Categorías
Artículos Asia Oriental Conflicto intercoreano Corea del Sur Diplomacia Economía Política

El legado de Moon Jae-in en Corea del Sur

El presidente surcoreano ha tenido un mandato caracterizado por una política de acercamiento hacia el Norte y una política económica de enfoque neo-keynesiano.

El 9 de marzo de 2022 han tenido lugar las elecciones presidenciales surcoreanas, en las que el presidente actual Moon Jae-in no ha podido concurrir como consecuencia de la limitación del mandato presidencial a 5 años impuesto por la Constitución de 1988. En este contexto, es relevante analizar los aspectos más destacados de la presidencia de Moon para comprender los principales retos y desafíos a los que se va a tener que enfrentar el próximo presidente surcoreano, el conservador Yoon Suk-yeol.

La Corea del Sur que heredó Moon Jae-in

La llegada de Moon Jae-in supuso una ilusión para un pueblo surcoreano hastiado de los casos de corrupción del entonces gobierno del Partido de la Libertad como resultado del proceso de impeachment de su antecesora, Park Geun-hye.

En las elecciones de 2017, la economía surcoreana ya empezó a mostrar síntomas del fin de su milagro económico. Se trataba de una economía que, a pesar de crecer, sus niveles cayeron significativamente de casi el 7% en el año 2010 al 3% en 2012 y al 3,16 en 2017, año en que Moon Jae-in llegó al poder.

Al mismo tiempo, desde 2013, el país ha registrado una tendencia al alza del desempleo. En ocho años ha aumentado un punto porcentual, alcanzando niveles que no se veían desde la crisis financiera asiática de 1997. Además de todo esto, Corea del Sur tiene una de las jornada laborales más largas, que podían alcanzar las 62 horas semanales.

El desarrollo económico ha ido acompañado igualmente por una elevada brecha entre el peso económico de las PYMES y de los grandes conglomerados empresariales — los Cheabols—, que representan el 84% del producto interno bruto (PIB) del país, mientras que solo representa alrededor del 10% de los empleos. Este hecho ha implicado un incremento en los niveles de desigualdad.

En política exterior, las relaciones Washington-Seúl alcanzaron su pico con el alineamiento de Seúl con la política de línea dura junto con una estrategia de contención iniciada por el presidente Lee Myung-bak y continuada por Park Ghun-hye. No obstante, las relaciones intercoreanas fueron bastante tensas debido al aceleramiento del programa nuclear del régimen de Pyongyang, que incluso llegó a llamar  a la presidenta “zorra” y “prostituta” tras la reunión que mantuvo con su homólogo americano, Barack Obama, donde Seúl y Washington aprobaron sanciones contra Pyongyang.

Política interna: un enfoque neo-keynesiano para solventar los problemas sociales creados por el modelo neoliberal

La llegada al poder de Moon Jae-in estuvo ciertamente relacionada con los problemas derivados del agotamiento del modelo económico surcoreano, así como con los problemas de corrupción de altos funcionarios del gobierno y grandes empresarios, entre ellos su antecesora, la presidenta Park Geun-hye, condenada a 24 años de cárcel por un caso de tráfico de influencias, o como sucedió con el heredero de Samsung, Lee Jae-yon por soborno y tráfico de favores con el gobierno de la presidenta Park.

Su perfil pacifista y su formación como abogado, identificado con las causas de la democracia, los Derechos Humanos y la justicia social han definido su perfil político, así como sus medidas económicas y políticas que ha aplicado durante su mandato.

Su llegada al poder se basó en el impulso del Plan “Una Nación del Pueblo, una República Justa de Corea”. Este plan perseguía esencialmente dos objetivos económicos importantes. El primero se centraba en transformar la administración de los asuntos del Estado para impulsar la participación ciudadana en los asuntos políticos.

El segundo buscaba una gobernanza colaborativa y una política de unidad, al servicio de todas las personas que engloba a toda la sociedad sin discriminación de clase social, con objeto de orientar un programa político para el pueblo. Este objetivo estuvo acompañado por el concepto “Una República de Corea Justa” basada en erradicar los privilegios de las élites para garantizar oportunidades justas para toda la población. En otras palabras, intentó dar mayores niveles de transparencia a la política.

Su programa económico se centró en una política económica orientada a las personas, cuyo objetivo se enmarcó en equilibrar el crecimiento económico con una distribución de renta más justa entre los ciudadanos. Con este programa buscaba la mejora de los estándares de vida, así como la creación de empleo. Para ello, utilizó una política económica fiscal expansiva, la conocida como “j-nomics”.

J-nomics
Impulsores económicosEquilibrar el crecimientoCreación de EmpleoDistribución de renta justa
Políticas PrincipalesCrecimiento impulsado vía  ingresosExpansión del empleo en el Sector PúblicoIncremento del salario mínimo
Fomento de las PYMESReducción Jornada LaboralInversión en el Estado del bienestar
Fomento de las industrias del futuroFomento del salario mínimo interprofesional junto con las industrias del futuro 
 Formación del Comité para la creación empleo 

A pesar que muchos de los objetivos económicos que se marcó Moon se han realizado, tales como la reducción de la elevada jornada laboral a 52 horas, su resultado final no ha sido del todo positivo. La mayoría de estas medidas no han dado los resultados esperados, y han sido incapaces de solucionar la mayoría de los problemas sociales del país. Un ejemplo de ello se ve en la evolución de la popularidad de Moon Jae-In entre los electores surcoreanos que se han visto muy descontentos con la gestión de su administración en el marco del nuevo enfoque más social como el modelo más eficiente para resolver todos estos problemas.

Estas medidas más entroncadas con el modelo keynesiano se han mostrado ineficaces, ya que las tasas de desempleo, principalmente de los jóvenes, aún son altas (el 10% de la población activa total), la natalidad continúa cayendo con niveles inferiores a países europeos y la pobreza se encuentra aún muy presente en la sociedad, principalmente en el segmento poblacional compuesto por los mayores de 66 años y con una tendencia al alza en los jóvenes.

Además del problema de la vivienda, el crecimiento se ha estancado desde su llegada a la Casa Azul (sede del gobierno surcoreano), y también los ingresos de las familias de bajo nivel adquisitivo. Este hecho se ha debido a que, aunque los salarios han aumentado, varias empresas han despedido a más trabajadores por no poder asumir el nuevo coste laboral impulsado por las reformas del presidente.

Esto explica que a lo largo de sus cinco años el desempleo ha aumentado y el crecimiento del PIB per cápita, a nivel porcentual, ha caído anualmente desde que Moon llegó a la Casa Azul. Estas, igualmente, tampoco no han elevado la competitividad de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES) y la economía surcoreana se sigue sustentando en las exportaciones que abarcan el 36% del total sobre el Producto Interior Bruto. Demostrando que las reformas propuestas por la administración de Moon para reformar los Cheabols no es posible, ya que las PYMES, a pesar de constituir la mayor parte del tejido productivo del país, no tienen capacidad de tirar de la economía debido a su falta de competitividad.

Al mismo tiempo, los jóvenes surcoreanos le han estado retirando su apoyo debido a que no ven solución a sus grandes problemas, basados en elevados niveles de endeudamiento privado, la imposibilidad de pagar los alquileres como consecuencia de bajos salarios, así como trabajos precarios a los que no ven futuro alguno, muestra la desconfianza de la juventud a poder mejorar sus niveles de vida. Una situación que ha sido denunciada a partir de la emisión de series televisivas como “El Juego del Calamar”, en la que muchos millennials surcoreanos se ven reflejados, o de producciones cinematográficas, como la película “Parásitos”, del director Bong Joon-ho, que refleja la brecha de desigualdad entre lo que en Corea se conoce como la “metáfora de las cucharas”.

Al mismo tiempo, en julio de 2020, la administración de Moon presentó la versión coreana del ‘New Deal’ basada en un intento de estimular la economía coreana a través de reformas medioambientales y tecnológicas después de la crisis de la covid-19, dónde pretende a partir de un programa de estímulos económicos mejorar el crecimiento económico, la reducción de la desigualdad y la mejora de la seguridad social. No obstante, el programa es visto con escepticismo ya que, una característica fundamental de la política económica de Moon se ha basado en la política económica  y ésta no ha dado los resultados esperados.

Todo ello le valió una caída en sus niveles de popularidad que, en 2020, en parte como resultado de su gestión de la COVID-19, alcanzaron el 71%, pero que en febrero de 2022, cayó al 47% a causa de la incapacidad del gobierno de solventar los problemas inflacionarios y de la vivienda, principalmente. Un hecho que demuestra como la ilusión que despertó al inicio se ha evaporado y actualmente la mayor parte de la población que le aupó a la presidencia se siente descontenta con él.

Política exterior: una política con luces y sombras

A nivel externo, sus políticas se han orientado hacia la recuperación de elementos de la “política del Sol” impulsada por el expresidente Kim Dae-jung, y continuada por su sucesor Roh Moo-hyun, con el despliegue de su propia política hacia Pyongyang, conocida como la Política de la Luna, dónde se ha buscado la firma de un tratado de Paz. Una postura pacifista que le valió muchas críticas por parte de sus opositores, quienes le acusaron de sumisión a los intereses de Pyongyang, así como críticas hacia la alianza entre Seúl y Washington, como consecuencia de su oposición a la instalación del sistema de misiles antiaéreo THAAD y al despliegue armamentístico americano en suelo surcoreano, que tradicionalmente han apoyado los defensores de un enfoque político de línea dura frente a Pyongyang[MB3] .

Al principio de su mandato, la política que Moon Jae-in desplegó hacia Corea del Norte se sintetizó en: “una política integral a largo plazo dirigida por Corea para lograr la «paz» y la «prosperidad» en la península de Corea, así como en el noreste de Asia, junto con Corea del Norte, los vecinos regionales y la sociedad internacional”.

Aunque inicialmente dicha política tuvo avances significativos como la participación conjunta de las dos Coreas en los JJOO de invierno de Pyeongchang, la cumbre de Pyongyang, la declaración de Panmunjong, o la posición de Seúl de retirar su apoyo a los activistas norcoreanos afincados en el sur quienes luchaban contra el régimen de Pyongyang mediante la aprobación de un ley por la cual la emisión de panfletos y material informático prohibido en Corea del Norte que castigaba con penas de 3 años de prisión o multas de 30 millones de wones, las relaciones se han deteriorado recientemente.

En 2020, el régimen de Pyongyang explotó la oficina de enlace conjunta con Corea del Sur y retomó la aceleración del programa nuclear. Al mismo tiempo, Corea del Sur ha reforzado su alianza con EE. UU. tras la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca y ha incrementado la dotación presupuestaria del ministerio de defensa, con un incremento del 4,5% para 2022, junto con el desarrollo de nuevos proyectiles y armamento defensivo como puso de manifestó el desarrollo de  nuevos misiles «con un poder destructivo significativamente mayor»,  mediante el despliegue de nuevos equipos interceptores contra las amenazas de artillería de largo alcance así como la actualización del sistema Patriot.

Además, Washington ha mostrado su predisposición para integrar a Seúl a la alianza de los cinco ojos. Todos estos eventos reflejan que la mejora de las relaciones bilaterales Seúl– Pyongyang, que tuvieron lugar al inicio del mandato de Moon, han devenido en un espejismo, al tiempo que han reactivado los lazos entre Seúl y Washington, que quedaron dañados durante el mandato de Trump causados por la exigencia de este a Seúl de incrementar la contribución económica debida a los costes del mantenimiento del despliegue de las tropas americanas en territorio surcoreano.

Las relaciones bilaterales con otra gran potencia asiática, Japón, han sufrido un deterioro significativo como resultado del fallo de la Corte Suprema Surcoreana a favor de permitir a los ciudadanos la demanda a empresas japonesas por los daños sufridos en tiempos de guerra que derivó en el inicio de una guerra comercial que ha dañado significativamente la economía surcoreana como resultado de su interdependencia con la japonesa. Al mismo tiempo, las críticas de Seúl a Tokio han ido en aumento, principalmente, durante la celebración de los Juegos Olímpicos, solicitando  la prohibición del uso de la Bandera Imperial Japonesa debido a su connotación imperialista, a la que ha comparado con la esvástica nazi.

A pesar del deterioro en las relaciones bilaterales con Japón, las relaciones con China han experimentado una mejora mediante del apoyo de la República de Corea al progreso del «Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional» así como celebrar la construcción del Área de Libre Comercio República de Corea-China-Japón y el apoyo de Seúl frente a las políticas que amenazan la paz, tales como el unilateralismo o las políticas de poder.

Al mismo tiempo, tras la invitación al presidente chino Xi Jinping  de visitar Seúl, Moon Jae-in manifestó el compromiso de la República de Corea de mantener una neutralidad en la escalada de tensión entre Washington y Pekín, al tiempo que etiquetó a Pekín como “un socio igualmente importante” que el que representa Washington, así como su rol imprescindible para la paz en la península de Corea.

Las relaciones con la Federación Rusa igualmente han mejorado con la  participación de la República de Corea y del propio presidente ruso, Vladimir Putin, en sus reuniones bilaterales, tanto en el Kremlin como en el Foro Económico de Vladivostok, basados en profundizar sus relaciones en todos los ámbitos, económicas, comerciales, tecnológicas, energéticas, turística, etc., así como el impulso de la participación de Moscú en el marco de las negociaciones y del proceso de paz y desnuclearización de la península como quedó plasmado en su reunión en Moscú con Putin, como quedó manifestado en su discurso frente a la Duma rusa en 2018.

Sin embargo, a pesar de la sintonía entre ambos, las relaciones bilaterales se han enturbiado a final de mandato a raíz del conflicto de Ucrania, donde Seúl ha apoyado las sanciones occidentales contra la Federación Rusa, lo que ha llevado a Moscú a etiquetar a Corea del Sur como un estado hostil.

En lo que respeta a la política exterior regional orientada hacia la India y la ASEAN, Moon Jae-in ha conseguido dar más liderazgo a la República de Corea para impulsar su desarrollo económico con la mayoría de los países regionales, quienes aún se encuentran en vías de desarrollo. En este contexto, cabe destacar la creación de la Cumbre de Busan, basada en una asociación estratégica para combatir los desafíos mundiales, tales como el proteccionismo, crímenes transnacionales o la cuarta revolución industrial, así como la Cumbre Corea del Sur y los cinco países del Mekong (Camboya, Laos, Myanmar, Vietnam y Tailandia) dada la importancia estratégica y dinamismo que dicho mercado representa para Seúl.

Por otro lado, se ha puesto en marcha de la Nueva Política del Sur, destinada a mejorar las relaciones estratégicas de Seúl con la ASEAN al nivel de aquellas con las cuatro potencias regionales principales: Estados Unidos, China, Japón y Rusia.

Para ello, Corea del Sur ha intentado proyectar su poder blando. No obstante, a pesar de la mejora de las relaciones con los países de la ASEAN, de la Cuenca del Mekong o incluso con la India no han dado los resultados esperados, puesto que Seúl sigue dependiendo enormemente del comercio con China, y los países de la ASEAN tampoco han querido renunciar a sus vínculos históricos con Japón o China, cuyos lazos tienen una mayor historia y un mayor desarrollo.

No todo es culpa de Moon Jae-in

A pesar de los fallos y los errores que Moon Jae-in ha cometido a lo largo de su mandato, sería ciertamente injusto culparle de todos los problemas que el país atraviesa actualmente, ya que la tendencia de agotamiento del milagro del río Han tiene sus orígenes en el año 2010 y no en 2017.

Moon se ha enfrentado al desafío económico a partir de un cambio de política económica fundamentada en los estándares del neo-keynesianismo donde se esperaba que una mayor intervención del Estado pudiese aminorar y solventar los problemas económicos internos del país. A pesar de su voluntad, no se puede decir que su política económica haya sido eficiente, puesto que, tras cinco años, el país sigue teniendo los mismos problemas que atravesaba al inicio de su mandato, tales como la desigualdad social, los niveles de desempleo o la falta de competitividad de las PYMES frente a los grandes Cheabols.

En esta tesitura, hay que preguntarse si Corea del Sur, al igual que Japón, ha entrado en una década pérdida. En el caso de Japón se han venido aplicando políticas económicas de todo tipo, desde el reformismo liberal de Koizumi al Abenomics de Shinzo Abe de vertiente más keynesiana con el impulso de estímulos económicos como eje de crecimiento, sin poder volver a la senda de crecimiento económico robusto y continuado que el país experimentó tras la Segunda Guerra Mundial.  

Seúl, actualmente, ha empezado a aplicar recetas económicas de diferentes enfoques ideológicos, desde el liberalismo hasta el keynesianismo y, al igual que en Japón, ninguna de ellas han podido dar respuesta a los problemas que la economía surcoreana está atravesando desde hace una década.

En materia de política exterior, esta ha sido contradictoria, ya que no ha sido capaz de obtener los objetivos marcados al inicio de su mandato con Corea del Norte, cuyas relaciones a final del mandato se han erosionado significativamente al igual que las relaciones bilaterales con Japón. Si bien, las relaciones con China y Rusia han mejorado junto con los países de la ASEAN y los EE. UU.

Además, se han sentado las bases para el impulso de la cooperación a partir de la creación de instituciones y foros económicos y políticos para dar más liderazgo a la República de Corea con sus socios de la ASEAN.

Con todo, se ha tratado de un mandato con luces y sombras. La sociedad presenta los mismos problemas que tenía antes de la llegada de Moon que además están amenazando en convertirse en estructurales. Este contexto va a demandar al nuevo presidente y a su gobierno abordar rápidamente dichos problemas, ya que su prolongación en el tiempo y la falta de soluciones a las demandas, principalmente de los sectores más desfavorecidos quienes pueden representar, a largo plazo, una amenaza seria para el crecimiento y la estabilidad del país. Las grandes tareas deben centrarse en reducir la brecha de la desigualdad, impulsar la mejora de las oportunidades para los jóvenes para convencerles de la posibilidad de un futuro esperanzador, así como impulsar la competitividad de las PYMES y reducir el elevado nivel de endeudamiento interna para impulsar la demanda interna y aminorar la dependencia de las exportaciones.

A nivel externo, los desafíos más apremiantes deben centrarse en mejorar los lazos económicos con Japón, quien con la llegada de Kishida probablemente abren cierta esperanza, ya que, como canciller japonés durante el mandato de Abe, fue uno de los principales impulsores en la mejora de las relaciones entre Seúl y Tokio. Igualmente, a pesar de que hasta ahora la Nueva Política del Sur no ha obtenido los resultados esperados, se deben impulsar los lazos con los países de la ASEAN para aminorar su dependencia tradicional del mercado chino y japonés.

Aun así, la política exterior no debería considerarse una prioridad, debido a que los problemas principales tienen lugar internamente. Por esa razón, va a ser necesario el desarrollo de planes y de políticas económicas que puedan solucionar las demandas y las frustraciones de las llamadas “cucharas de la tierra”.

Compártelo:

Deja un comentario

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments