligro crítico de extinción, como el orangután de Borneo. La isla también es el hogar de otras muchas especies amenazadas, como los osos malayos, los monos narigudos o los rinocerontes de Sumatra.

La última Evaluación Estratégica Medioambiental (KLHS, Kajian Lingkungan Hidup Strategis), realizada por el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Indonesia subrayó varios riesgos medioambientales para la región de Kalimantan Oriental con la relocalización de la capital.

Primero, la escasez de agua que impactará al desarrollo de la ciudad. Segundo, los problemas con la flora y la fauna, Kalimantan Oriental es el hábitat de orangutanes, especies de monos, delfines y cocodrilos. Tercero, los bosques, manglares y los ecosistemas costeros y acuáticos forman parte integral de la región y es posible que se vean afectados. Todavía no se ha buscado una solución a estos problemas potenciales.

Nusantara es una oportunidad para dejar atrás el javacentrismo y los problemas de habitabilidad que existen en Yakarta. Sin embargo, no se pueden obviar las externalidades que van aparejadas al nuevo proyecto: el efecto puede ser desastroso para la población nativa y la biodiversidad y la superficie forestal de la región.

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Por Omar Benaamari Hedioued

Estudiante del Máster en Periodismo Internacional (URJC). Interesado en la política de los países del Sudeste Asiático y Asia Central y la genealogía del Islam en el conjunto de los países del continente asiático.

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