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La dictadura de los ‘chaebols’ en Corea del Sur

Los grandes conglomerados surcoreanos lo dominan todo, desde la economía hasta la sociedad. Si bien han contribuido al desarrollo del país, su papel cada vez está más discutido.

Los grandes conglomerados empresariales, generalmente controlados por familias, dominan completamente la economía surcoreana. Los chaebols, que en su traducción del coreano está formado por la combinación de las palabras “riqueza” (jae) y “clan” (beol), acumulan el 90% de todo el Producto Interior Bruto (PIB) del país. Sólo los cinco principales (Samsung, Hyundai, LG, Lotte y SK) representan aproximadamente la mitad de la economía del país.

La influencia de estas empresas transciende la economía y tiene un fuerte impacto en la conformación social y política. Si bien, en un principio, jugaron un papel especialmente importante en el meteórico crecimiento económico del país en lo que es conocido como el “milagro del río Han”, hoy su papel está en duda y cada vez es más discutido por una sociedad que percibe una mayor desigualdad y dificultad para la movilidad social.

De dónde vienen los chaebols

La mayoría de los chaebols surgieron durante la ocupación japonesa de Corea (1910-1945) a imagen y semejanza de los grandes conglomerados industriales y financieros japoneses, que se conocían como los zaibatsus.

Precisamente, la mayor de todas las chaebols, Samsung, nació en 1938 en Daegu. Con 40 empleados,  comenzó como una pequeña empresa de exportación de alimentos como fruta, pescado seco o fideos, sobre todo hacia China. Poco a poco, la empresa fue expandiendo y diversificando su negocio. Primero con una refinería de azúcar y la mayor fábrica de lana del país, luego entraría en el negocio de los seguros, valores y, finalmente, en el ámbito de la electrónica, su mayor éxito.

Tras la paralización por completo de la economía con el estallido de la Guerra de Corea (1950-1953), la llegada masiva de ayuda económica por parte de Estados Unidos al Sur sirvió para que Seúl concediera cientos de millones de dólares en forma de préstamos especiales a los chaebols con el objetivo de reconstruir la economía y las infraestructuras del país.

El desarrollo del sistema chaebol se aceleró durante la dictadura de Park Chung-hee (1961-1979), durante la cual se concedió un trato preferencial a varias empresas para promover el crecimiento de la economía.

Según señalan los economistas David Murillo y Yun-dal Sung, el nuevo gobierno coreano creó una competición para la selección de grandes empresas y adjudicación de proyectos exclusivos, especialmente en el sector militar y la construcción. Asimismo, canalizó fondos hacia ellos a través de una amplia gama de medidas como reducciones de impuestos.

En los años 70, los chaebols se expandieron hacia el extranjero y los presidentes y fundadores se convirtieron en auténticas celebridades y héroes en un país que por aquel entonces aún se encontraba en vías de desarrollo. Corea del Sur se había convertido en uno de los cuatro “tigres asiáticos”, junto con Taiwán, Hong Kong y Singapur. La estrategia de Park, señala Cho Mu-hyun, consiguió un amplio apoyo de la gente. Muchos miraban con orgullo la creciente riqueza de Corea del Sur y trabajar para los chaebols significaba contribuir a la causa nacional.

Entonces llegó la crisis del 97

La transición hacia la democracia a finales de los años 80 puso límites a la estrecha relación entre el gobierno y los chaebols. Sin embargo, fue la crisis financiera asiática de 1997 la que puso a prueba el modelo económico surcoreano e inició un mayor escrutinio hacia los grandes conglomerados.

Con el won (la moneda coreana) por los suelos y con 3.500 empresas declarándose en quiebra cada mes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acordó con el gobierno surcoreano un fondo de rescate de 50.000 millones de dólares estadounidenses. Como condición, Seúl tenía que aplicar ciertas reformas estructurales para debilitar el sistema chaebol, incluyendo medidas de transparencia corporativa y recortes a los subsidios gubernamentales.

Los críticos aparecieron por doquier. Si bien muchos consideran que el éxito económico del país se ha debido en gran parte al desarrollo de los chaebols, otros tantos estiman que los grandes conglomerados han fomentado una cultura de corrupción, sobornos, malversación de fondos y evasión de impuestos.

En los últimos años, la imagen pública de los chaebols ha ido empeorando bajo acusaciones de fraude, corrupción, prácticas oligopolistas y otras actuaciones consideradas perjudiciales para la libre competencia. 

Muchos altos ejecutivos han sido declarados culpables de corrupción, incluyendo ejecutivos de empresas como Samsung, Hyundai, Lotte o SK. Sin embargo, rara vez han acabado en la cárcel, sino que a cambio pagan fuertes multas o reciben indultos presidenciales.

El descontento público alcanzó un nuevo cénit durante los años 2016 y 2017. La entonces presidenta, Park Geun-hye, a su vez hija del propio Park Chung-hee, fue destituida por el estallido de un escándalo masivo de tráfico de influencias. En abril de 2018, fue condenada a 24 años de prisión y multada con casi 17 millones de dólares por pedir sobornos. Un mes antes, su predecesor, Lee Myung-bak, también fue arrestado por corrupción.

Una mayor percepción de la desigualdad

En los últimos años la percepción de la desigualdad social se ha disparado en el país. Tanto es así que los surcoreanos han creado incluso una teoría para explicarlo, la “teoría de las cucharas”, en la cual se clasifican a las personas según su posición socioeconómica: las cucharas de oro (ricos) y las cucharas sucias (pobres), entre otras. Así lo han reflejado en la cultura popular, por ejemplo, la exitosa serie “El Juego del Calamar” o la oscarizada película “Parásitos”.

La concentración de los chaebols en la economía surcoreana ha hecho que sea extremadamente complicado para que las PYMES (pequeñas y medianas empresas) puedan prosperar y competir con unos grandes conglomerados que son infinitamente más grandes.

Los mejores empleos los ofrecen los chaebols, aunque acceder a ellos no es una tarea sencilla. Para entrar, los aspirantes tienen que realizar unos complicados exámenes que pasan sólo unos pocos.

Así, según una encuesta publicada por Statistics Korea el 17 de noviembre de 2021, 6 de cada 10 adultos consideran que existen pocas posibilidades de mejorar su estatus socioeconómico. En la misma encuesta, solo el 14,9% de las personas que se clasificaban en el grupo de bajos ingresos consideraron que en su generación era posible escalar socialmente.

La situación entre los jóvenes es incluso peor. Según una encuesta realizada en enero de 2022 por el diario surcoreano The Hankyoreh, 8 de cada 10 jóvenes surcoreanos sienten que su generación no tiene oportunidades laborales justas.  Muchos jóvenes se describen como la “generación de los 880.000 wones”, es decir aquellos que tienen la capacidad para sobrevivir con 655 euros. 

Acabar con el sistema chaebol

Cuando el anterior presidente, Moon Jae-in, asumió el poder, prometió romper el nexo entre el gobierno y los grandes conglomerados, además de tomar medidas enérgicas contra la corrupción como poner fin a la práctica de indultar a los ejecutivos condenados. También ha tomado medidas para frenar el avance de la desigualdad con un ligero aumento del salario mínimo. Sin embargo, sus reformas se vieron socavadas por la falta de mayoría de su partido en el parlamento.

Acabar con el sistema chaebol no es una tarea simple. Para Sangin Park, profesor de economía en la Universidad Nacional de Seúl, la concentración del poder económico de los grandes conglomerados puede ser una amenaza para la democracia y la economía de mercado. Dado que los chaebols controlan una parte importante de los recursos económicos de un país, Park señala que es probable que los jueces preocupados por su carrera tomen decisiones judiciales que podrían beneficiar los intereses privados de estas familias.

Algunos economistas han sugerido el endurecimiento de medidas políticas como leyes antimonopolio más estrictas, la prohibición de toda participación accionaria cruzada entre subsidiarias y una mayor voz para los accionistas minoritarios para acabar con el dominio de los chaebol.

El sistema de los grandes conglomerados no se cambiará de la noche a la mañana, pero su reforma será fundamental para recuperar el milagro del río Han y que los problemas estructurales no se perpetúen en la economía y en la sociedad surcoreana.

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Por Bienvenido Chen Weng

Interesado en la política en Asia Oriental y el Sudeste Asiático. Asimismo, sigo con especial interés la evolución de la creciente competición sino-estadounidense y la política de la Unión Europea hacia China.

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