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¿Por qué India no condena la invasión de Rusia a Ucrania?

A pesar de los acercamientos recientes de la India a las potencias occidentales, ha seguido manteniendo unos fuertes lazos con Rusia que se remontan a la Guerra Fría.

El lanzamiento de la “Operación Militar Especial” organizada por el gobierno ruso con el supuesto objeto de desmilitarizar y desnazificar Ucrania se ha encontrado con una fuerte respuesta. Principalmente de Estados Unidos y la Unión Europea, quienes recientemente han aprobado un paquete de sanciones económicas contra Moscú.

A pesar de ser comprensible la abstención china y su voluntad de no interferir en el conflicto, la abstención de la India presenta cierto desconcierto debido a su consideración como una potencia de matriz occidental por su sistema democrático, así como su participación en diferentes iniciativas como el FOIP (Free Open Indo-Pacific) o el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (QUAD).

Dadas las circunstancias, podría esperarse una condena por parte de la India en las resoluciones, tanto del Consejo de Seguridad —donde la India es miembro no permanente— como de la sesión extraordinaria de la Asamblea General. No obstante, Nueva Delhi únicamente se ha abstenido, causando el descontento de las potencias occidentales. En este contexto surge la pregunta ¿por qué India no se ha unido a la condena internacional?

Rusia y la India: del dinamismo al estancamiento

Los lazos entre India y Rusia han sido desde la Guerra Fría muy fuertes. Tras el inicio del nuevo milenio se reforzaron las relaciones con la Asociación Estratégica firmada entre los dos países en 2000 que fue definida por Vladimir Putin como “un paso verdaderamente histórico”. A partir de entonces, los lazos entre India y Rusia han adquirido un carácter cualitativamente nuevo con niveles mejorados de cooperación en casi todas las áreas, incluidas la política, la seguridad, la defensa, el comercio y la economía.

Sin embargo, para Andrey Kortunov, director general del think tank Consejo Ruso para Asuntos Internacionales (RIAC, por sus siglas en inglés), Rusia está perdiendo a la India. Afirma que ni Moscú ni Nueva Delhi tienen capacidad para cambiar la trayectoria del sistema internacional de manera unilateral o incluso en un esfuerzo concertado.

Un hecho que explica la razón por la que la India ha impulsado significativamente sus lazos con EE. UU., así como su ingreso en proyectos como el QUAD o el FOIP con objeto de preservar los principios de libertad de navegación, así como buscar una mayor contención de las actividades chinas en el Mar de la China Meridional. Todo esto en un contexto donde Pekín está realizando una mejora sustancial de sus capacidades navales en el Pacífico.

Actualmente, India y los Estados Unidos comparten una extensa y creciente relación cultural, estratégica, militar y económica que tuvo lugar, principalmente tras la llegada del Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP) al poder con Narendra Modi como primer ministro.

No obstante, a pesar de la mejora de sus lazos con los EE. UU., Australia o Japón, India no puede abandonar su relación estratégica con Rusia. Especialmente en el marco de la rivalidad sino-india en el Himalaya, considerada como un punto caliente debido a los enfrentamientos y escaramuzas entre tropas chinas e indias, como ocurrió en la meseta de Doklam, en 2017, así como el acceso para obtener la soberanía sobre los recursos hídricos  en el Himalaya disputados por Pekín y Nueva Delhi.

Además, otra razón por la que Nueva Delhi no puede sacrificar sus lazos con Moscú es que este es vital para el aprovisionamiento de armamento al ejército indio donde aproximadamente el 60% de los suministros militares son provistos por  Rusia.

En este contexto, Kortunov afirma que el nuevo enfoque de las relaciones entre Pekín y Moscú no debía ser visto como una amenaza, pues, según él: “Rusia no va a apoyar nunca a China en una guerra contra la India”, al tiempo que tranquilizaba a los rusos sobre la participación de la India en el QUAD augurando que India no va aceptar que el QUAD se transforme en un equivalente a la OTAN asiática debido a que Nueva Delhi no va a aceptar una transferencia de soberanía en un área tan relevante como es la defensa.

Sin embargo, para Dimitri Trenin, director del Carnegie Moscow Center, las relaciones entre Moscú y Nueva Delhi se han ido deteriorando a lo largo del tiempo a pesar de la buena sintonía entre Vladímir Putin y Narendra Modi, debido al impulso de las estrategias del “Made in India”, así como el intento de Nueva Delhi para diversificar su economía y especializarse en el desarrollo de la industria armamentística.

Ambos hechos pueden disminuir el grueso de la importación de material militar ruso y económico de una Rusia cuyo peso comercial no es nada significativo (ya que Rusia apenas representa el 0,96% de las exportaciones indias y aporta el 1,43% de las importaciones).

A pesar del enfriamiento de las relaciones, tanto para Moscú como para Nueva Delhi es necesario formular un replanteamiento de las pautas y los principios para establecer una excelente relación. No hay que olvidar que el sector agrario de la India depende suministros vitales de fertilizantes rusos y a Moscú le iría bien la implicación de la India en el desarrollo de proyectos económicos conjuntos en el área del lejano Oriente Ruso.

La abstención de la India

La decisión de la India de abstenerse en las resoluciones que buscaban condenar a Rusia por la invasión a Ucrania, así como el “insto a un cese inmediato de la violencia» del primer ministro Narendra Modi a su homólogo ruso sintetizan la situación en la que se encuentra actualmente la India entre dos bloques enfrentados. La decisión se ha centrado en intentar mantener la equidistancia entre sus socios liberales y Rusia, para concentrarse en su rivalidad con China, quien es actualmente su principal rival por el estatus de potencia regional.

Nueva Delhi cree que una Rusia más aislada debido a las sanciones reforzaría el poder regional de Pekín. Un hecho que según el analista Harsh V. Pant, jefe del Programa de Estudios Estratégicos de la Observer Research Foundation (ORF), le resultaría muy costoso para Nueva Delhi, ya que parte del armamento estratégico que suministra Moscú a Nueva Delhi va destinado a aumentar las capacidades defensivas de la India frente a China y Pakistán, como ha sucedido con la compra de los sistemas de defensa aérea rusos S-400.

Por otro lado, la decisión de abstención puede ser una muestra de voluntad de Nueva Delhi de reformular sus principios en lo que concierne al marco de sus relaciones bilaterales y actualizar su marco de relaciones con objeto de dotar de una mayor profundidad a las grandes áreas de cooperación.

Sin embargo, siendo realistas, las relaciones entre Rusia e India son, de lejos, menos complementarias que las de Rusia con China, pero esto no quita que no sean importantes. Además, la India está consolidada como una potencia relevante para Rusia si esta quiere conseguir un equilibrio de poder en la región de Asia-Pacífico.  

La posición de Nueva Delhi ha recibido la respuesta de Rusia por parte de su representante en las Naciones Unidas, quien elogió su postura “independiente y equilibrada”. A pesar de que la decisión de Nueva Delhi ha sido interpretada como un apoyo a Rusia, la abstención de la India demuestra la existencia de una interdependencia mutua entre Moscú y Nueva Delhi, unidos en intentar evitar que su asimetría con China aumente sustancialmente.

Como argumenta Rafael Poch de Feliu, a pesar de la sintonía entre Putin y Xi y su oposición al hegemonismo de los EE. UU. como fundamento de cooperación, ambas están caracterizadas por la desconfianza mutua donde Rusia no desea ser el “hermano menor” de China.

Por tanto, la abstención de la India sintetizaría la interdependencia que caracteriza a las relaciones bilaterales al tiempo que puede enviar un mensaje a Rusia de la voluntad de Nueva Delhi para mejorar su Asociación Estratégica, al tiempo que evita un deterioro de sus relaciones con las grandes potencias asiáticas aliadas de Washington. En este contexto, India ha intentado buscar el equilibrio estratégico para mantenerse firme frente Pekín sin asumir grandes costes que puedan dañar sus alianzas estratégicas.

El rol de Rusia en Asia: una perspectiva diferente de Europa

Los países europeos, principalmente aquellos que formaron parte de la extinta Unión Soviética o de su organización militar, el Pacto de Varsovia, han mostrado siempre una actitud muy crítica hacia el expansionismo ruso. Es decir, se ha percibido a la Federación Rusa como una potencia agresiva. Sin embargo, en la región de Asia, los socios de EE. UU. la perciben más como un socio que como un rival.

Hasta el momento el principal apoyo ruso ha venido de China, quien, a pesar de no condenar frontalmente la invasión, se ha mostrado intranquila por los efectos que la guerra pueda generar en sus relaciones con sus socios europeos. China ha mostrado su apoyo a la demanda de seguridad rusa fundamentada en la tendencia expansionista de OTAN, al tiempo que ha manifestado el respeto a la soberanía, la independencia y la integridad territorial de Ucrania.

Para saber más: Por qué China no apoyaría una invasión de Rusia a Ucrania

En el caso japonés, a pesar de las relaciones complicadas entre Tokio y Moscú como resultado del conflicto de las Islas Kuriles, ambos acordaron impulsar su cooperación bilateral a través del impulso de proyectos de cooperación conjunta en materia de energía y tecnología.

Incluso tras la anexión de Crimea, Japón fue el último miembro del G-7 en sumarse a las sanciones occidentales, decisión que fue interpretada por Moscú como una imposición de Washington. Al mismo tiempo, el anterior primer ministro Japonés, Shinzo Abe, reconoció que estuvo a punto de firmar un acuerdo con Moscú para finalizar el conflicto de las Kuriles, sin embargo, ese acuerdo no vio la luz debido a que Washington lo boicoteó como consecuencia del aumento de las tensiones ruso-estadounidenses que tuvieron lugar a partir de 2014.

Para saber más: ¿Cómo afecta a Japón la invasión rusa a Ucrania?

Del mismo modo, tras la llegada a la Casa Azul de Moon Jae-in, en 2017, el presidente surcoreano ha intentado impulsar los lazos bilaterales con Rusia para reforzar su posición como potencia diplomática con el objetivo de acelerar el fin del conflicto intercoreano. Asímismo, en su discurso frente a la Duma rusa en 2018, defendió la necesidad de ampliar la cooperación ruso-surcoreana en una gran variedad de campos como la energía, el turismo, la tecnología, pasando por los lazos económicos y comerciales.

Ambos países, socios clave de Washington en la seguridad regional, no ven a Rusia como una amenaza a sus intereses, ya que para ellos la gran amenaza viene de Pekín. Por esa razón, su política se ha centrado en intentar integrar a Rusia en la región de Asia Oriental, principalmente en el ámbito económico y comercial, al tiempo que intentaban evitar tensiones con Washington en los asuntos de seguridad y defensa.  

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