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Shenzhen: el ‘Silicon Valley’ Chino

Lo que pretendió ser una zona económica especial en China, ha terminado convirtiéndose en una de las ciudades tecnológicas y comerciales más importantes del mundo.

El inicio de la revolución digital ha significado el comienzo de una nueva era de interconexión entre los seres humanos como nunca antes habíamos presenciado. La llegada del internet accesible a la ciudadanía y el continuo desarrollo de la tecnología han permitido reducir las distancias al mínimo absoluto y derribar todas las barreras comunicativas globales. Tal estallido tiene sus orígenes: Silicon Valley en California, EE. UU.

El alto nivel de competitividad, así como la existencia de una economía fuerte con inversores dispuestos a arriesgar capital, convirtieron a esta localización en el lugar perfecto para el surgimiento de nuevas empresas tecnológicas, las cuales terminaron cambiando el mundo y moldeándolo hasta el que en estos momentos conocemos. Pese a ser las características necesarias para la aparición de nuevos centros tecnológicos, hay un lugar en el mundo donde las reglas se rompen y se transforman en las necesidades nacionales de cada momento: China.

El gigante asiático es uno de los países con mayor crecimiento económico del mundo a pesar de que su economía ya no aumente su tamaño a la velocidad a la que lo hacía antaño. Es una prioridad nacional la necesidad de crear nuevas industrias y servicios para una población con un poder adquisitivo cada vez mayor. En este sentido, desarrollar una economía centrada en un mercado interno más desarrollado que se complemente con el alto nivel de exportaciones es un movimiento lógico para Pekín.  

Las telecomunicaciones son un sector vital, no solo por las exigencias de la ciudadanía, sino también por su importancia para la seguridad nacional. Depender de tecnología extranjera es siempre un riesgo y más en un país con una ideología tan marcada como China. La innovación en nuevos sistemas y modelos propios reduce la dependencia del exterior y siguiendo esta lógica, Pekín ha actuado en consecuencia fomentando la creación de su propio centro tecnológico, la ciudad de Shenzhen. Sobre todo, a través de la financiación estatal.

Los orígenes y el desarrollo de Shenzhen

La ciudad, situada en la costa sureste de China, es una de las más antiguas de las que se tienen registros. A partir de mediados del siglo XVI comenzó a convertirse en un importante centro comercial de especias, debido al cultivo de estas a lo largo y ancho de la región.

El momento clave para la transformación del núcleo urbano sucedió en 1979, cuando se declaró al territorio “zona económica especial” (ZEE) bajo la política económica aperturista de Deng Xiaoping.

Lo que era hasta el momento una ciudad relativamente destacada, se convirtió poco a poco en una nueva tierra de oportunidades para los migrantes internos chinos que se desplazaban a las urbes para buscar un futuro mejor aprovechando las ventajas legales y fiscales. Buen ejemplo de hecho es que en poco más de 40 años, Shenzhen ha pasado de tener 30.000 habitantes a 17 millones en 2020.

Foto: Panorámica del centro de Shenzhen Fuente: Pxfuel

Así pues, la enorme cantidad de mano de obra abarató el coste de producción, lo que hizo muy atractivo para las empresas extranjeras establecerse en la ciudad, pero también fomentó el emprendimiento nacional y el surgimiento de empresas nacionales potentes y competitivas.

La economía de la ciudad floreció como pocas, pero no se convirtió en un centro de desarrollo tecnológico hasta principios de los años 2000, con la llegada de la inversión pública en lo que en Occidente solemos denominar “startups”. El propio gobierno de la nación fomentó las líneas de crédito y las exenciones fiscales a las compañías de este tipo.

Gracias a ello y sumado a todas las características agregadas, se creó un ecosistema que constituye a día de hoy uno de los paraísos para la inversión de capital-riesgo a escala mundial. Un ejemplo de empresa surgido en este hub tecnológico ha sido Huawei.  

Shenzhen: la fábrica del mundo

Además de un parque tecnológico gigantesco, la ciudad también destaca por su potente industria de fabricación y ensamblaje de hardware. Según el Foro Económico Mundial (FEM), casi el 90% de los productos electrónicos producidos en el mundo sale de esta ciudad. Este hecho hace que se convierta en un punto central de la producción tanto nacional como internacional y la sitúa como una de las urbes con mayor importancia para la economía mundial.

Hablamos de una ciudad con una economía dinámica y basada en el incremento constante del valor añadido de sus productos, lo que la hace muy resiliente a las transformaciones económicas. A día de hoy, los ciudadanos de Shenzhen son los que tienen el mayor PIB per cápita de todo el país, situándose en aproximadamente 25.000 dólares al año, a niveles similares a los de muchos países de la OCDE.

Los efectos del COVID-19 sobre Shenzhen

La pandemia de la COVID-19 paró por completo la producción internacional. Todos los Estados del mundo vieron como la vertiginosa economía chocó de frente contra la urgencia sanitaria planetaria. Las ciudades se vaciaron y así lo hicieron también la gran mayoría de las fábricas de todo el mundo. La demanda bajó a un ritmo que no tenía precedentes, por lo que la oferta se tenía que ajustar a ello.

Esto afectó a la ciudad de Shenzhen como a pocas. Las ayudas llegadas desde Pekín permitieron la supervivencia del día a día de los ciudadanos, sin embargo, muchos de los proyectos que estaban en marcha tuvieron que ser pospuestos o cancelados debido a la incertidumbre del momento, que incluso hoy en día seguimos viviendo.

La reactivación de la economía para mediados del año 2020 supuso una limitada vuelta a la normalidad, pero esta se ha visto perturbada en varias ocasiones debido a la política de “COVID cero” que sigue el gobierno central y que aplica a la totalidad del territorio. Dentro de esta política, se encuentran medidas muy restrictivas como el confinamiento total de una ciudad o el cierre de toda actividad económica y la suspensión del derecho de reunión, volviendo de facto a los momentos más duros del confinamiento.

Recientemente, la activación de una serie de focos de infección en la ciudad provocó que el 14 de marzo entrarán en vigor estas medidas durante una semana, lo que supuso un duro golpe para la economía china, a la cual la ciudad aporta un cuantioso porcentaje anual.

Estos parones inesperados afectan de manera muy profunda al comercio internacional y sobre todo a las cadenas de suministro, que como hemos visto, son muy dependientes de las exportaciones de Shenzhen. Grandes compañías como Maersk siguen con gran preocupación el cierre inesperado de un día para otro de los puertos chinos, pero sobre todo tienen terror a la desorganización que esto termina suponiendo y los costes que acarrea tanto en tránsito como en destino.

Foto: Carguero de la compañía Maersk Fuente: Vessel Finder

Esta situación no hace más que agravar una crisis de suministros que tiene a la industria internacional bajo grandes dificultades de producción. Encima, a todo ello se le está sumando la alta inflación de las divisas occidentales como consecuencia de la crisis económica derivada de la pandemia y a la invasión de Rusia a Ucrania y su coste sobre los hidrocarburos. La pandemia sigue provocando sus efectos dominó y Shenzhen es en muchas ocasiones la primera pieza.

Con la enfermedad remitiendo en aquellos lugares con grandes índices de vacunación, es esperable que estos casos de confinamientos sean cada vez más reducidos, pero también es inevitable que sigan sucediendo esporádicamente, por lo que Shenzhen no podrá funcionar con total normalidad hasta que se vuelva a una situación pre-pandémica.

¿Es Shenzhen una ciudad sin límites?

Cabe destacar y recordar que China es un país en vías de desarrollo y que, por tanto, está ante un momento de constante cambio y crecimiento. La adaptación a las necesidades de cada momento es la piedra angular de los planes a medio y largo plazo de Pekín.

El país más poblado del mundo tiene ciudades cuyo crecimiento es en ocasiones desmesurado y no da cabida a toda la gente que viene de ciudades menores o del campo en busca de mejores condiciones de vida. Shenzhen hace tiempo que ha alcanzado los 17 millones de habitantes y su capacidad de absorción es cada vez menor tanto a nivel urbanístico como económico.

La urbe seguirá siendo una de las más importantes del país, pero no la única. Existen muchos proyectos de expansión de otras ciudades, así como de fundación de nuevas. Una de las expansiones más señaladas es la de la ciudad tecnológica científica de Chengdu, situada en el suroeste del país.

En conclusión, Shenzhen seguirá creciendo debido a sus privilegiadas posiciones, pero ello no exime de que Pekín busque crear nuevos polos tecnológico-científicos, así como urbanísticos. El crecimiento tiene que ser distribuido y no acumulado para no generar desigualdades, problema que al gobierno de la nación le generaría grandes desequilibrios internos.

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Por Marcos Bosschart Martínez

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación en la UCJC y Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Interesado en la geopolítica del Sahel, Asia-Pacífico y las Relaciones Internacionales Culturales. Colaborador en la revista Disobedient Magazine del Reino Unido.

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