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China en la carrera espacial

Explorar el espacio es una de las obsesiones de la humanidad desde que tenemos la posibilidad de hacerlo. China se ha unido a esta competición y ha llegado para quedarse.

El ser humano lleva observando las estrellas desde sus inicios. Las hemos dotado de significados, historias y hemos intentado a lo largo de la historia comprenderlas y analizarlas. El desarrollo de la industria aeronáutica en el siglo XX permitió acercarnos a ellas como nunca antes. Además, las dos guerras mundiales favorecieron el desarrollo de la tecnología necesaria para ello. La aparición de los primeros misiles y aviones a reacción establecieron las bases de la exploración espacial que, unido a la situación geopolítica de la Guerra Fría, dio alas al inicio de lo que conocimos como la carrera espacial.

Estados Unidos y la Unión Soviética compitieron por ser los primeros en alcanzar los principales objetivos. Ejemplos como los de Yuri Gagarin, el Sputnik o Armstrong son el legado de una era dorada. Sin embargo, la caída de la URSS y la llegada de la Gran Recesión en el año 2008 fueron los dos principales hechos por los que la inversión en investigación espacial fue bajando gradualmente a nivel global. Tanto la NASA, como la ESA, como la POKCOMOC vieron mermada su actividad. Pese a ello, la recuperación económica a nivel mundial y el estallido de la era digital, han reactivado el interés y el gasto.

El espacio no es solo ciencia, también es geopolítica. Llegar a él es una demostración de capacidades y de poder hacia la comunidad internacional. Por ello, cualquier potencia en ciernes que se precie, siempre buscará sumarse al selecto club de Estados capaces de lograrlo.

En este sentido, hay dos países que recientemente han destacado por sus iniciativas: China e India.  Ambos Estados tienen economías en vías de desarrollo, pero cuyo crecimiento se encuentra entre los más elevados del mundo. Ello unido a su enorme población y territorio, les permite acceder casi ilimitadamente a la mano de obra y los recursos necesarios. En este artículo nos centraremos en los aspectos del proyecto chino y sus repercusiones tanto nacionales como internacionales, viendo a su vez que nivel de repercusión tiene en la política exterior del gigante asiático.

De Pekín al cielo: el proyecto espacial chino

La exploración espacial de China está bajo la dirección de la Administración Nacional Espacial China. Tiene un origen marcadamente militar, ya que inició parte de su actividad con el desarrollo de los misiles balísticos militares. El desarrollo acelerado del país como consecuencia de la política económica aperturista de Deng Xiaoping, favoreció la viabilidad económica del proyecto.

A lo largo de la década de los años 90, los esfuerzos se intensificaron con el objetivo de mandar al primer ciudadano chino al espacio exterior. Esta meta fue culminada en el año 2003, cuando el astronauta Yang Liwei realizó con éxito el vuelo a bordo del Shenzhou 5. China se convertía así en el tercer Estado en conseguir poner en órbita a un ser humano.

Desde ese momento, el furor por continuar cumpliendo hitos en la carrera espacial se disparó. Llegar a la Luna y construir su primera estación espacial internacional, son los dos proyectos más ambiciosos activos. El primero tiene un significado especial, ya que nadie pisa nuestro satélite desde el año 1972 y significaría adelantarse a EE. UU., lo que tendría repercusiones en la imagen internacional de este último y su consideración como superpotencia. El segundo tiene la dificultad técnica de mantener constantemente una infraestructura y su personal, pero permitiría una presencia permanente de China en el espacio.

La construcción de la estación espacial es el proyecto que está más cercano de ser completado. Solo el año pasado se enviaron 191,19 toneladas en naves. En su gran mayoría fueron enviadas para avanzar en el proceso. Las ambiciones en el espacio de Pekín trascienden las motivaciones científicas e integran política exterior, economía y nacionalismo, lo que hace del proyecto una meta de Estado y, por lo tanto, le otorga una prioridad difícil de ver en otros países con planes semejantes.

Representación de la estación espacial china Tiangong. Fuente: Shujian Yang/Wikimedia Commons

Las repercusiones económicas de la iniciativa espacial

Los proyectos espaciales tienen multitud de repercusiones, pero uno de los más positivos para China en estos momentos son las sinergias tecnológicas que el desarrollo de este tipo de iniciativas conlleva. Cada misión tiene sus propias características y por lo tanto requiere de avances nuevos en diferentes ámbitos, pero sobre todo el tecnológico. Las empresas chinas tienen en la exploración espacial un nuevo mercado de desarrollo de tecnologías que pueden posteriormente aplicarse en el uso comercial.

El desarrollo de propulsores de fabricación interna (como el CERES-1 o el Kuaizhou-1A) no se entiende sin el apoyo del Estado a la investigación y al surgimiento de empresas punteras en el sector. Se podría decir que gran parte de la iniciativa espacial pasa por Pekín, pero que no podría realizarse sin las compañías de Shenzhen —el Silicon Valley chino— y del resto del país.

El cohete Long March 5B. Fuente: Wikimedia Commons

Un sector que juega un papel importante y decisorio en la voluntad de la financiación espacial china es el de las comunicaciones. El país asiático es el Estado con mayor población del mundo, lo que ha provocado un aumento de las necesidades en materia de comunicación sin precedentes. Gracias a ello surgieron numerosas empresas de telefonía y muchas de las cuales como Huawei u Oppo, son conocidas hoy en día a nivel mundial. Para aumentar sus capacidades y reducir su dependencia del resto de países, el establecer tu propia red satelital de comunicaciones es casi obligatorio. Por ello, los lanzamientos de satélites han estado destinados en gran medida a aumentar su autonomía en este sentido.

El papel de la carrera espacial china en las relaciones exteriores del país

China ha incorporado su política espacial a las relaciones exteriores a través de la cooperación. Pese a tener un claro carácter nacionalista, desde Pekín se pretende mostrar al mundo una proactividad por la cooperación científica internacional, así como a la colaboración en cualquiera de sus misiones con las de otras agencias espaciales.

Incluso se ha publicado un libro blanco sobre el programa espacial chino para los próximos 5 años desde la oficina del Consejo de Estado chino. En él, se ven reflejados estos valores, así como el compromiso a la monitorización y al uso del espacio únicamente para la investigación y en ningún caso militar

A nivel internacional, la carrera espacial china tiene una traducción geopolítica. No solo es una muestra de poder, sino también una declaración de intenciones sobre el lugar que China pretende ocupar en el futuro. Otros países tienen proyectos similares, pero el avance de estos sigue sin ser suficiente para alcanzar el ritmo de Pekín.

En resumen, la iniciativa espacial china tiene un gran recorrido ya realizado, pero ambiciona llegar mucho más allá de lo ya conseguido. Pretende ser no solo un elemento de posicionamiento geopolítico, sino también una herramienta de poder blando en las relaciones internacionales. Las grandes posibilidades económicas chinas no hacen más que alentar un futuro optimista y sin parones de la industria espacial. La carrera espacial puede ser uno de los arbotantes más sólidos de la construcción del nacionalismo moderno chino, ya que refleja muchos de sus valores como el orgullo, el trabajo y la disciplina.

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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OBH
OBH
6 months ago

Muy buen análisis. Saludos