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Rusia y China: ¿una amistad sin límites?

Las relaciones entre Rusia y China no han sido siempre las mejores, pero frente a la dinámica del orden internacional, no tuvieron otra opción que asociarse ante a un enemigo en común.

Rusia y China han estado enemistadas ideológica y geopolíticamente hasta el punto que se enfrentaron militarmente en la década de los 60 y, finalmente, normalizaron sus relaciones a principios de los años noventa. No obstante, desde la anexión de Crimea por parte de Rusia en el año 2014, los vínculos entre Vladimir Putin y Xi Jinping han sido cada vez más cordiales.

Alexander Gabuev, jefe del programa Rusia en Asia-Pacífico del Centro Carnegie de Moscú, señaló que la anexión de Crimea en 2014 y las sanciones occidentales facilitaron el acercamiento entre estos dos países.

Desde que estalló la guerra en Ucrania, Pekín se ha pronunciado a favor de la paz en Ucrania. Por lo que su vínculo amistoso no significa que apoye incondicionalmente la decisión rusa, ya que Xi Jinping aún no ha reconocido la anexión de Crimea.

El canciller chino, Wang Yi, sostuvo abiertamente que China «aboga firmemente por respetar y salvaguardar la soberanía y la integridad territorial de todos los países y acatar con seriedad los propósitos y principios de la Carta de la ONU. Esta posición es consistente y clara, y se aplica igualmente a Ucrania».

Parecidos pero no iguales

Bobo Lo, un académico australiano-chino, afirma que Rusia y China se han asociado producto de la visión compartida en torno al concepto de seguridad internacional, cooperando en materia de defensa. Sin embargo, es posible observar que ambas naciones han materializado sus intereses de diferente forma.

Moscú utilizó la cooperación en el área mencionada con el fin de expandir su influencia geopolítica, además de buscar mejorar su estatus tanto a nivel regional como internacional. En cuanto a la República Popular de China, esta experimentó un gran desarrollo en el ámbito tecnológico y militar en todos estos años.

Sí bien Moscú y Pekín han apoyado públicamente la multipolaridad, tratando de contrarrestar la influencia estadounidense, es evidente que sus puntos de vista acerca de la gobernanza global y la soberanía difieren, de igual manera que sus enfoques para reorganizar el orden internacional actual.

Es cierto que Xi Jinping pretende modificar las reglas de juego en el sistema internacional para su beneficio, aunque sin desatenderse de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Dicha situación nos conduce a percibir a China como una potencia “insatisfecha”, que siempre ha sido excluida del juego por el dominio mundial fabricado por Estados occidentales.

El gigante asiático desea actuar de una manera discreta, mientras que Rusia permanece decidida a quebrar el orden liberal vigente impuesto por Estados Unidos desde el final de la Guerra Fría. En otras palabras, la  República Popular de China se presenta en el sistema como un jugador, Rusia se manifiesta como un disruptor del mismo.

Con más de veinte años liderando un sistema autoritario que concentra el poder en sus manos, Putin desea sobrevivir en el sistema internacional, por lo que opta por expresar un renacimiento atroz y salvaje de Rusia mediante la agresión militar a Ucrania. Sin embargo, ¿por qué la decisión rusa de invadir Ucrania ha incomodado al gigante asiatico?, ¿China estaba al tanto de los planes de Putin, o fue otro de los engañados?

De todos modos, si Putin gana el conflicto en Ucrania y logra establecer un gobierno prorruso: ¿China lo reconocería internacionalmente? Se observan algunas reacciones por parte de China de que la decisión Putin la sorprendió bastante, a pesar de la declaración conjunta firmada el pasado 4 de febrero. Resulta evidente que China prefiere la estabilidad, por lo que no desea ser vista como una potencia revisionista enemiga a los ojos de Occidente.

En efecto, tal preocupación explicaría por qué no apoya explícitamente a Moscú en el conflicto conformando una alianza estratégica militar. Claramente, los intereses chinos nacionales limitan el apoyo que Xi Jinping le brinda a Putin, debido a que China se encuentra demasiado integrada en la economía internacional como para ser sancionada por Occidente y arriesgar su economía.

En definitiva, Pekín y Moscú son actores estratégicamente autónomos que poseen diferentes posturas y enfoques para percibir la dinámica internacional. En esta relación asimétrica, China es el mayor apoyo de Rusia, sin embargo, la persistente desconfianza mutua e histórica es aquella que los conducirá a futuros divergentes. De manera que es válido cuestionarse si tal relación es verdaderamente “sin límites”.

Los Estados siempre actúan en base a sus intereses nacionales

Hans Morgenthau, uno de los padres del realismo, señaló que “el elemento principal que permite al realismo político encontrar su camino en la política internacional es el concepto de interés definido en términos de poder”. En otras palabras, cada Estado actúa en la política internacional de acuerdo a sus intereses nacionales en función del poder. Es así que China y Rusia no serían la excepción a este principio tan conocido en la teoría de las relaciones internacionales. Si bien es cierto que la cooperación internacional existe para mantener el sistema en funcionamiento, se observa que prevalece la desconfianza.

La República Popular de China aspira a proyectarse globalmente, tal es así que el crecimiento económico chino fue uno de los fenómenos más destacables de este siglo. Pero no sucede lo mismo con Rusia. Los deseos de la Federación Rusa se traducen en preservar las zonas de influencia de la ex-Unión Soviética.

Teniendo en cuenta lo previamente señalado, el mutualismo entre Rusia y China “aboga” por un orden multipolar en el corto plazo, en el cual se desplace a Estados Unidos como potencia hegemónica. Claramente, los sucesos actuales son producto de esta transición. Sin embargo, es necesario ser consciente de que la única preocupación de China es  la propia China.

Si bien Pekín sostuvo que la amistad con Moscú es “sólida como una roca”, esta lo será mientras no interfiera y comprometa la agenda china. Por lo que en lo próximo, China podría ver a Moscú tanto como un socio no igualitario, como no esencial en el desarrollo de sus intereses estratégicos a medida que Pekín comience a sufrir el costo de las sanciones occidentales a Rusia y conlleve un peligro a la estabilidad interna china. Esta situación podría afectar  a la relación cuando Rusia se vea inferior a China y no como su par.

Definitivamente, el vínculo sino-ruso mantiene el interés por conformar una agenda internacional anti-estadounidense, pero lo cierto es que difieren notablemente en sus enfoques, visiones y aspiraciones en lo que concierne al funcionamiento del sistema internacional. Es posible que la relación también se vea debilitada en función al acercamiento de ambos a Occidente, que es el principal factor exterior que los une. Este supuesto acercamiento podría verse reflejado en China, ya que probablemente juegue un rol de influencia hacia Rusia con el fin de frenar la guerra.  Por lo que desde la perspectiva del realismo político, hasta los “mejores amigos” pueden convertirse en rivales.

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Por Florencia Mendieta

Estudiante avanzada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales, con mención en "Defensa Nacional y Seguridad Internacional" de la Universidad Nacional de Lanús en Buenos Aires, Argentina. E-mail: floormendieta628@gmail.com

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