Qué esperar de la política exterior de Yoon Suk-yeol

El desmarque del nuevo gobierno surcoreano frente a Moon en política exterior podría afectar a las relaciones con el Norte, China y EE. UU.

Las recientes elecciones surcoreanas trajeron un nuevo presidente para el país. El candidato conservador Yoon Suk-yeol, del principal partido de la oposición, el Partido del Poder Popular, derrotó a Lee Jae-myung, candidato del gobernante Partido Democrático de Corea. Yoon asumirá la presidencia el 10 de mayo, cuando el actual presidente Moon Jae-in abandone su despacho de la Casa Azul, tras un mandato no renovable de cinco años.

Estas elecciones han sido una de las más reñidas de la historia democrática de Corea del Sur. Yoon obtuvo la victoria con un margen de únicamente 0,8% de votos. La campaña electoral estuvo centrada principalmente en asuntos domésticos como la creciente desigualdad económica y el alto desempleo juvenil.

Sin embargo, la política exterior que vaya a desarrollar el nuevo gobierno será determinante en el desarrollo futuro tanto político como económico, más teniendo en cuenta los crecientes programas nucleares y de misiles de Corea del Norte. Pero también en cuanto a sus relaciones con China, su principal socio comercial, y con Estados Unidos, su principal aliado.

En un artículo publicado en la revista estadounidense Foreign Affairs en febrero de 2022, Yoon arrojó luz sobre cómo querría que fuera la política exterior de su gobierno, desmarcándose casi por completo de la política exterior llevada a cabo por Moon.

Una línea dura frente al Norte

Una primera duda que se plantea es si Yoon seguirá una línea más dura frente a Corea del Norte. Ciertamente, el enfoque de Moon hacia las relaciones con el Norte fue una de sus políticas estrella. Durante sus primeros años de mandato, el optimismo se disparó. Una oleada de encuentros y cumbres históricas tuvieron lugar durante los años 2018 y 2019.

Aunque la alegría duró un suspiro. A partir de 2020, las conversaciones se estancaron completamente. En parte, porque Pyongyang no obtuvo lo que quería en la cumbre de Hanói de 2019.  A pesar de la insistencia de Moon, Corea del Norte hizo estallar la oficina de enlace intercoreana de Kaesong en 2020 y rechazó otra cumbre con el presidente surcoreano.

Mala suerte o no, el legado que deja Moon tras sus titánicos esfuerzos para mejorar las relaciones con el Norte es, como poco, confuso. A pesar de los icónicos momentos, las conversaciones con Pyongyang se encuentran en un punto muerto y son muy pocos los beneficios o las victorias que puede mostrar a sus ciudadanos.

Ante esto, para Yoon, tratar con Corea del Norte es una tarea importante, pero no debería absorber toda la diplomacia de Seúl. “El diálogo con el Norte fue una vez un medio específico para un fin específico: la desnuclearización completa de Corea del Norte. Sin embargo, bajo el presidente Moon Jae-in, el diálogo con el Norte se ha convertido en un fin en sí mismo”, señaló en el artículo el nuevo presidente surcoreano.  

Para la nueva administración, el diálogo y los proyectos de cooperación estarán supeditados al compromiso de Pyongyang para desnuclearizarse. Por el momento, Corea del Norte ha vuelto a las andadas: el 24 de marzo volvió a realizar una prueba de un misil balístico intercontinental (ICBM). Este sería el tercer ensayo de armas que realiza.  

Unos lazos más fuertes con Estados Unidos

Otro de los efectos esperables es el relanzamiento de las relaciones con Estados Unidos. Yoon aboga por abandonar la ambigüedad estratégica frente a China que ha caracterizado a las últimas administraciones de Moon y de la conservadora Park Geun-hye.

Con la creciente competición entre China y Estados Unidos, la elección que debe tomar Seúl según Yoon es clara: debe ser Washington. Para el nuevo presidente, Estados Unidos debe ser la absoluta prioridad y el eje central de la política exterior de Seúl.

También ha señalado la necesidad de normalizar relaciones con Japón, el otro gran aliado regional estadounidense. Tras unos años tensos debido a cuestiones no resueltas de la Segunda Guerra Mundial, Yoon busca reactivar los intercambios con Tokio.

Yoon ya ha señalado su intención de ampliar el sistema antimisiles THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), proporcionado por Estados Unidos. Su instalación en 2016 generó una crisis diplomática con Beijing, que lanzó una campaña informal para boicotear los productos y el entretenimiento (K-pop y K-drama) surcoreanos, además del turismo.

Para el analista Khang Vu, según señala en un artículo para The Interpreter, el despliegue adicional de baterías de defensa podría dañar las relaciones de Corea del Sur con China cuando Seúl necesite su ayuda para reactivar el diálogo intercoreano y mantener la estabilidad regional.

Según Yoon, la cooperación entre Seúl y Beijing debe basarse en el principio de que las diferencias en materia de seguridad no deben interferir en las cuestiones económicas, sin embargo, el equilibrio es extremadamente complicado. La línea entre cruzar las líneas rojas o no de Beijing para con su seguridad son muy finas y cualquier paso en falso podría dinamitar las relaciones con China.

Esto es especialmente relevante al observar que el gigante asiático es su principal socio comercial y la alta interdependencia económica existente. Sólo en 2019, Corea exportó bienes por valor de más de 136 mil millones de dólares a China, constituyendo una cuarta parte de sus exportaciones totales.

Un orden liberal y democrático

La llegada a la presidencia de Yoon también ha abierto las puertas a una eventual participación de Corea del Sur en el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral —más conocido como Quad— junto con Estados Unidos, Japón y la India. Asimismo, está predispuesto a tomar un papel más activo para la cooperación con Washington y Tokio para promover un orden libre, abierto e inclusivo en el Indo-Pacífico. También se ha hablado de una posible participación de Seúl en los Cinco Ojos (Five Eyes), una alianza de inteligencia integrada por Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos.

En definitiva, Yoon ha dejado muy claro que buscará aumentar la cooperación con las democracias, especialmente con Estados Unidos, y resistirá las autocracias y la formación de un orden “antiliberal”, encabezado por China. No obstante, los riesgos, sobre todo con Beijing, están ahí. Cuando vengan mal dadas, veremos si se pondrán los valores por encima de los beneficios económicos.

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Por Bienvenido Chen Weng

Interesado en la política en Asia Oriental y el Sudeste Asiático. Asimismo, sigo con especial interés la evolución de la creciente competición sino-estadounidense y la política de la Unión Europea hacia China.

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